La Constitución al alcance de todos con un toque de humor
Hace pocos días se lanzó al mercado un libro singular. Esa singularidad se debe, en primer término, al tema abordado: la Constitución de la República; en segundo lugar, porque su autor el jurista, senador y docente universitario José Korzeniak se propuso escribir un libro de Derecho no destinado a especialistas sino al gran público; y finalmente, porque descubrimos en Korzeniak a un fino humorista capaz de trasmitir al lector sus vivencias, sus recuerdos y una sutil capacidad para lograr la sonrisa.
Es que «La Constitución explicada y un poco de humor» (editado por Planeta) resulta un libro de lectura amenísima (contra lo que podría suponerse a priori por lo árido del tema) que acerca al lector medio a ese universo arcano, reservado a unos pocos iniciados, que Korzeniak se encarga de desacralizar en aras de una cabal comprensión de ciertos conceptos jurídicos contenidos en la Carta Magna.
¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?
Tiene muchas vertientes. La mayoría está confesada en el propio libro. Hay una que está semi confesada, que es mi deseo de incursionar en la literatura escrita. Siempre me gustó contar cuentos en ruedas de amigos, pero siempre sentí el desafío de ver qué pasa si los escribo.
Pero mi propósito es también luchar contra ese estilo tan árido de los juristas; por otra parte, como todo el mundo habla de la Constitución en el Uruguay, hasta para un dolor de cabeza, entonces me dije «vamos a publicar el texto completo, explicado sencillamente para la gente que no es abogada». Y con el objetivo, ahí en esa parte, de que la gente no crea lo que le dicen de la Constitución; que cuando la mencionan, pueda ver el texto y la pequeña explicación sencilla.
Es un fin didáctico.
Sí, pero de divulgación popular. Y después está el otro propósito, digamos literario, que es el de los 21 cuentitos y que trato de vincularlo a la propia Constitución; a veces, claramente, como por ejemplo «El hábeas corpus», que viene a continuación del artículo y de su explicación. En otros casos es un poco forzado, pero siempre tiene algo que ver con la Constitución. El próximo libro será definitivamente literario. Bueno, en realidad, ese libro ya está escrito y es humor puro; esa es mi percepción aunque si va a hacer reír a la gente, no lo sé.
Es narrativa, entonces; ¿cuentos o novela?
Es una «nouvelle» o una «noveletta» como dicen los tanos, un cuento largo o una novela corta. Y ahí no hay nada de derecho. Probablemente, cuando hice estos cuentitos que figuran en el libro sobre la Constitución, no era consciente de que en realidad quería salir de ese encierro de lo jurídico.
¿Cuáles son las fuentes de inspiración para el humor?
En cuestiones humorísticas uno se nutre también de algunos elementos pedagógicos. El Derecho es muy monótono para mucha gente, incluso para los estudiantes.
Yo escribí hace ya un tiempo un texto que resulta muy útil para los estudiantes porque están contemplados todos los temas del programa. Y un muchacho me dijo un día que efectivamente el libro le había servido enormemente para el examen, pero al final me confesó: «muy útil, sí, pero ¡qué plomo!».
Es lógico que así sea, porque todas las disciplinas exigen determinado nivel de rigor científico, ¿verdad?
Es cierto. Claro que nosotros en la enseñanza del derecho mantenemos un gran clasicismo; seguimos enseñando al estilo francés. Sin embargo, hay pedagogos del Derecho, buenos pedagogos, modernos, que escriben en revistas especializadas que no llegan acá (la Facultad de Derecho hace años que no compra revistas extranjeras) cuyos trabajos conocí cuando estuve en México. Ellos introducen elementos de humor en la didáctica de las ciencias jurídicas. Pero yo confieso que no fue esa mi intención: los cuentos (que yo llamo «casi cuentos») resultaron ser mi iniciación a la actividad literaria. Estos «casi cuentos» son de extensión variable: van desde algunos (los primeros) muy cortitos, hasta los últimos ya más largos. Y las explicaciones de cada artículo van a la inversa: al comienzo son bastante extensas y poco a poco se van reduciendo en la medida que yo supongo que el lector ya habrá advertido cómo se interpreta el texto de un artículo constitucional y sólo necesita una explicación muy somera.
¿Cómo se podrían catalogar esos «casi cuentos»?
Hay algunos que tienen una veta trágica al final, inesperada; tal vez por influencia de Quiroga, que a mí me impresiona mucho, pero ese final trágico nunca es deliberado. Yo pensaba que todos esos cuentos eran para sonreír un poco, sin embargo, algunas cosas que tendrán que ver con mi propia vida y que uno a veces ni sabe terminan colándose en el relato para darle un cierto cariz trágico de forma totalmente inconsciente. Otras veces el matiz no es trágico sino nostalgioso, cosa natural en un veterano como yo que recuerda cosas de su niñez.
Volviendo a los temas jurídicos o constitucionales, creo que el libro puede ser de gran utilidad para los legos, para los periodistas, incluso para los políticos…
Cuando hice ese texto para uso de los estudiantes de Derecho y Notariado, que resultó muy útil para preparar el examen no porque el libro sea bueno o malo sino porque allí están todos los temas del programa me di por cumplido.
¿Cómo? ¿Piensa abandonar la docencia?
No, yo sigo dando clases porque a mí eso me descansa, me gusta. Pero me di por cumplido en el sentido de escribir textos de estudio o de análisis jurídico.
Me decía hace un rato que el nuevo libro, la «nouvelle», ya está escrito.
Sí, ahora me queda la etapa de ver personas, de someterlo al ojo crítico de otros escritores; pero yo prefiero no darles el volumen entero, les doy media página para ver qué les parece. He consultado, sí, por algunas dudas concretas, pero ya le digo, voy a tratar de publicarlo el año que viene.
El libro tiene también un objetivo. Una vez, hace poco, me tocó ir a pedido de alguien muy querido a ver a un ministro chileno que estaba de visita en Uruguay. Fui a pesar de que esas reuniones protocolares no van mucho conmigo, y me senté al lado del embajador chileno. La cosa es que después de algunos brindis, empezamos a hacer cuentos y el ambiente se distendió; y el chileno en un momento me dijo: «te voy a confesar una cosa: cuando llegué aquí, me habían hablado de ti, un tipo calvo, constitucionalista, veterano, con 45 años de docente, parlamentario, y pensé que esto sería un plomazo». (Se ríe).
Y ahí, seguramente, sintió un estímulo para llevar al papel esos cuentos y recuerdos jocosos de infancia y adolescencia…
Sí, me quedé pensando que es bueno dar un poco la sorpresa… No digo a amigos, que ya me conocen, sino para la gente que tiene esa imagen adusta de mí, sorprenderlos con esta veta humorística que siempre tuve.
Es que el humor es una herramienta formidable, incluso un arma de lucha política…
Sí, sin duda. Así que ya le digo, estoy en ese tránsito hacia la literatura (por favor, escríbalo con minúscula) y con influencias involuntarias que cualquiera que haya leído un poco las descubrirá sin dificultad. Inventar palabras, por ejemplo, como hace Borges, yo ya lo hacía de jovencito, antes de leer al poeta argentino, y cuando descubrí que Borges usaba ese recurso, bueno… A pesar de que Borges era un muy mal tipo, hay que reconocer que fue un escritor impresionante.
También está el crear situaciones absurdas. Todas esas cosas que a uno le hacen gracia y que están en el fondo de los cuentos populares, bueno, v
amos a ver si las puedo escribir. Y así salió este primer libro que, con el pretexto de explicar la Constitución, se convirtió en el eslabón entre los áridos textos de Derecho y la creación literaria. .
De modo que ya está decidido que de ahora en adelante, no más libros de texto.
Ah sí. Abandono todo lo anterior. Es más, mi entusiasmo era tal que había pensado en otro título: yo prefería «21 casicuentos y la Constitución explicada», un poco la inversa del título que eligió la editorial. Esto demuestra que mi intención última, aun sin que yo me diera cuenta, era salir un poco del Derecho.
Pero doctor, no se puede negar que más allá de los cuentos, para el lector (o sea el consumidor de libros) el tema central es la Constitución y las explicaciones y comentarios que usted hace.
Desde luego que cuando abordo las cuestiones jurídicas soy bien sencillo pero muy riguroso. Incluso hago un aporte técnico-jurídico; busco introducir el tema de la sencillez en las leyes; sencillez y claridad. Y lo explico no solamente como una cuestión didáctica sino como una necesidad técnica. Hay un principio que sostiene que la ignorancia de la ley no sirve de excusa.
Pero ¿cómo? Incluso suponiendo que haya alguien que tiene la costumbre de leer el Diario Oficial todos los días, pero se encuentra con una ley ininteligible, mal redactada, ¿cómo se le puede exigir que la conozca? De repente, ni los abogados la entienden… Y hay una sentencia italiana reciente que revierte un poco ese principio porque el individuo procesado había incurrido en un delito, había violado una ley, pero teniendo en cuenta que el texto de esa ley, lleno de fórmulas matemáticas y absolutamente incomprensible para un lego no podía ser conocido, el juez entendió que el inculpado no debía ser procesado.
Caramba, es realmente revolucionario
Ah sí, esta sentencia revolucionó la ciencia jurídica porque puso en tela de juicio un principio de larga data. Claro que este principio tiene su razón de ser en que no se puede admitir que un individuo alegue que no sabía que estaba prohibido matar a un semejante, por ejemplo.
EL SENADOR EN SU DESPACHO
Conversar con Korzeniak resulta particularmente grato. No en vano tiene, entre sus allegados, la fama de ser dicharachero, cordial, lúcido y con un singular sentido del humor.
Constitucionalista, docente de la Udelar, dirigente del Partido Socialista (debió exiliarse a fines de los años setenta) y parlamentario de fuste desde el retorno a la normalidad institucional.
Entiende Joselo (como lo conocen sus amigos) que son pocos los temas jurídicos en los que «hay dos bibliotecas». Por lo general se trata de una suerte de chicana que interponen los leguleyos con fines espurios, y en realidad es una sola biblioteca a la que le inventan una estantería barata.
Me confesó, asimismo, que en los plenarios suele aburrirse soberanamente cuando algunos legisladores repiten argumentos y sobreabundan en conceptos ya vertidos.
EL ESTADO CIVIL DEL PRESIDENTE
Una de las creencias populares referidas a nuestra Carta Magna que recoge Korzeniak en su libro es la que sostiene que el Presidente de la República debe ser un hombre casado.
Si bien nuestra Constitución, señala el jurista, promueve la familia como célula de la sociedad, en ningún artículo se señala tal exigencia para ocupar la primera magistratura. La primera condición, obviamente, es que haya sido electo mediante el voto popular como lo señala la propia carta en la sección correspondiente, requisito esencial de cualquier democracia. Pero con eso no alcanza: el primer magistrado ha de ser ciudadano natural (no puede serlo un ciudadano legal) y no menor de 35 años. Pero no hay indicación alguna vinculada con su estado civil: puede ser soltero, casado, viudo o divorciado. Puede incluso estar rejuntado o arranchado con una mina. Asimismo, puede ser de raza guaraní, caucásica, africana del norte o subsahariana. Puede practicar la religión que se le ocurra, desde el budismo al mormonismo pasando por el catolicismo, el protestantismo, el islam, el agnosticismo o el ateísmo; puede ser devoto de Yemanjá, de Ogún o de Manitú, sin que ninguna de estas opciones signifique impedimento legal ni constitucional alguno. Así de claro.
Te recomendamos
autoconvocado
Tulio Rodríguez, vocero de los camioneros, es negacionistas de los desaparecidos y militante de las armas
Se ha hecho famoso en los medios por poner la cara en nombre de los camioneros, aunque en el pasado también ha militado en causas como el negacionismo a los desaparecidos y ha esgrimido insultos contra figuras del gobierno.
Compartí tu opinión con toda la comunidad