Autorizan al Poder Ejecutivo a transferir U$S 2: a El Galpón
El informe de Breccia estuvo pautado por la alternancia de argumentos jurídicos y sentimentales.
Empezó recordando que se cumplieron 31 años del decretazo de la dictadura que disolvió ese grupo de teatro independiente, se incautó de todos sus bienes, y encarceló u obligó al exilio a la mayoría de sus integrantes. Fue, según sus palabras, un «crimen de lesa nación, de lesa humanidad, de lesa cultura…». Pero además de disolver una persona jurídica, la dictadura disolvió una trayectoria de solidaridad: «El Galpón murió de solidaridad», concluyó poéticamente Breccia.
Reconoció que en 1985 se derogó el decreto dictatorial y se dispuso la devolución de sus bienes, pero hubo elementos de utilería, de herramientas, de infraestructura en general, de vestuario, que no se recuperaron. Y los gobiernos que sucedieron al primero de Sanguinetti, si bien no fueron insensibles, no lograron proceder a la justa y merecida reparación. Hay que tener en cuenta que la institución jamás planteó un reclamo contra el Estado por vía judicial.
Le siguió don Ruperto Long, quien expuso la postura de su partido, contraria a autorizar el gasto, fundada en razones de «equidad». Aclaró que estaba de acuerdo con volcar recursos a la cultura, pero estimó que debe haber requisitos básicos a cumplirse. Entre ellos, la equidad en el manejo de los recursos y en el acceso a dichos recursos; se preguntó, al respecto, en qué situación están otros grupos teatrales de Montevideo y del Interior.
Planteó la necesidad de que haya reglas claras y políticas culturales de carácter general, y recordó que son los legisladores los responsables de asignar recursos.
Don Julio María, reconocido amante del teatro y de la cultura en general, anunció su voto favorable pues esta iniciativa «viene a completar un acto de reparación para una institución que sufrió la arbitrariedad del régimen de facto». Historió brevemente la trayectoria de El Galpón (una «trayectoria muy calificada») y recordó su relación personal con Atahualpa del Cioppo.
Elogió calurosamente al elenco y afirmó con vehemencia que fue el único grupo de teatro independiente que fue objeto de la prepotencia dictatorial, por lo que su situación no es asimilable a otras, y remarcó que no se trata de una indemnización, sino una reparación.
Sara López, ocupando la banca de Mónica Xavier, hizo una defensa acalorada de la institución y refutó los argumentos insidiosos de quienes se oponen a la iniciativa. Su correligionario Korzeniak recordó la huella dejada por El Galpón en su exilio mexicano.
A continuación, fue el turno de don Gustavo Penadés, quien repitió los argumentos del ingeniero Long, aunque con mayor énfasis (incluso con golpes en la mesa), expresando su desacuerdo con el medio empleado para otorgar la transferencia y aclarando que estaría dispuesto a homenajear a todos los grupos teatrales y no solamente a éste. Da Rosa, más mesurado, también cuestionó la falta de equidad, aunque reconoció la importancia de El Galpón.
Luego se sucedieron intervenciones de Isaac Alfie, en la misma línea del Partido Nacional; Moreira, Michelini y Gamou, supliendo a Fernández Huidobro.
Puesto a votación, el proyecto fue aprobado por 17 en 27. Recibió el apoyo de la bancada frentista (Baráibar no estaba en Sala) más el líder forista que se granjeó la simpatía de la gente de teatro. Conocido el resultado, la barra –ocupada por actores, actrices, iluminadores, funcionarios y allegados a la vieja institución–prorrumpió en sonoros aplausos.
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