Entrevista a fondo

Iglesias: "El Partido Colorado va a tener que renovarse"

Amigo del presidente gallego Manuel Fraga Iribarne y de legisladores próximos a Fernando de la Rúa, se define como un político de centro. Actualmente lidera la Unión Colorada y Batllista, mientras se apresta a asumir la presidencia del Banco de Seguros del Estado. Este empresario exitoso y amigo de Pacheco, reclama una pronta renovación de dirigentes del Partido Colorado. Hablamos de Alberto Iglesias, el muchachito del Buceo que enfrentó a la izquierda a fines de la década del 60.

Domingo 19 de noviembre de 2000 | 12:00
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Iglesias: "En 1969 hab

Por Raúl Legnani

–¿Cómo fue su vida de niño?

–Fue una infancia muy linda en un hogar de trabajadores. Una niñez alegre, entre otros motivos porque las cosas eran previsibles. Sabíamos que llegaba el mes de noviembre y con la barra del barrio estábamos disfrutando de la playa del Buceo. Y el 11 de marzo, cuando comenzaban las clases venían los primeros fríos (se ríe). Todo planificado.

En aquellos años se vivía prácticamente de puertas abiertas. Cualquier vecino podía entrar a nuestra casa, con sólo pegar un gritito antes de abrir la puerta. Funcionábamos sin llave, siempre estábamos en la vereda jugando o compartiendo las horas. No existía la sensación de inseguridad que hay hoy en este mundo moderno. Por suerte hoy en Uruguay estamos mucho mejor que en otros lados.

–¿Iba a la matiné del cine?

Sí, toda la tarde. Yo tenía la suerte de que un tío mío, el esposo de la hermana de papá, trabajaba los sábados y domingos en el cine Mundial. Y los domingos me iba con mi tío y mientras él atendía la boletería me veía cuatro películas. Salía del cine con los ojos colorados (se ríe). Esas películas nos acercaban al mundo y nos hacían ver otras realidades, porque en aquella época eran muy pocos los que podían viajar. Y no hablo de tantos años, porque en definitiva uno tiene 47 años de edad. Claro que después vino la televisión.

–Usted es de la época de la serial Cisco Kid…

–Claro, también del Llanero Solitario, de Ajedrez fatal, del Hombre invisible…

–¿A qué escuela fue?

Si bien venía del Cerrito, mis primeros años fueron en el colegio Santa Elena que estaba en la misma manzana en la que nosotros vivíamos, ahí en Rivera y Comercio. Como era escuela de varones sólo hasta tercero, los otros años los hicimos en Fátima, en Brito del Pino, y el liceo fue en el 10 de Malvín, donde hice los cuatro años. Ahí comencé a tener actividad gremial, que determinó que en 1968 nos encontráramos al frente de la conducción del liceo.

–Fue un año duro…

–Duro y complejo. Nos tocó el problema del boleto estudiantil. Hicimos los primeros cursos al aire libre, de los cuales yo fui el inventor. Me acuerdo que en “Mediodía con usted”, que conducían Sarita Otermin y Gustavo Adolfo Ruegger, nos invitaron a aparecer por televisión para explicar cómo eran esos cursos paralelos mientras manteníamos el liceo en situación de ocupación.

–Terrible: ¿usted protestaba contra el gobierno de Pacheco?

No, porque el tema del boleto era responsabilidad de la Intendencia (se ríe). Ganamos, nos dieron la razón porque modificaron el valor. Esa ocupación se hizo con ese estilo y, además, con votación a mano levantada.

Luego las temperaturas subieron mucho, porque fue la época de la polarización. Ahí empezamos a hacer algún otro tipo de actividades además de estudiar, lo que determinó que en 1969, cuando asistíamos al IAVA, tuviéramos algunos problemas. Ya en ese momento las diferencias no eran sólo ideológicas., sino que había que poner el cuerpo a las balas, a los tiros y a la bomba.

–¿En el IAVA estaba Manolo Flores Silva?

–No, Manolo ya había sido presidente de la agrupación Reafirmación… (duda); en el 69 ya no estaba.

–¿Con quién tuvo más líos?

Tuvimos líos con varios. No quisiera cometer el pecado o el error de mencionar a queridos adversarios y olvidarme de algunos, porque se me interpretaría mal (se ríe). Entre agosto y setiembre de ese año hubo una escalada de atentados a las casas, se nos disparaba directamente con armas de fuego. No era broma. Eso me llevó a plantearme si debía seguir estudiando o no. Llegué a pensar en retirarme del país o cambiar de liceo. Pero en cada instituto que visitaba para ver si podía seguir estudiando y de alguna manera tratar de complacer a mis padres que no querían que me fuera del país, me rechazaban. Sólo el colegio La Menais fue el único que me aceptó, gracias al padre Fermín. Esto nos permitió terminar preparatorios en 1971. En 1972 comenzamos estudios en la Facultad de Derecho y en 1974 mi padre sufre una enfermedad importante, lo que me obligó a asumir la responsabilidad de la familia (se emociona).

–¿Algunos de sus amigos de la época del liceo siguieron junto a usted?

No, porque muchos de los amigos de aquella época emigraron, algunos hicieron carrera militar, otros la carrera policial o universitaria. Ninguno siguió la actividad política o pública. Ninguno. Lo que pasaba es que el tema vacunaba. Uno mismo no estaba con el ánimo de tener actividad política. Si estoy en esto fue por una extensa conversación que tuve con Pacheco en la que él provocó que yo tomara la actividad política. Cuando Pacheco retorna el 9 de mayo de1982, días después, me invita a conversar. Fue algo muy lindo: empezó a las 5 de la tarde y terminó a las 11 de la noche. Al finalizar el diálogo le dije que yo era un humilde trabajador, pero que si podía ser útil en algo estaba dispuesto. Así empezó todo, dentro de la lista BAB de las internas y saliendo convencional nacional. Fue así que nos acercamos y con ello empezó una rutina muy gratificante y formativa. Nos reuníamos todos los días a las once de la mañana para compartir un refresco (se ríe), almuerzos casi todos los días y en la tarde, después de mi trabajo en mi empresa cartonera y papelera, nos volvíamos a encontrar para compartir juntos el noticiero de televisión y después, siempre, alguna escapadita por ahí a visitar a algún amigo o tomar algún otro líquido.

Esto me permitió estar muy cerca, durante muchos años, de una persona muy generosa. Pacheco nos contó desde la formación del diario El Día hasta transmitirnos sus experiencias sobre la soledad del poder, pensando siempre en el país. Su preocupación mayor era que el Partido Colorado fuera gobierno, particularmente en la salida democrática. Por eso prefería guardar silencio ante los ataques, hasta nos impedía que lo defendiéramos cuando lo calumniaban. En este espíritu de poner por encima de todo los intereses del país, me formé políticamente.

–La Unión Colorada y Batllista ¿en qué etapa ingresa?

–El Partido Colorado va a tener que refrescarse y renovarse. En la próxima el presidente Batlle está impedido constitucionalmente de presentarse nuevamente como candidato, la 15 va a tener que encontrar su relevo, y tenemos un Foro Batllista con un doctor Sanguinetti que él mismo no ha dado señales ni garantiza que pueda ser eventualmente candidato. Puede ser que al partido le sirva que él sea candidato por lo que representa para sus seguidores, pero el Foro también tendrá que estudiar si va como una fotografía o también produce nuevos relevos en la interna.

Creo que el quinquenio va a ser un período muy particular para el partido. Si uno analiza todo el siglo XX, el Partido Colorado siempre tuvo con mucha claridad los principales cargos de la estructura partidaria cubiertos. Siempre tuvimos renovaciones, donde surgían dos, tres o cuatro con posibilidades de ser candidatos a la Presidencia. Por eso el partido siempre se encontró por demás cubierto para cualquier instancia política y electoral. Creo que ahora el Partido Colorado tiene que tratar que desde el Parlamento, de los cargos de la Administración, de los Ministerios y de las empresas públicas, de que surjan y de golpe, si se quiere, varios hombres que llenen los espacios que hacen a un partido como el nuestro.

Esto va a llevar a los sectores a tener much
a actividad interna, para ir permitiendo la generación de relevos. Y nosotros estamos abocados a eso al convocar a un congreso en abril, donde de allí va a tener que surgir el marco jurídico que nos va a regular como sector político, para que el afiliado sepa cuáles son sus derechos y obligaciones. También el sector se va a aggiornar desde el punto de vista ideológico, en tanto nos sentimos realmente de centro.

–Usted es amigo de Fraga Iribarne y también de muchos legisladores de la Alianza de Argentina, ¿cómo se entiende eso?

Muchas de esas relaciones son personales y otras son como consecuencia política. En el caso de Galicia, de don Manuel Fraga Iribarne y de su entorno, no es sólo porque tengo parientes vinculados al Partido Popular, es también porque don Manuel representa algo de lo que sentimos nosotros y que a veces nos cuesta definir, en cuanto a ese espíritu nacionalista. Don Manuel busca siempre lo mejor para su gente, por esa misma razón vemos a un don Manuel que se encierra tres o cuatro horas, dos veces al año, a conversar con Fidel Castro. ¿Y de qué hablan? Hablan de los problemas de la gente y no creo que discutan sobre cuestiones de ideología. Yo conjugo ese lenguaje, esa manera de sentir y de expresar. Siempre he tratado de poner las mejores herramientas y los amigos que podemos tener en función de encontrar caminos para que las cosas salgan y se resuelvan. Y algunas cosas hemos logrado y sobre otras seguimos trabajando.

Dentro de la Alianza tengo amigos radicales, pero también tengo amigos dentro del peronismo, dentro del justicialismo y dentro del menemismo. Nuestras humildes acciones determinaron que el 10 de abril de 1999 se creara el primer congreso Frutihortícola en San Pedro, llevado adelante por la Alianza. En poco tiempo vamos a tener resultados a la vista de todas esas gestiones, como la creación de una mesa institucionalizada de productores pequeños y medianos dentro del Mercosur.

–Usted se ha puesto el desafío de fortalecer a su sector, pero a la vez va a aceptar ser el presidente del Banco de Seguros del Estado. Al estar impedido constitucionalmente de actuar en política, ¿qué va a hacer?

–Lo que no permite la Constitución de la República es que realicemos opiniones públicas sobre temas que no sean vinculados al cargo que se está ocupando. Como no creemos en los imprescindibles y hacemos una apuesta a la organización, lanzamos el desafío a todos los compañeros del congreso para que creen una estructura fuerte y sólida que pueda armar sus propios relevos.

Si las venias se votan y ocupo la presidencia del BSE, por supuesto que esa tarea me va a llevar muchísimas horas, lo que no me va a permitir tener actividad política normal. Pero también los compañeros saben que vamos a estar a las órdenes para evacuar dudas.

–¿Está teniendo alguna conversación con algún otro dirigente del Partido Colorado que no sea hoy de su sector?

–Va a haber agradables sorpresas, pero por respeto a esos amigos no debo dar nombres. También quiero que esas incorporaciones se hagan en el momento adecuado para que tengan el efecto necesario. A usted no le escapa que siempre en política hay que buscar el mejor momento, pero de pronto cuando sesione el congreso y cuando las comisiones evalúen los marcos políticos, allí empiecen a aparecer dirigentes del partido que han militado en otros espacios. Pienso que su sola presencia va a ser reafirmatoria de que nos sentimos en el centro del Partido Colorado y en el centro de lo que hace a la política nacional. Tal vez estas incorporaciones sean la noticia mayor de ese congreso.

–¿Su idea es la de un Banco de Seguros saliendo fuera de fronteras, peleando espacios en el Mercosur?

–Creo que el BSE tiene un poder enorme en la ciudadanía por la credibilidad que significa una empresa del Estado. Entiendo que eso hay que cuidarlo y a la vez potenciarlo, tenemos que ver cómo podemos posicionarlo de la mejor manera para que se siga consolidando. También hay que analizar si ante la ventaja comparativa que nos pueden sacar otras empresas porque están en los distintos países de la región, nos conviene o no disminuir esas ventajas y si esas son ventajas. Porque de pronto hay mercados que son tan complejos que nos obligarían, en el caso de tratar de ingresar a ellos, a asumir riesgos de trabajar por debajo de niveles de conveniencia. En ese caso habrá que medir muy bien los pasos. Ya he tenido algunas conversaciones con las actuales autoridades, reuniones que se realizaron a iniciativa de ellas, pero no he querido avanzar por una cuestión de ética. Una vez que estemos allí comenzaré a poner mi impronta y mi experiencia ganada en la actividad privada. Por suerte este nuevo Directorio va a tener a cinco directores que todos tienen formación en la actidad privada y eso es muy bueno porque van a poder dar un gran aporte a las políticas del BSE.

–Una última pregunta, ¿Alberto Iglesias quiere ser Presidente de la República?

–No. El que es Presidente de la República sabe que va a renunciar a muchas cosas. Si me pregunta si conscientemente quiero ser Presidente le digo que quiero ayudar a que el mejor ciudadano sea el Presidente y yo no me siento el mejor ciudadano. Claro que no sé a qué me pueden llevar las circunstancias en los próximos años.

–¿A qué no está usted dispuesto a renunciar?

A la tranquilidad de la vida familiar, a un encuentro con amigos, a un buen partido de truco, a un asado…

Lejos de los marxistas

–¿Cuál era su agrupación estudiantil?

–Yo trabajé en la Coordinadora de las Asociaciones de Estudiantes Independientes, con un único denominador común: que no teníamos una visión marxista de la sociedad. Eramos estudiantes de distintos orígenes: independientes, blancos y colorados.

–¿Usted integró la Juventud Uruguaya de Pie?

–No, la JUP surge después en 1969 como respuesta a los ataques y a la violencia de la izquierda.

“Mi compromiso con Pacheco”

–¿Con quién se enojó Pacheco cuando se cayó el estrado en 1989? ¿No era usted el responsable del estrado?

–No, yo no era. Yo fui responsable de la llegada de Pacheco el 24 de junio. Con unos queridos amigos hicimos un trabajo muy serio que nos llevó tres meses, hasta que determinamos la conveniencia de que esa era la fecha para retornar al país. Pero no fui el responsable de armar el estrado (se ríe).

Después Pacheco me designó responsable del cierre de campaña del 89. Pero ese problema no lo tuve, porque puse de estrado dos chatas de camiones.

Aquel accidente lo recibió con mucho humor. Me acuerdo de lo primero que me dijo: “Nos quisieron mover el piso, pero no lo han logrado”. Como decía un dirigente político: “Pacheco tenía un humor bíblico”.

En 1985 estuve en la Intendencia de Montevideo ocupando un cargo de dirección en el Departamento Administrativo, cosa que hicimos hasta 1988. En ese año renuncia a la Intendencia Elizalde y yo lo acompaño.

–Lo dejaron solo a Elizalde…

–Es cierto, por eso renunciamos, lo hice por solidaridad con Elizalde. En 1989 fui en el cuarto lugar a Diputados, sacamos sólo tres, y Pacheco me invita a representar al sector en la Dirección Nacional de Industrias, cargo que ocupé de 1990 a 1994. Me tocó la época de los inicios del Mercosur y del desarrollo de los acuerdos sobre industria automotriz, donde jugamos un papel importante. Al principio de 1994 , en su casa, Pacheco me pregunta:

“¿ Usted qué piensa que va a suceder al otro día del último domingo de noviembre con nosotros?”. Yo lo quedé mirando y le dije: “¿Por qué no me precisa un poco más la pregunta?” “¿QuÃ

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