"Astori cumple mejor con los requisitos para ser candidato"
Fuiste electo recientemente presidente de la Asociación Uruguaya de Ciencia Política (Aucip). ¿Cómo fue ese proceso?
-En octubre del año pasado hicimos el Primer Congreso de Ciencia Política y se eligió a la comisión que condujo ese proceso. Posteriormente se estableció en los estatutos que al año del congreso se realizarían elecciones. Se formó una lista con una parte de los que ya estaban en la comisión saliente y me ofrecieron encabezarla. La directiva tiene una composición plural, la mayoría tiene menos de 40 años.
¿Cuáles son los objetivos de Aucip?
-Promover la inserción de los politólogos en la vida pública, la defensa de sus intereses, el reconocimiento profesional. Es una asociación gremial. Además esta directiva tiene cuatro objetivos muy específicos. Primero, la realización del segundo congreso en octubre de 2008. Segundo, el lanzamiento del Premio Nacional de Ciencia Política, que tendrá por nombre Carlos Real de Azúa. Tercero, la aprobación de un código de ética profesional. Cuarto, llevar adelante una ofensiva sobre el Estado uruguayo, en el sentido de que se reconozca la profesión de politólogo.
Días atrás el senador nacionalista Gustavo Penadés criticó la labor del cientista político en el semanario «Cien». ¿Hay un desconocimiento del rol del politólogo y de la profesión por parte de algunos actores políticos?
-Con Penadés pude hablar muchas veces y no creo que las declaraciones que realizó sean lo que piense sobre los politólogos. Tenemos un prestigio ganado, un respeto, una interlocución con la clase política que es sana. Son pocos los casos de interpelación si se comparan con la exposición pública que tienen los politólogos.
¿Cómo evaluás la inserción de los cientistas políticos en la política? ¿Es parte de la formación de la carrera?
-Nosotros no formamos políticos, formamos politólogos en las universidades. Como la política es una cuestión ciudadana y el politólogo es un ciudadano, perfectamente puede sentirse atraído a hacer política. Cuando un politólogo decide hacer política debe decir «estoy haciendo política» y cuando hace un ejercicio profesional también. Hay que hacer un esfuerzo por diferenciar las arenas, una es el campo académico-profesional y otra el de la política partidaria.
¿Es un reconocimiento hacia la profesión el hecho de que el MPP piense en la directora del Instituto de Ciencias Políticas, Constanza Moreira, para presidir el Frente Amplio (FA)?
-Sin dudas. El MPP manejó los nombres de Gerardo Caetano, que dijo que no rápidamente, y Constanza Moreira. Esto es algo que está mostrando el nivel de impacto, visibilidad pública y reconocimiento a la capacidad intelectual de los politólogos. Pero ahí hay decisiones individuales, nosotros no formamos para hacer política ni para presidir partidos, formamos para que sean buenos académicos y profesionales. La decisión de pasar a la política es de cada individuo aisladamente.
¿Compartís la opinión del politólogo Adolfo Garcé, que sostiene que el ministro de Ganadería, José Mujica, será candidato del FA en las elecciones nacionales de 2009?
-No, en absoluto. El FA tiene grandes posibilidades de ganar la próxima elección, pero en primer lugar va a tener que sortear algunas pruebas; una es la de definir el candidato en la interna. Para ganar la elección necesita un candidato que logre cautivar los votos del centro. Cuando miramos la votación de octubre de 2004 vemos que la mayor parte de los que votaron al FA son electores de centro, no de izquierda.
El FA, para tener chances y competir, va a tener que construir una fórmula y tener un programa que logre cautivar a esos electores de centro. No es fácil encontrar un candidato para resolver ese problema. Mujica podría serlo, habría que ver en las encuestas cómo reacciona la gente, pero tiendo a creer que Astori tiene intenciones de ser candidato y cumple mejor que Mujica esa posición. Hay una primera instancia entre Mujica y Astori que vamos a ver cómo se resuelve. Si Mujica triunfa sobre Astori tal vez tendría posibilidades de ser el futuro presidente.
Lo más probable es que el próximo presidente de Uruguay sea un frentista, porque es el partido que tiene más chances de ganar la elección, pero para eso va a tener, primero, que redondear lo hecho; segundo, elegir un candidato adecuado y en tercer lugar tener un programa bueno. Si el FA va con un candidato muy a la izquierda corre el riesgo de perder muchos votos con el Partido Nacional, en donde el precandidato que tiene más chances de ser candidato a la Presidencia es el senador Jorge Larrañaga, que está parado en el centro y su propuesta no está tan alejada de la del gobierno. En el centro del espectro político se va a definir la próxima elección, y ahí es donde el FA debería pensar en apuntar.
El sistema político uruguayo está envejecido. ¿Cómo observás la renovación en los partidos?
-El Partido Nacional se viene renovando desde 1999; si mirás el promedio de edad de su bancada de legisladores es el más bajo desde el año 2000. La elección de jóvenes que hace es fantástica. El Partido Colorado se dio cuenta de eso y hace elecciones de jóvenes e integra cien a una Convención de 500 componentes.
Al FA le pasa otra cosa: es la fuerza más votada por los jóvenes, sin embargo fue conducida históricamente por la generación del 68. Seguramente en el futuro próximo va a tener que procesar un recambio generacional, el gabinete está muy envejecido y los liderazgos también.
Se afirma que en 2008 se realizarían cambios en el gabinete de ministros. ¿Considerás que es una medida necesaria?
-Sí, sin dudas. Algunas figuras entraron al gabinete con un horizonte de dos años y ya llevan tres y se estarían yendo en el cuarto año. Es una oportunidad para que el FA comience a foguear a dirigentes más jóvenes, también para dar un grado de componente técnico que no ha tenido este gabinete, que ha sido muy político. También es una oportunidad para que los candidatos naturales de este gobierno, Astori y Mujica, salgan de la gestión y pasen al ruedo, que comiencen a hablar claramente de cuáles van a ser sus intenciones. Supongo que un cambio de gabinete va a suponer la salida de ambos, y también del director de la OPP, Enrique Rubio, si es el tercer precandidato. El Presidente debería aprovechar ese recambio para dejar en libertad de acción a los eventuales candidatos a la Presidencia que tenga el FA.
Culminando ya 2007, ¿qué evaluación de la tarea del gobierno nacional realizás?
-Ha sido un año difícil para el gobierno. Si uno mira las cifras económicas, los indicadores sociales, diría que le va bárbaro. La economía marcha bien, los indicadores de crecimiento, la inflación está contenida, los niveles de inversión son fantásticos, la pobreza continúa cayendo, la indigencia también, el salario real continúa aumentando. Sin embargo este año ha sido muy difícil, porque ha sido de procesamiento e implementación de reformas muy fuertes: la reforma tributaria es muy profunda y todavía no logró ser comprendida por una parte de la población y la reforma de la salud, de manera idéntica, va a tocar muchos intereses.
Este ha sido el año de las grandes reformas, que tienen un costo de comprensión de parte de la ciudadanía, por eso fue un año difícil. Cuando se pase raya y se mire que en 2007 se ha implementado la reforma tributaria y se ha aprobado la reforma de la salud, uno diría que el gobierno tiene que estar conforme.
Mencionabas que hay mucha gente que no terminó de comprender la reforma tributaria, asimismo el gobierno ha realizado la autocrítica de que no comunica bien. ¿Compartís la afirmación de que la izquierda continúa comunicando mal?
No sé si es sólo un problema de comunicación. Es algo más, que está vinculado a la capacidad de persuad
ir a la ciudadanía, y eso se logra en el debate político.
Este año ha sido difícil la implementación de las reformas y la oposición también juega. Blancos y colorados lograron establecer la idea de que la reforma tributaria afecta duramente a la clase media. Los datos muestran otra cosa y sin embargo la clase media se siente afectada. Hay gente que se ha visto favorecida con la reforma, pero igual no está de acuerdo.
Ahí existe un déficit político en el arte de persuadir, de demostrar que estas medidas nos conducen a un buen destino; eso exige buenas argumentaciones.
También puede haber poco entusiasmo. Cuando el FA ganó la intendencia en Montevideo logró entusiasmar mucho más, porque había propuestas que incorporaban directamente a la población.
Finalmente, no podemos olvidar que la gravedad de la crisis de 2002 fue tan profunda que va a llevar un tiempo resolver esto. En este asunto el gobierno también trabajó poco, en la comunicación, porque las mejoras en materia de indigencia y pobreza recién nos están colocando en el momento anterior a la crisis.
¿Cuál es tu opinión sobre la gira «pueblo a pueblo» que ha iniciado el gobierno?
Tal vez sea una iniciativa para resolver ese déficit que estaba señalando. Ahí se genera un escenario nuevo en donde el presidente va a recibir fuertes demandas, muchas de tono particular, y ahí va a estar siempre la tentación al aumento del gasto, de decir «esto se lo vamos a resolver». Veo bien la salida «pueblo a pueblo» en tanto no se transforme en un método. El cara a cara también tiene sus problemas.
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