Hay recursos suficientes. Sin embargo, la institución se ha propuesto nuevos y ambiciosos planes de ejecución simultánea

Mevir: una apuesta de cuarenta años para dignificar la vida rural

Pese a su extensa vida, Mevir es aún una institución casi desconocida para muchos. No obstante, ha hecho una ponderable labor y ahora está abocada a una extensión de sus actividades, indudablemente significativas para el proyecto de país productivo.

-Mevir nació en mayo de 1967 con el nombramiento de una comisión honoraria, por ley de presupuesto, generando esta figura paraestatal que subsiste hasta hoy. O sea, se mueve en el derecho privado y maneja fondos públicos. Fue una idea de Alberto Gallinal Heber: el presidente Gestido le había ofrecido integrar el directorio del Banco República y él declinó eso a fin de desarrollar esta organización: el Movimiento de Erradicación de la Vivienda Insalubre Rural.

-¿Se tiene idea de cuántas viviendas se construyeron desde ese origen a la fecha?

-Hay entregadas 21.143 viviendas, más otras 500 familias que han sido beneficiadas no ya con construcciones habitacionales sino con mejoras prediales: el alumbramiento de un pozo de agua, la conexión a la línea eléctrica o la solución del problema energético en un predio. A lo largo de los años Mevir ha extendido su tarea inicial, que era sustituir los ranchos por viviendas dignas. Yo llegué a participar de campamentos de trabajo en la primera época. En la década de 1990, se amplió el trabajo no ya para los trabajadores rurales sino a los pequeños productores, asistiéndolos en sus predios y no sólo con la vivienda sino con instalaciones necesarias a la producción o esas mejoras prediales de las que hablé. Por ejemplo, si el productor es lechero, bueno, la construcción del tambo, o un galpón para el acopio de insumos o producción. También han sido galpones para pollos, cuando hablamos de productores avícolas. Son diversos programas que tienen que ver, estrictamente, con las condiciones de producción del predio y de la familia.

-Ahora bien, desde el comienzo de esta administración, ¿cómo podemos medir la evolución de Mevir?

-Entre las dificultades que tuvimos al comienzo del período, una de las principales fue que no había mucha tierra comprada y su obtención es hoy un problema dado el incremento notorio del precio de venta. Hemos entregado aproximadamente 1.700 viviendas en dos años y medio y pensamos llegar al entorno de las 3.400 al fin del período, además de otras soluciones aportadas a los trabajadores y productores rurales. Cuando iniciamos nuestra administración había, en construcción simultánea, 1.200 viviendas y uno de los objetivos fue incrementar ese proceso. Durante este año hemos logrado ir avanzando progresivamente y estamos en esas 1.700 viviendas que le dije. Se podría decir que los números globales son pequeños con respecto a lo que puede haber pasado en otras administraciones. Pero estamos volcando mucho más trabajo a la respuesta en unidades productivas, que implica bastante más esfuerzo y costos que una vivienda. No es fácil resolver una obra dispersa, que puede concretarse en 15 ó 16 predios que distan entre sí 5, 10 ó 15 kilómetros.

Usted aludió a la falta de tierras. El Parlamento se está ocupando de eso y hay un proyecto que permite a Colonización adquirir más predios. El objetivo es fortalecer el reafincamiento de la familia rural en el campo, algo que parece vital para el Uruguay en una concepción global. ¿Mevir está en coordinación tanto con legisladores como con el propio Instituto de Colonización?

-Sí, ha sido una preocupación que venimos resolviendo con éxito. Se trata de articular, tejer la trama de instituciones presentes en el medio rural. Particularmente con Colonización hay un intercambio permanente de información, opiniones, inquietudes que surgen de nuestra presencia en el territorio. Por ejemplo, acerca de dónde vemos que puede haber alguna iniciativa para desarrollar. En este momento, lo más trascendente que ha podido hacer Colonización es la compra del campo «La huella», en el departamento de Salto. Nosotros ahí estamos finiquitando un acuerdo por el cual determinaremos qué construcciones se harán: va a ser una colonia muy particular, en la medida de que estas tierras han sido entregadas a asociaciones de productores y, por tanto, no es la solución típica de un colono que se instala en el predio, sino que pasa por una solución colectiva. En ese marco, articularemos con Colonización la mejor respuesta para generar las condiciones…, porque, en definitiva, sólo con la tierra no basta; si la gente no tiene la posibilidad real de afincarse y ese afincamiento no significa también el acceso a la escuela de sus hijos, a la comunicación, a la salud, a los bienes culturales, bueno… Y este es un tema para nosotros clave, en la medida que concebimos la tarea no solamente pensando en el ladrillo sino en la vida, y la vida es el hábitat, tiene que ver con el medio ambiente, con las posibilidades de desarrollo social y económico de la gente…

-Hablemos de la educación. Días atrás, hablando con un legislador del interior, me decía que uno de los grandes problemas a resolver era la reconstrucción de escuelas rurales, las que, en su momento y por una decisión concentradora ­una opción que hoy se sabe fue equivocada- han desaparecido en gran cantidad, destruidas por el abandono o rematadas. El afincamiento de la familia rural necesita de esas escuelas en su cercanía.

-Hay mucha gente que está preocupada por ese tema. Por ejemplo, en el departamento de Rocha, en un paraje que queda entre San Luis y Cebollatí, había una escuela que estaba a punto de ser rematada. La gente de Uruguay Rural junto a Primaria y otros detuvieron eso. En los hechos, hubo toda una comunidad que estuvo dispuesta a ponerse el hombro la recuperación de esa escuela, lograron la refacción de un local hermosísimo. Estuvimos en su inauguración. El local fue convertido, en una primera instancia, en un centro de vinculación de los vecinos. El desafío es ver si efectivamente esto puede permitir la posibilidad ­y ese es el convenio que hizo Uruguay Rural con Primaria, incluyendo masa crítica y análisis- de que vuelva a desarrollar su actividad docente. Ahí se están pensando sistemas que permitan funcionar a la escuela, de repente, como anexo y no como elemento central, lo que es muy rico pero implica, desde el punto de vista administrativo, otra serie de complicaciones a resolver. Hay cosas muy fuertes que se están haciendo. Hay experiencias lindísimas, quizás muy pequeñas y por eso desconocidas. Sobre todo perdemos su verdadera dimensión en la capital. Pero afuera se ve con claridad, porque se agregan otros proyectos similares y se hacen: mejorar una policlínica o retomar control sobre locales abandonados para darles un sentido comunitario constructivo.

-Dada la riqueza de la experiencia de Mevir, y de sus ideas para el futuro, parecería importante que participara más en planes del gobierno. Incluso para intervenir en la selección de una zona y en lo que se hace allí. ¿Lo está haciendo?

-En Uruguay tenemos dos problemas. Uno es la cultura de planificación al mediano plazo, que recién se está retomando, porque en este país, yo diría incluso en toda Latinoamérica, el Estado no planifica en esos términos. Creo que hay instrumentos que se están dando que permitirán una mejora sustantiva. La Ley de Ordenamiento Territorial Sustentable es clave para todo esto. Pero Mevir tiene otra particularidad: no tiene una estructura fija distribuida en el territorio, pero está en todo el territorio. De alguna forma, Mevir es una suerte de gitano que ha estado en 500 programas en 287 localidades del interior y hoy tiene un conocimiento bastante profundo de la situación y de lo que se necesita.

-¿Y cómo andamos de presupuesto? Porque hoy, quien más, quien menos, se queja. ¿Hay suficientes recursos para toda esta rica actividad de Mevir?

-Mevir tiene, por ley, recursos por impuestos a determinadas transacciones agropecuarias. Y cuenta con un aporte muy importante de transferencia directa del Ministerio de Vivienda. A su vez, también está el recupero de lo
s créditos otorgados, eventualmente proyectos con financiamiento externo, como es el programa Prodenor, que se desarrolla en el Este de los departamentos de Artigas y Salto y en Cerro Largo, con un aporte específico de la Unión Europea. También existe algún aporte concreto por devolución de impuestos. Finalmente, tenemos algunas donaciones de tierras, que a través de nuestra historia ha sido un aporte importante.

-¿Pero son suficientes esos recursos?

-Con lo que tenemos en este momento perfectamente podemos sostener una construcción de 1.800 viviendas simultáneas. Uno tiene que tener mucho cuidado hasta dónde crece, no en función de las necesidades reales sino de la eficiencia. Imaginar esto llevado al infinito no es conveniente, puede ser hasta contraproducente. Tenemos los recursos adecuados. En 2005 uno de los problemas que hubo para elevar el nivel de construcción era el temor, la incertidumbre por el cambio de gobierno. Es algo que la institución, históricamente, lo ha vivido desde su origen como un problema. El primer año de gobierno siempre se ve como algo difícil. No fue el caso de este año, cuando, al cumplirse los 40 años de Mevir, participamos del Congreso de Intendentes. El intendente Vidalín, de Durazno, dijo algo que me parece digno de repetir: «En general, los ministros de Vivienda muchas veces no han tenido claro desde el principio la importancia de Mevir como herramienta». Y destacó que la actuación de Arana, desde el primer día de su gestión, apostó a esto.

-¿Cuáles son los planes de Mevir a mediano y a más largo plazo?

-Estamos tratando de reformular, desde el punto de vista interno, el desarrollo de programas que permitan mejorar nuestro aporte y hacerlo más eficiente. Hay una preocupación que viene de 2004, desde la administración anterior, por la morosidad y la recuperación de activos. Hemos ratificado esa línea y algunos éxitos hemos tenido. Al comienzo de nuestra gestión hallamos una morosidad importante: gente que debía más de 11 cuotas, más del 31% de los participantes de los programas. Ese porcentaje bajó al entorno del 25%. Por lo tanto, dentro de ese 25% hay mucha gente que está haciendo un gran esfuerzo por recuperarse. Esto sobre la base de dos premisas que siempre de manifiestan: tenemos un problema de cultura del no pago y también del no cobro. Bueno, en Mevir eso del no cobro lo estamos tratando de superar. No obstante, le adelanto que está decidido trabajar en Villa Soriano, por ejemplo, un proyecto que queríamos hacer; estamos coordinando con la intendencia, hicimos un primer diagnóstico de necesidades y nos están procurando los terrenos. Con la intendencia de Colonia, de los lugares que teníamos para trabajar el más avanzado era en Pueblo Gil, pegado a Conchillas. Venía todo bien hasta que ENCE aterrizó ahí; entonces el asunto se nos fue de las manos y ahora le hemos pedido al Ministerio de Vivienda que gestione una expropiación de predios y, bueno, veremos qué pasa porque es un programa importante. Después, con los 40 equipos en el territorio nacional, diseminados por toda la República, seguimos desarrollando lo más que podemos, tratando de llegar a la mayor cantidad de gente, pero no por alcanzar un número sino porque las necesidades son muchas y queremos resolverlas.

 

«Nos planteamos revisar el marco legal»

-¿Mevir ha desarrollado actividades en el medio rural de Montevideo, que es bastante extenso? -No, no. Por su ley de origen quedó establecido que Mevir sólo actuará en los departamentos del interior del país. La ley excluye, de alguna forma, las capitales departamentales. Posteriormente, sin embargo, al discurrir de los años, en algún momento se planteó y se aprobó que en las localidades mayores a 5.000 habitantes debía actuar en convenio con el Ministerio de Vivienda. En este momento nos estamos planteando ­dado que esta institución lleva 40 años trabajando sin interrupciones­ una revisión de determinados marcos legales de nuestra labor. Y dentro de esa revisión, hay algunos aspectos que consideramos relevantes: uno, por ejemplo…bueno, vea, la dirección de Mevir es una comisión honoraria. Estamos hablando de una institución que tiene alrededor de 420 funcionarios, entre técnicos y personal de obra, y son entre 40 y 45 obras en el Interior de forma permanente. O sea, es una institución muy potente, muy dinámica. Una comisión honoraria de once miembros no parece lo más adecuado para manejarla con la mayor eficiencia. Pero es un tema que está en discusión, no hay una prefiguración definida. Yo tengo opiniones al respecto y sobre otras cosas. Por ejemplo, dentro de ese montón de temas a considerar, quizá deberíamos analizar si Mevir no debiera actuar en el medio rural de Montevideo en lo que yo llamo «las unidades productivas», no para hacer núcleos de viviendas, que sería extender la mancha urbana. No, no, entiéndase bien: lo que queremos es generar las condiciones para atender el desarrollo de los pequeños productores en sus propios predios, con nuestros objetivos básicos.

 

EL APORTE A LA SOCIEDAD

-¿Se puede decir que hay un aporte de Mevir a los planes sociales del gobierno?

-Hay algunos elementos a considerar: siempre nos invitan a las llamadas Mesas de Desarrollo y eso nos permite más presencia y más aporte en todo el país. Personalmente, participo del gabinete del Ministerio de Vivienda. Más allá de eso, tenemos una comunicación fluida con los distintos programas que hacen al medio rural, que trabajan en él. Ahora bien, si hablamos del gabinete social, hay que decir que básicamente el centro y la preocupación no han estado, en primera instancia, en el medio rural más disperso. Sí está planteado esto para 2008 y ya estamos en conversaciones con el Ministerio de Vivienda para ver cómo potenciamos las acciones sociales, el lugar desde dónde debe trabajar cada uno, qué hace mejor cada organismo, etcétera.

 

AYUDA MUTUA Y TRABAJO

-Tengo entendido que Mevir estimula la participación de todos aquellos que son beneficiados por sus programas.

Entre los recursos hay que contar el aporte de trabajo de los participantes, de la gente, que nos ayuda a seguir la lucha. Mevir trabaja bajo dos modalidades: una es la ayuda mutua, cuando hablamos de núcleos de vivienda; otra es el esfuerzo propio en el caso de las unidades productivas. Hay un compromiso de trabajo por parte de los beneficiados: en las viviendas núcleos son 96 horas mensuales a lo largo de 18 meses; en las unidades productivas son dos personas mientras esté trabajando el equipo de Mevir en su predio, durante el mismo tiempo.

 

«QUIEN NO  CUMPLE VA  PARA AFUERA»

-¿Conocen el porcentaje de gente ayudada por Mevir que abandonó el esfuerzo en el camino?

-No, estadísticas no tenemos. Diría que la impresión, al menos en general, es positiva. Durante los procesos de obra, en general, la gente se compromete y es menor, bastante, la que queda por el camino. Se valora el esfuerzo. En realidad, el nuestro es un aparato exigente y quien no cumple sabe que va para afuera. No será de pique, no de entrada, pero se va. Claro, siempre se plantean las instancias para que haya una recuperación, un ponerse al día, un volver. Es clave, porque siempre hemos pretendido establecer un compromiso mutuo, de ida y vuelta. El otro día tuve oportunidad de decirlo en una reunión en Flores: está bien que nosotros estemos ahí, que nos exijan presencia, orientación y trabajo, porque tenemos que dar las respuestas, pero debemos exigir la contrapartida necesaria de la gente para que las cosas se concreten. La mejor forma es que, sanamente, con espíritu constructivo y de contribución, nos exijamos más rendimientos todos.

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