Durísimas acusaciones de la oposición al tratarse la licitación del Casino Carrasco
A favor de licitar el casino
Arrancó Baráibar, quien produjo un exhaustivo informe favorable a habilitar a la IMM a convocar a una licitación pública internacional para conceder la gestión de la sala de juegos del Hotel Casino Carrasco. El senador uruasambleísta historió la peripecia vivida por la concesión, no ocultó las dificultades que atravesó la gestión municipal respecto de los casinos, reconoció que el asunto es polémico y confesó que para el Frente Amplio, el cambio respecto de su postura tradicionalmente contraria a las privatizaciones y favorable a la gestión estatal respondía a una coyuntura especial comparable a la que lo llevó a concurrir a las negociaciones del Club Naval: «Lo hacemos por razones de interés general», afirmó Baráibar en un momento de su elocución.
Para explicar el fracaso de la concesión a Carmitel, argumentó que la Intendencia de Montevideo había pagado por su inexperiencia en esos avatares y atribuyó a la empresa concesionaria un comportamiento desleal. Teniendo en cuenta que la Comuna no está en condiciones de invertir dinero en la refacción del emblemático edificio, se justifica la concesión total (incluida la sala de juegos) pues de ese modo se asegura el mantenimiento de ese edificio ya que la explotación del hotel sin la sala de juegos no genera interés de los inversores.
Luego realizó un análisis casi exegético de los pliegos de licitación, explicando cada detalle, cada cláusula, de modo tal que quedó claro que se trata de pliegos muy rigurosos, con garantías suficientes como para no tropezar dos veces con la misma piedra.
A esta altura, don Julio María pidió una interrupción para pedir al miembro informante mayor precisión en cuanto a las razones por las cuales no se había explorado una asociación con privados de modo de explotar el hotel casino en forma mixta.
Baráibar reiteró que no se había encontrado interés en los inversores por explotar el hotel sin la sala de juegos. Dijo que el de Carrasco es un casino del tipo «mediterráneo», vale decir de alto nivel, y finalizó su exposición recordando que los pliegos de licitación habían recogido las sugerencias de los ediles blancos y colorados.
La ofensiva opositora
Isaac Alfie fue el primero en cuestionar la licitación. Anunció que en principio su partido estaría dispuesto a votar en general pero reafirmó que hay artículos que le merecen reparos.
Prosiguió sosteniendo que «aquí se privatiza todo», y que «el juego no es un negocio sujeto a riesgos, nunca puede perder», en alusión a las pérdidas constatadas durante la administración anterior y que tanta polvareda han levantado y siguen levantando. De ahí pasó directamente a lo que sería la tónica de prácticamente todos los discursos opositores: señalar enfáticamente la incoherencia del Frente Amplio entre su discurso estatista y su práctica privatizadora. «Todos recuerdan a los piratas que vendrían a robarnos nuestro patrimonio», ironizó Alfie en referencia a la campaña contra la ley de asociación de Ancap, y remató: «Resulta que hoy son señores inversores que lucrarán con el juego».
Insistió con la incoherencia del oficialismo para lo cual leyó dichos de Mujica ya por todos conocidos y alertó sobre el peligro de que ese cambio de postura pueda afectar la credibilidad del sistema democrático. Pero no se quedó en esas el vibrante senador quincista. Entusiasmado, calificó de desastrosa la gestión municipal, habló de amiguismo, de falta de transparencia; recordó las irregularidades verificadas durante la gestión de Bengoa, y atribuyó las responsabilidades directamente a las autoridades municipales. Reclamó que los montevideanos no sigan pagando impuestos para «solventar las pérdidas de la Intendencia. Estamos solventando un vicio social, como si subsidiáramos el consumo de tabaco o alcohol».
Al final, haciendo hincapié en la coherencia del Partido Colorado, no vaciló en afirmar: «No queremos una licitación; queremos un remate público».
Misiles de grueso calibre
Don Sergio Abreu reflexionó largamente sobre el rol del Estado y sobre las diversas concepciones económicas, y luego se adentró en el tema para expresar su desacuerdo radical con la propuesta, para abundar sobre argumentos ya expuestos y para sentenciar que «el Hotel Carrasco, junto con el viaducto, son el monumento a la ineficiencia».
El doctor Carlos Moreira siguió a su correligionario insistiendo en la incoherencia del Frente y en sus contradicciones. Pero se embaló, y dijo que lo que se propone el oficialismo es convertir a Montevideo en Las Vegas. Como esto causó cierta hilaridad en las barras colmadas por funcionarios de casinos municipales, continuó: «¿Será por eso que Bengoa está en Las Vegas?», lo que redobló las risas de satisfacción en la barra.
Pero lo mejor estaba por venir. Gandini –supliendo a Da Rosa– la emprendió despiadadamente contra el gobierno municipal montevideano y contra el gobierno nacional. Reiteró consideraciones y acusaciones ya vertidas por sus pares y correligionarios pero fue más allá. Afirmó que este pliego de condiciones para la licitación «probablemente se haya hecho a la medida de alguien» (andá llevando). A partir de allí, dedicó el resto de su exposición a recordar un incidente judicial entre Zabalza y Valenti en 1992 en el que este último fue acusado de implicancias y de tráfico de influencias. Afirmó que Carmitel es un grupo «pasador de negocios» y que todo esto es la «herencia Bengoa, la herencia Arana»; también, ya de paso, puso en tela de juicio la actuación del ministro Rossi.
Se pudrió todo
Antes de oír a Heber y a Lara (los dos anotados en la lista de oradores), el oficialismo presentó una moción de orden por la cual se suspendía el tratamiento del asunto licitación del casino Carrasco para dar lugar a aprobar el SNIS y luego continuar con el debate.
¡Para qué! El público de las barras se enardeció y comenzó a vociferar como una hinchada que se las agarra con el árbitro, con la diferencia de que aquí el objeto de los vituperios fueron los señores senadores oficialistas. «¡Ladrones, corruptos!», fueron los epítetos más suaves que recibieron los senadores. Gamou miraba hacia las barras, hacía gestos y sonreía burlonamente, lo cual le valió que uno de los funcionarios, al borde de la congestión, le espetara: «¡traidor, andá por el casino si te da la nafta!».
Campana de orden, desalojo de las barras.
Luego se trató, como estaba previsto, el SNIS con las modificaciones de Diputados. Al cabo de un intenso debate, se aprobó con los votos oficialistas.
Fracasó una moción de Larrañaga de pasar a cuarto intermedio hasta el próximo martes pero el oficialismo no dio sus votos, y al cierre de esta edición continuaba la discusión sobre los casinos municipales. Heber, que probablemente no quería perderse el partido, no perdió la ocasión de mortificar al oficialismo sosteniendo que habían resuelto continuar porque, de lo contrario, el próximo martes volverían los funcionarios a las barras y se corría el riesgo de una nueva silbatina. *
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