Sólida argumentación de Sanguinetti

«El procedimiento de debate de esta ley nos provoca comentarios de naturaleza política porque sentimos que el país ha vuelto a discutir el tema de la despenalización del aborto», afirmó Sanguinetti. «Se ha producido una simplificación, se habla de partidarios del aborto y de contrarios al aborto cuando no es eso lo que estamos discutiendo (no creo que haya nadie partidario del aborto, no creo que haya nadie partidario de algo que es un fracaso). De lo que estamos hablando es de una mujer cuyo proceso de liberación, de ganancia de los derechos fundamentales a la personalidad humana han costado demasiados siglos. Hace cien años el país votó la primera ley de divorcio, que fue el primer gran acto de liberación de la condición de la mujer, considerado entonces como una suerte de destrucción de la familia.

Asistimos hoy de nuevo a este debate, pero consideramos que se ha hecho mal en no habilitar una consulta a la sociedad. El sistema político está discutiendo esto desde el año 85. Todos los partidos estamos divididos, todos tenemos posturas distintas, y es la sociedad la que debería pronunciarse de algún modo de manera sólida y seria».

Expresó su asombro ante el hecho de una bancada de gobierno en franca oposición al Ejecutivo, y auguró que el veto presidencial echará por tierra lo que aquí se resuelva.

«Es evidente que la prohibición establecida en la ley del 38 no ha servido para disminuir el número de abortos, mientras en el mundo, en los países en que se ha despenalizado el aborto y donde ha habido educación sexual, los abortos han disminuido drásticamente. La prohibición ha sido ineficaz y, además, ha generado una consecuencia que es una profunda desigualdad en la situación de las mujeres de menor condición económica, que son quienes han sido obligadas a asumir unas condiciones de inseguridad y de riesgo en la vida que moralmente no podemos ignorar. Se discute cuándo comienza una vida. Una cosa es un embrión, un feto, y otra cosa es una persona, titular de derechos y obligaciones. La moral laica ha permitido el proceso de liberación de la mujer del cual debiéramos dar un paso más. Una mujer que va a esa situación obligada en su conciencia por una situación económica, por una situación emocional, no va en un clima de diversión. Y pensar que esa conducta, además, deba penalizarse, es, a mi juicio un episodio que merece una condena moral y no debe sostenerse jurídicamente en nuestro país. *

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