El Senado adoptó una postura histórica y aprobó la despenalización del aborto
Con las barras colmadas de un público muy disciplinado y correcto, la sesión extraordinaria de ayer dio vuelta el resultado de la sesión anterior y la despenalización del aborto resultó finalmente aprobada por 18 votos favorables contra 13 negativos.
Antes de que Nin hiciera sonar la campana, me llamaron la atención ciertos cabildeos, idas y venidas, corrillos entre Larrañaga y Abreu por un lado y Mónica Xavier, Breccia, Margarita, Vaillant y Lorier por otro; hablaban entre sí y cada tanto consultaban un librito que sospecho sería el reglamento de la Cámara. Se me ocurrió que nada bueno presagiaban tales contactos febriles y mis sospechas pronto se vieron confirmadas.
En efecto, don Pancho Gallinal planteó una cuestión de orden: que se votara la reconsideración de la votación anterior. Si el proyecto aprobado (del que estaba excluida la despenalización del aborto) era rechazado, se pondría a consideración el primigenio con la despenalización incluida. Esto generó un cierto desasosiego y se pasó a cuarto intermedio para llegar a un acuerdo interpartidario.
Levantado el cuarto intermedio, se puso a consideración el proyecto de ley sin la despenalización del aborto, que cosechó 13 votos en 31 (lindo capicúa pa’ jugarle una redoblona), con lo cual quedó desechado. Inmediatamente después, se sometió a votación el otro (con los capítulos sobre despenalización del aborto reincorporados), y la votación nominal arrojó el siguiente resultado: 18 por la afirmativa y 13 por la negativa (te doy otro pa’ una tómbola). A favor votaron todos los senadores frentistas con excepción de Baráibar, el líder forista Julio María Sanguinetti y el aliancista Julio Lara.
Hubo fundamentos de voto, como por ejemplo el del líder de Con Todos Ruperto Long. El ingeniero alabó el debate de la sesión anterior (un debate ejemplar, con altura, con buen clima) y consideró que el asunto había sido laudado. «Este planteo de reconsideración no nos parece un hecho positivo», afirmó Long, y dijo que le recordaba las asambleas gremiales que se dilatan y se prolongan según quién esté presente, hasta obtener los votos necesarios. «Esto no le hace bien a la democracia ni al prestigio del Parlamento», concluyó.
Vaillant (Claveles Rojos, Espacio 609) respondió con respeto argumentando que en la sesión anterior se había votado en general y que se había pasado a cuarto intermedio, y que en ese lapso cualquier legislador tiene derecho a presentar aditivos y modificaciones al proyecto aprobado. «Era lo que pensábamos hacer, y si hemos votado la reconsideración, es porque era una propuesta del Partido Nacional y en un acuerdo político acordamos respetarla».
A continuación, fue el turno del doctor Alberto Cid, cuyo cambio de voto había generado gran expectativa. Todas las cámaras lo enfocaron y los flashes de los fotógrafos dispararon sus fogonazos cuando el uruasambleísta expuso los argumentos que lo llevaron a mudar de postura:
Volvió a explicar que su negativa a la despenalización del aborto se debía al propósito de evitar un enfrentamiento con el «compañero Tabaré». Reconoció que fue una actitud política y eso motivó que Asamblea Uruguay tratara el asunto y resolviera dejar en libertad de acción a quienes por razones de conciencia estuvieran en contra de la despenalización; pero consideró que las razones políticas no eran de recibo. «Comprobé que la inmensa mayoría de mis compañeros de sector estaba de acuerdo con el proyecto. Por lo tanto, consideré que debía revisar mi posición».
Entrando en la discusión particular, Luis A. Heber fue la voz cantante y discordante. Y Vaillant, Nora Castro (supliendo a Eleuterio), Margarita y Mónica tuvieron que refutar uno a uno los cuestionamientos del senador herrerista; incluso su correligionario Da Rosa hubo de explicarle los alcances de ciertas disposiciones. Cuando se analizó la disposición que promueve el acceso a técnicas de fecundación, y que habilita que una mujer pueda requerir asistencia en ese sentido, Heber saltó como un resorte diciendo que estaba en contra de la venta de semen (sic).
Finalmente, cuando se llegó al capítulo de despenalización del aborto, éste resultó aprobado, luego de tres rectificaciones, por 17 en 28 (Lara no estaba en sala). *
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