El corporativismo se acentúa por el peso de la ultra y la ausencia del Frente Amplio

Entre el gobierno y los sindicatos está la nada: el Frente se quedó sin política

En el mundo y en el submundo de la izquierda surgieron, en esta semana, distintas situaciones que muestran que algo se mueve. El ministro Víctor Rossi volvió a plantear la reelección del doctor Tabaré Vázquez y, a la vez, desde sus propias filas, Eduardo Pereyra (director de la IMM) dijo que Rossi tendría que estar en la lista de los precandidatos a la Presidencia de la República.

En Bitácora, suplemento de LA REPUBLICA, Esteban Valenti propuso que el próximo presidente del Frente Amplio sea electo en una consulta a padrón abierto, intentando con la propuesta sacar el relevo de Jorge Brovetto del marco de una resolución cupular.

Por primera vez en mucho tiempo, surgieron desde filas del gobierno acciones a favor de la nueva política trubutaria. En un comienzo fueron Danilo Astori y Ernesto Murro, a los que después se agregaron Alberto Barreix y Jerónimo Roca, asesores de la Comisión de Reforma Tributaria.

A la vez, la ultra, que durante 15 días preparó una demostración de fuerza en contra del gobierno con motivo de cumplirse los tres años de la victoria del Frente Amplio en 2004, fracasó estrepitosamente. Sólo juntó a 142 personas. Si bien la convocatoria oficial tuvo un superior marco de público, mostró que el Frente Amplio sigue desmovilizado.

En otro plano y ante la agudización del conflicto con AEBU (Banca oficial), la dirigencia frenteamplista comenzó a reflexionar sobre las causas de una conflictividad que no pocas veces se sale de madre. Una palabra comenzó a generalizarse entre los más destacados dirigentes: «corporaciones». Enrique Rubio, presidente de la OPP, dijo en LA REPUBLICA: «Hay un debate ideológico instalado en la sociedad que hay que seguirlo hasta las últimas consecuencias. Es este dilema que denominamos corporación-comunidad».

Con similar talante se manifestó el ministro de Trabajo, Eduardo Bonomi: «A veces se cae ante un gobierno de izquierda en reclamos corporativos y no programáticos. Yo les llamo reclamos programáticos a aquellos que están sustentados en la posibilidad de sostenerlos en el tiempo, porque se generan los recursos para ello. Sin embargo, al gobierno muchas veces se le reclama, no en el marco del cumplimiento del programa global para generar los recursos y por lo tanto la posibilidad de distribuir. Se reclama en el marco del interés corporativo por lo inmediato, por lo puntual».

El vicepresidente de la República, Rodolfo Nin Novoa, fue más lejos cuando dijo que «algunos sectores quieren tener un manejo corporativo de la educación», olvidándose que son una reivindicación histórica de la izquierda y del progresismo la autonomía y el cogobierno.

 

El fantasma del corporativismo

Este debate al que alude Rubio, no debe sorprender que sea formulado por un dirigente de la izquierda que ocupa cargos de gobierno y que como tal se siente cuestionado por ciertas actitudes que se expresan en el movimiento sindical.

Detrás de esta preocupación está el debate sobre el papel y la relación de los sindicatos y de la fuerza política, en un país gobernando por el progresismo donde los trabajadores (no los sindicatos) son columna fundamental de la fuerza política que accedió al gobierno.

Los sindicatos son, por definición y por historia, herramientas que crean los asalariados para la defensa de sus intereses más inmediatos. Son ante todo eso, por ello no debe sorprender que la reivindicación tenga, en la gran mayoría de los casos, una similitud muy grande con expresiones o manifestaciones corporativas.

Pero a la vez es verdad que en Uruguay los sindicatos, primero nucleados en la CNT y después en el PIT-CNT, tienen un programa y una propuesta de país que es confluyente y a la vez parte del programa del gobierno de Tabaré Vázquez. Pero de ninguna manera están supeditados a la fuerza política como ocurrió con el Partido Revolucionario Institucional (México) y el Justicialismo (Argentina). Esa es la independencia que tienen nuestros sindicatos y que es saludable, realidad que el progresismo debe cuidar, aunque haya protestas que no gusten.

Ese aspecto economicista de la herramienta (sindicato) se acentúa cuando la política se debilita y la fuerza política deja de trabajar junto a la gente, con propuestas e iniciativas. Por ello no debe sorprender que haya expresiones corporativistas en la sociedad, en la medida en que el Frente Amplio se ha debilitado a niveles alarmantes.

La fotografía del bloque del cambio muestra a un gobierno cumpliendo con sus compromisos electorales no siempre en una forma muy prolija, en el medio nada o casi nada, y los sindicatos en la base de esa imagen. Esa nada es el Frente Amplio.

Cuando se junta el economicismo, la ultra y la falta de una fuerza política que impulse la aplicación del programa acordado antes del acto electoral, se puede crear una situación de crisis generalizada. Si bien esto no ha ocurrido, hay elementos –como la agresividad de Adeom y de algunos sectores del sector público de AEBU– que encienden la luz amarilla.

El problema no está solamente en el corporativismo –insisto que es natural–, ni en la ultra que pesa poco pero que logró el apoyo de 2.000 bancarios reunidos en asamblea, sino en la fuerza política, en sus dirigentes que no se hacen responsables del gobierno, sino que aceptan las presiones de sus propias bases sectoriales.

También hay responsabilidades de algunos gobernantes que pecan de soberbios. Fernando Pereyra, coordinador del PIT-CNT y participante de la corriente moderada del sindicalismo, dijo hace pocos días en AM LIBRE que hay miembros del gobierno que «deberían ir a la Universidad para recibir un curso de relaciones laborales».

Hay, además, una confusión inmensa sobre el relacionamiento del gobierno y el Frente Amplio. Se ha llegado a decir que los gobernantes gobiernan y que los militantes de la fuerza política tienen que proyectar el futuro, elaborando una nueva propuesta programática para 2009. Surge, ante tal afirmación, una gran interrogante: ¿Cómo se puede elaborar la nueva propuesta de la izquierda para el próximo gobierno progresista sin tener en cuenta la experiencia de gobierno? A la vez, aparece otra pregunta: ¿Cómo se puede gobernar si no se sabe cuál es el palpitar de la gente ante las acciones del actual gobierno?

 

El Congreso del FA

Hasta ahora, la preparación del congreso del FA se ha reducido a conversaciones por lo bajo, para determinar quién será el próximo presidente de la fuerza política. Debate por abajo y a la luz pública no hay. Incluso se exhibe con orgullo que se haya festejado el tercer aniversario del triunfo electoral en 2004 sin discursos. Si esta es la nueva forma de hacer política, moderna y juvenil, se está ante una verdadera caricatura de la política.

En esta semana hubo dos artículos en LA REPUBLICA sumamente interesantes. Por un lado, Esteban Valenti proponiendo elecciones a padrón abierto para elegir al nuevo presidente del FA. A la vez, el senador Alberto Couriel escribió su columna habitual de los miércoles en LA REPUBLICA, reflexionando sobre cómo es la estructura del poder en nuestro país, bajo el gobierno progresista. ¿Por qué no circula este tipo de iniciativas y de análisis por todo el FA? ¿Para qué tienen el nuevo sitio web, si no es para facilitar el debate?

Seguramente este tipo de opiniones que no están en la agenda de las reuniones reservadas de los dirigentes no circule nunca. Pero lo peor es que desde las cúpulas nadie va a polemizar con ellas. Así está la izquierda, aunque algo se movió en los últimos días. Tanto se movió que Enrique Rubio y Julio Baráibar se pusieron el casco de bomberos y salieron, por suerte, a apagar el incendio en AEBU. *

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