Atchugarry, la tolerancia y los liberales

El pasado domingo 28 de octubre el ex ministro de Economía Alejandro Atchugarry, persona de bien por donde se lo mire, se expidió en un carta dirigida a LA REPUBLICA en la que expone su punto de vista sobre el intento de mandar al doctor Leonardo Costa a un Tribunal de Etica del Partido Colorado ­del cual fue convencional, hasta su reciente renuncia­, por haber sostenido en un trabajo académico de su autoría que la aplicación del IRPF a las jubilaciones «es constitucional».

En su argumentación, de típico corte liberal, sostiene «que el ser humano tiene derecho a la libertad por el simple hecho de serlo, no como una concesión del Estado u organización». «Es un sentimiento, una forma de vida, que va de la mano de la tolerancia, en tanto supone reconocer la libertad de expresión del otro, hermano en humanidad, por más que disentimos con él», agrega.

Al comienzo de su escrito reafirma su condición democrática y liberal, cuando recuerda que en el Congreso de Estados Unidos se lee: «No estoy de acuerdo en nada contigo pero estaré dispuesto a dar la vida para que puedas expresarlo».

En su argumentación Atchugarry compara la situación vivida por Costa, con la que estaría viviendo el fiscal de Corte, Rafael Ubiría, quien recibió críticas del ministro Danilo Astori por haber considerado que la aplicación del IRPF a las jubilaciones «es anticonstitucional» (postura discrepante con Costa).

Si bien los problemas del Partido Colorado y las diferencias que tienen entre amigos batllistas y liberales no son asunto mío, creo que vale la pena razonar con Atchugarry dado que el tema lo saca del ámbito partidario y los transforma en un debate nacional, lo que me parece justo, razonable, conveniente e interesante.

Asumido el riesgo, digo que no parece justo comparar la situación de Costa y de Ubiría, aunque en un comienzo me haya parecido que era válido, pero ejercitadas las neuronas he llegado a otra conclusión.

Al doctor Leonardo Costa se le quiso juzgar y que su conducta pasara a consideración del Tribunal de Etica del Partido Colorado, del cual nadie sabe quiénes son sus integrantes.

Al doctor Rafael Ubiría nadie lo quiso juzgar ante un organismo disciplinario, por lo menos por parte del ministro Danilo Astori.

Al doctor Leonardo Costa se le increpó porque su postura pudo haber estado influida por el hecho de que fue asesor de la ley que establece el IRPF a las jubilaciones. Asesoría paga por el BID.

En pocas palabras: a Costa se le acusó de pensar como lo hace, porque cobró dinero. Mientras que Astori jamás dijo ni insinuó la posibilidad de que las opiniones de Ubiría hayan estado influidas por «Don dinero» ni por intereses políticos partidarios.

Creo que el querido Alejandro Atchugarry no supo distinguir que las dos situaciones son absolutamente diferentes. En el caso de Costa hubo intento de linchamiento, en el caso de Ubiría lo que hubo fueron fuertes críticas por parte de Astori, que por cierto no resultaron ser mucho más fuertes que las que desató el «Z» (ex director de la DGI) cuando lo procesaron en primera instancia y sobre eso no escuché nada por parte de los liberales batllistas.

Pero voy a más y redoblo la apuesta. Atchugarry titula su carta muy bien:

«Libertad y tolerancia», perfecta síntesis del liberalismo, pero debió decir que es de ida y vuelta. No puede ser que uno sea liberal cuando se critica a un amigo y no se sea tolerante con el que critica al amigo.

Astori defendió sus tesis sobre el tema, en el acierto o en el error. Pero no agredió, aunque puedo reconocer que por su peso en la estructura del Estado puede llegar a influir sobre Ubiría, pero también convengamos en que Ubiría es mucho más poderoso que Astori, en tanto se llega a ese cargo por acuerdos políticos ­consensos le dicen ahora­, mientras que la presencia de Astori en el Estado sólo depende de la voluntad del Presidente de la República.

Astori en ningún momento planteó que Ubiría no podía hablar, en cambio sí lo hizo el convencional Alberto Iglesias cuando se refirió a la conducta de Costa: «Cuando se desconoce la posición de la Convención y se milita en contra, se atacan las bases de la democracia», dijo Iglesias. Le faltó decir: «Chin, pum, fuera».

Es de recordar que el Frente Amplio, que tiene una matriz marxista aunque la gran mayoría no lo sea, jamás planteó ni resolvió la expulsión de Líber Seregni y Danilo Astori que apoyaron la reforma constitucional que estableció el balotaje, verdadero aparato ortopédico para impedir que en 1999 el Frente Amplio accediera al gobierno.

En la historia del Frente Amplio no hay expulsiones en su historia por diferencias políticas, como creo que no lo había en el Partido Colorado hasta que se movió el mecanismo autoritario de expulsar a Costa, previo pasaje por el Tribuna de Etica.

Hugo Batalla (99), Francisco Rodríguez Camusso (MPF), Mario Rossi Garretano (MRO) y Jorge Zabalza (MLN) se fueron, discrepantes, por su propia voluntad. Nadie los expulsó. Es que los liberales y tolerantes, que no son sólo patrimonio de ciertos sectores minoritarios del Partido Colorado ­hay liberales y tolerantes en todas las tiendas, de la misma forma que hay jacobinos­ son parte sustancial de los pilares de nuestra democracia.

En el tema del fiscal Ubiría, a la izquierda sólo se le puede acusar de ingenua, que no es sinónimo de liberalismo y tolerancia. Sobre esto de no ser ingenuos el Partido Colorado, a pesar de inspirarse en la idea de que la historia de «la Convención es la historia de la libertad», sabe y tiene mucho para enseñarle al país y a las otras colectividades políticas.

En el final de su carta de renuncia a convencional del Partido Colorado, Costa hizo una fuerte denuncia sobre la débil actitud de su partido con hombres que estuvieron comprometidos con la dictadura cívico- militar.

«Habría sido deseable que tal impulso se levantara contra aquellos que trabajaron para la dictadura militar y luego ocuparon cargos partidarios y de gobierno», dijo el ex prosecretario de la Presidencia de la República del último gobierno colorado.

Lo confieso: estas palabras de Costa son la más dura crítica que escuché de un hombre colorado, que seguramente seguirá votando su partido, pero de eso Atchugarry no habla nada.

Repito: no es mi intención meterme en asuntos de otros. Tengo demasiados con los míos. Pero no acepto que el liberalismo y la tolerancia no sean reconocidos dentro de la izquierda, cuando Líber Seregni, Rodney Arismendi, Enrique Rodríguez, José Pedro Cardoso y Vivián Trías fueron paladines de la tolerancia y de la comprensión del pensamiento de los otros. Sin esos hombres, sin esas actitudes, nunca hubiera existido el Frente Amplio. *

(*) Maestro por vocación, periodista por necesidad.

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