Habría sido trasladado a la Comandancia General de la Armada

Desapareció cotizado óleo de la Embajada uruguaya en Argentina

Desde hace varios días LA REPUBLICA intentó que alguna autoridad explicara quién dio la orden para que ese óleo histórico que describe el combate naval de la flota de bandera uruguaya comandada por José Garibaldi contra la flota rosista dirigida por el Almirante Brown, que finalmente se quedó con la victoria, fuera trasladado con el mayor sigilo en valija dipomática, utilizando a Buquebús como medio de transporte.

Al parecer, el vicealmirante Pazos le dio la orden de traslado al agregado naval, capitán de navío Alberto Braida y fue éste quien la llevó a cabo utilizando el Buquebús.

Ninguna autoridad pudo dar cuenta de esa autorización, ignorándose si se cumplió con las exigentes condiciones que plantea el decreto del 20 de junio de 1941 sobre el traslado de obras nacionales.

Lo cierto se que el famoso y voluminoso óleo de Castellanos que enriquecía el arte, la cultura y la historia de nuestra embajada, exhibiendo con mano maestra un combate naval en pleno territorio donde se asienta nuestra legación, apareció por arte de birli y birloque, sin saber por qué, en el despacho del vicealmirante Pazos, en el quinto piso del Comando General de la Armada, para disfrute personal del Jefe de la Armada y escasas personas que lo visitan.

Lo que averiguó LA REPUBLICA

Cuando recibimos numerosas denuncias sobre el paradero de ese valioso óleo de Castellanos, de 1.80 metros por 1.50 metros que ornamentaba nuestra embajada en Argentina, nos encontramos que nadie sabía nada.

Hablamos en numerosas oportunidades con el Director del Museo Histórico Nacional, Enrique Mena Segarra, con el Director del Museo Nacional de Artes Visuales, Angel Kalemberg, con un vocero de la Auditoría Interna de la Nación (quien pidió no ser identificado) y en todos los casos nadie sabía nada sobre el paradero de ese cuadro histórico, ni sobre las causas de su traslado, ni sobre las autorizaciones y trámites que debieron realizarse por mandato de la ley vigente.

El Director del Museo Histórico informó a LA REPUBLICA luego que realizará varias diligencias, que ese óleo no integraba el inventario de su institución.

En términos similares se expidió el Director del Museo de Artes Visuales.

Un jerarca de la Auditoría Interna de la Nación, a su vez, explicó que dicho organismo no posee información al respecto. El funcionario consultado tampoco supo decir si la obra de Castellanos figuraba en el inventario de la Embajada uruguaya en Buenos Aires o si en algún momento la pintura fue trasladada.

Todas las restantes fuentes consultadas, tanto de empleados de la Embajada, como testigos presenciales de la existencia de ese óleo, no supieron explicar ni su paradero ni las razones de su traslado. Finalmente LA REPUBLICA obtuvo resultados parciales en su investigación.

Averiguó que el óleo de Castellanos tiene un valor de tasación de US$ 150.000, tasación hecha en 1993 y que fue retirado muy rápidamente en julio o agosto de 1999, del noveno piso de nuestra Embajada, para ser trasladado via Buquebús por valija diplomática al despacho personal del domandante en jefe de la Armada, quien lo luce en el quinto piso del Comando General.

No pudo averiguar ni los motivos del traslado, ni el origen de la orden, ni si se cumplieron los requisitos exigidos por la ley. Al hacer pública la noticia, LA REPUBLICA espera confiada que existirán buenas, legales y sobradas razones para justificar que el vicealmirante de la Armada, goce en soledad la excelente obra pictórica de Castellanos, reviviendo la derrota de Garibaldi frente a Juan Manuel de Rosas aliado de Oribe en aquella emergencia.

Por su parte, el capitán de fragata Saravia, integrante de la ayudantía personal del Comandante en Jefe, negó que un cuadro como el citado esté en dicha dependencia. Manifestó, en cambio, que sí existían numerosas obras, incluso varias pertenecientes al pintor Castellanos, pero ninguna con las características de «El combate de la Costa Brava».

Dijo no saber si la Armada recibió tiempo atrás algún cuadro proveniente de la Embajada de Buenos Aires o si alguna de las pinturas en poder de esa arma había sido trasladada recientemente a otro lugar.

Sin embargo, pese a esa afirmación, LA REPUBLICA habló con numerosas personas que vieron con sus propios ojos ese cuadro en el despacho del comandante de la Armada. Incluso, en la fiesta anual a la que concurren los más altos oficiales de las tres armas con sus esposas, y que este año se realizó en el piso 5ª de la Armada, en el despacho del Comandante que tiene un amplio salón contiguo, muchas personas lo vieron, admiraron y comentaron.

También estamos en condiciones de informar, que tras las averiguaciones de LA REPUBLICA, el cuadro fue retirado de ese despacho, ignorando si ha vuelto a ser ubicado en el mismo lugar.

También, las fuentes consultadas nos informaron, que las autorizaciones para el retiro de la obra de nuestra Embajada en Argentina no habían sido concretadas, pero que al día de hoy ante el temor de la difusión de la noticia por LA REPUBLICA, la autorización, aunque fuera de fecha, habría sido regularizada.

El óleo desaparecido

El misterioso óleo, que no pertenece a ningún museo, ni figuraba en el inventario de la Embajada uruguaya en Argentina, describe en forma contundente el combate de Costa Brava, sostenido en el río Paraná entre la flota de Montevideo, comandada por el italiano José Garibaldi, y la flota federalista del Brigadir Juan Manuel de Rosas y el Brigadier Manuel Oribe que sitiaba nuestra capital, comandada por el Almirante Guilermo Brown. El inmenso óleo de 1.80 metros por 1.50 metros describe el momento final de la terrible batalla, que culminó con la derrota de las fuerzas garibaldinas y unitarias. En el fondo del cuadro se aprecian varios barcos argentinos combatiendo con los navíos de Garbialdi que portaban banderas uruguayas.

Al frente, el cuadro exhibe la nave caitana uruguaya en llamas y a punto de zozobrar. Y en un primer plano se observa un bote con heridos a cuyo frente se ve la figura inconfundible de Garibaldi que lleva en su brazo, el pabellón uruguayo envuelto. La fuga de Garibaldi se produce cuando ya la batalla estaba perdida.

La batalla era esperada en el río Uruguay, pero Garibaldi intentó engañar a Brown y tomó por el río Paraná donde fue descubierto y obligado a medir fuerzas.

Cuenta la historia que Garibaldi utilizó los temidos brulotes, que eran dos botes unidos con cadenas, llenos de explosivos, que envió contra los barcos rosistas. Pero no pudo evitar la derrota.

Esa derrota inmortalizada por la paleta de Castellanos, hoy es propiedad exclusiva de los ojos de nuestro polémico jefe de la Armada Nacional.

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