ENTREVISTA: HERNAN PATIÑO MAYER (EMBAJADOR DE LA REPUBLICA ARGENTINA)

"Un pacto de silencio impide conocer el paradero de María Claudia García"

El embajador argentino fue ministro en Ginebra ante Naciones Unidas, y embajador ante la Organización de Estados Americanos (OEA) de 1991 a 1995. Se desempeñó como embajador en Uruguay de 1995 a 1998; pasó a cumplir funciones en la Comisión Administradora del Río de la Plata de 1998 al 2000. A partir de 2002, vuelve a ocupar la titularidad de la embajada argentina en nuestro país, y lo seguirá siendo hasta el 10 de diciembre próximo, cuando por mandato constitucional deberá renunciar a su cargo, con el cese de la gestión del presidente Néstor Kirchner.

El diplomático no tiene certeza de cual será su futuro, si será ratificado o no por el próximo presidente argentino. Existe el antecedente de que el ex presidente Eduardo Duhalde lo designó en el cargo en 2002, y al año siguiente, lo ratificó el actual presidente Kirchner. «Yo no puedo descartar esa posibilidad, pero tengo que trabajar sobre los hechos objetivos», dijo el embajador.

El texto siguiente es parte de la entrevista que mantuvo con LA REPUBLICA.

 

–Por lo que usted ha comentado, le gustaría seguir al frente de la embajada en nuestro país.

–Si de mí dependiera me quedaría. Fue el destino político más importante que he tenido en mi carrera diplomática, y en el que me he sentido más cómodo, independientemente de que estamos pasando momentos que no son los mejores. Por la importancia que tiene la embajada en sí misma y por la importancia que para la Argentina tiene la relación con el Uruguay, y por el afecto que tengo por su gente; incluso tengo una hija uruguaya de 9 años. Además, tengo una chacra de unas 8 o 9 hectáreas en Colonia Suiza, donde voy todos los fines de semana. Mantendré mi relación con Uruguay, independientemente de que siga siendo embajador o no.

 

–¿Qué luces y sombras tiene esta Argentina, conducida por la administración Kirchner?

–Lo primero que hay que decir de esta administración es que el presidente Kirchner consigue recuperar, partiendo de una base muy débil, la autoridad del Poder Ejecutivo. En un país que prácticamente estuvo al borde de la anarquía en 2001, toma el país en el año 2003, con una base electoral además muy acotada. Porque (Carlos) Menem, en una actitud prácticamente condenable, deserta, y tenía la obligación de presentarse en el balotaje. No se presenta para evitar lo que era evidentemente una derrota anunciada, y deja al presidente Kirchner con un electorado comprobable de poco más del 20% de los votos. Esto, con cualquier otro presidente, hubiera sido una debilidad que hubiera condicionado, sin ninguna duda, su futuro. Esto no fue así, y ese fue el primer gran mérito de Kirchner.

A partir de una base electoral muy baja, haber construido un poder que le permitió ejercer el poder con plenitud, el mandato constitucional como presidente de la Nación.

 

–¿Esta situación se debió a una impronta personal de Kirchner?

–Sin duda. Esto se debió a la voluntad y al carácter del presidente. No sé qué hubiera pasado si estuviera otra persona en esa circunstancia. Había una base electoral suficientemente débil como para dudar de la estabilidad de un gobierno. Hubo una reconstrucción de la institución presidente. No podemos olvidar que era tan débil esa figura, que el presidente Duhalde debió adelantar las elecciones por la muerte de dos militantes por parte de la policía, y anticipó el fin de su mandato en seis meses.

 

–La actual administración argentina orientó sus políticas a la temática derechos humanos, relacionados con desaparecidos, torturados y la represión.

–Ese fue otro gran tema de este gobierno, en el que se incluye la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final. En Argentina, estas dos leyes, sumadas a los indultos, nunca tuvieron la aprobación de la sociedad. Siempre el pueblo argentino estuvo disconforme con esa forma de clausurar las investigaciones sobre los hechos ocurridos durante la dictadura militar. Creo que ha sido muy sano para la salud moral de los argentinos que esas leyes fuera declaradas nulas por el congreso, y luego ratificada por la Corte Suprema de Justicia, y que se hubieran reabierto todas las causas judiciales que fueron clausuradas artificialmente por esta metodología durante las décadas de los ochenta y noventa. Hoy no hay ningún impedimento para llevar ante los tribunales a todos los responsables de violaciones a los derechos humanos. Incluso a los responsables civiles, de los cuales, muy pocas veces se habla, pero que han tenido una participación fundamental y una responsabilidad, tanto igual o mayor que la de los militares. Ellos sabían bien, que era necesario el exterminio de una generación para poder llevar adelante a partir de la década de los 70, un plan que permitiera terminar de manera definitiva, lo que Perón había construido como modelo de participación del pueblo y la clase trabajadora en el poder en la República Argentina.

 

–Sin embargo, cuando el ex presidente Carlos Menem indultó a los militares, no hubo en su momento, en Argentina, un rechazo total de la sociedad ante esta medida.

–Hubo encuestas en ese momento, y la mayoría de la gente estaba en contra del indulto. En el caso de Menem, a diferencia de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, él utilizó una herramienta constitucional que fue el indulto, y asumió la responsabilidad personal de perdonar penas. En el caso de las otras dos leyes, son peores, porque tuvieron toda la formalidad de un acto constitucional. Pero no, se hicieron encuestas, y la gente estaba en contra. No hubo grandes movilizaciones, pero permanentemente se mantuvo el reclamo por verdad y justicia en Argentina.

Es imposible construir la paz en una sociedad herida sin justicia. En eso coinciden todo. No se trata de venganza, sino de construcción de paz.

 

–En ese caso, el gobierno argentino va a seguir insistiendo por la desaparición de la nuera del escritor Juan Gelman, en territorio uruguayo.

–Por supuesto. Ese es un caso particularmente doloroso. Primero porque se trató de la desaparición de una ciudadana argentina en territorio uruguayo, y además, con una finalidad expresa de arrebatarle su hija (Macarena Gelman), para luego asesinarla. Es un crimen tan aberrante, y pone en evidencia hasta el extremo que podían llegar los represores, que nosotros seguimos insistiendo en la necesidad de que se investigue y se llegue al juzgamiento de los culpables. Reconocemos que en Uruguay, el asunto se ha complicado. Primero, cuando hicimos el pedido en el gobierno de Jorge Batlle, se decretó que el caso estaba dentro de la Ley de Caducidad; luego el gobierno de Tabaré Vázquez resuelve dejarlo fuera de dicha ley. Llegamos a un límite en que parecía que estábamos a muy poco tiempo de conocer, por lo menos, el destino de los restos de María Claudia García de Gelman. Lamentablemente no fue así, y aparentemente volvió a reinar un pacto de silencio, que hasta ahora ha impedido avanzar.

 

–Cuando se refiere a pacto, ¿a quiénes se refiere específicamente?

–A quienes saben. Alguien tiene que saber qué pasó con esta chica y quiénes son los responsables de su asesinato.

 

–¿En Argentina, quedó atrás esa imagen de hace unos años de vulnerabilidad económica?

–Se consiguió salir adelante de una de las catástrofes económicas, financieras y sociales, más grandes que vivió Argentina. Hoy, el país está creciendo por quinto año consecutivo a nivel de récord, con un 8,5% anual. Si llegáramos a crecer un año más, estaríamos batiendo todos los récords de la historia de la Argentina independiente. Desde 2002 hasta hoy, el PBI argentino creció casi un 50%. Hemos reducido las tasas de pobreza, que estaban por encima del 50%, hoy está en poco más de
l 20%. Las tasas de indigencia que estaban por el 27%, están reducidas al 10%. La desocupación está en el 7,9%. El crecimiento es espectacular. Pero todavía queda mucho por hacer. Hay un altísimo porcentaje de gente en la pobreza y en la indigencia. Tenemos deudas pendientes todavía en materia social. Es mucho más fácil crecer que redistribuir.

 

–¿Y eso cómo se hace?

–De lo que se trata es de que la riqueza que ingresa al país no quede concentrada siempre en las mismas manos. Parte de esto es la política de las retenciones. Si nosotros no estuviéramos sacando ese 20% a las exportaciones no podríamos redistribuir y aplicar esos recursos a los sectores a quien más lo necesita.

 

–Me imagino que el sector exportador se puso en pie cuando resolvieron hacerle esa retención…

–Sí, pero están ganando mucho dinero; la verdad es que los sectores exportadores, y especialmente los vinculados a las exportaciones de granos, aumentaron sus ganancias. Los precios internacionales se multiplicaron por tres y cuatro. En el caso de Argentina, los exportadores tienen un dólar alto y niveles de precios espectaculares.

Pero la preocupación de este gobierno es la redistribución de los ingresos. Queremos llegar a los índices que existían en la época de Perón, y que era un 50% para los trabajadores y el 50% para el capital. Lo que queremos es mayor y mejor calidad del trabajo. Este año en Argentina se están vendiendo 500 mil vehículos 0K, que ni siquiera se obtuvo en la década de los noventa.

 

–En el año 2001, la imagen de Argentina al exterior era la de los saqueos de los supermercados; ¿hoy cuál es la imagen que exhibe su país?

–Hoy día Argentina tiene otro tipo de conflictividad social. Es la conflictividad de los que tienen trabajo, por aumento salarial y tener una mayor participación en el ingreso nacional. Esto es absolutamente legítimo, es la conflictividad de una sociedad que se está curando. Ya no es la conflictividad de los que están excluidos o expulsados de la sociedad.

 

–En un tiempo se decía que en Argentina imperaba la tendencia a privatizar todos los servicios estatales, ¿hoy cómo maneja el gobierno la relación con la inversión extranjera?

–Para nosotros las inversiones son bienvenidas, salvo cuando vienen a especular. En ese sentido no hay ningún tipo de actitud ideologista frente a esto. No tenemos prejuicios. Lo que procuramos es que no pase como en décadas anteriores, que vengan a hacer dinero fácil y no dejen trabajo genuino. En la década de los noventa, algunas privatizaciones se hicieron bien, otras se hicieron más o menos, y otras se hicieron pésimamente mal, como fue el caso energético y particularmente con el petróleo. En tal sentido, el Estado está haciendo lo posible, por lo menos, tener un control sobre esas inversiones, como para tener cierta participación Estatal.

 

–Un tema pendiente para Argentina es el caso AMIA.

–El caso AMIA para nosotros sigue siendo una herida abierta. Murieron 85 ciudadanos argentinos y que involucra a una de las comunidades más importantes y respetadas de Argentina. El presidente Kirchner ha pedido perdón, en nombre del Estado argentino, por no haber progresado en tiempo y forma con las investigaciones para determinar las investigaciones. Todavía se sigue trabajando, y nuestro compromiso también es con la verdad y la justicia.

 

–Para Argentina, el reclamo sobre Malvinas es una constante.

–Permanente. Malvinas es parte de nuestro territorio nacional, y tenemos el compromiso de seguir trabajando para recuperar la soberanía por medios pacíficos y políticos. Desgraciadamente, la guerra de Malvinas fue un disparate desde el punto de vista estratégico, y nos llevó a una situación aun peor a la que estábamos. Eso con independencia del heroísmo con la que puedan haber luchado muchos de los que estuvieron peleando en Malvinas. La decisión política de la dictadura militar, que le quitó la soberanía al pueblo argentino, y que no le permitía ni siquiera opinar sobre las cuestiones más elementales de su vida, poco podía hacer para recuperar la soberanía argentina sobre Malvinas. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje