Justificó fuga del Uruguay: "Estaba amenazado de muerte, por eso me fui"

Cordero otra vez en el banquillo

Con el asesoramiento legal del doctor Julio Martín Fabero, y luciendo un pantalón color crema y una camisa celeste, Cordero, hablando un pésimo portugués, respondió con soltura las preguntas del doctor Krieger, consultando en varias oportunidades a su abogado. El lugar asignado a La Republica, al lado del doctor Fabero y frente al represor, permitió escuchar frases como «de esto ahora no vamos a hablar», o en este caso participó aquella mujer, lo dejamos para la próxima», las que eran manifestadas por el ex militar, en tanto el doctor Krieger procedía a redactar el acta de declaración.

 

» Nunca trabajé con militares argentinos»

El interrogatorio fue recorriendo todas las páginas del voluminoso expediente, y del mismo surgió la pregunta al respecto de si trabajó o no junto a militares argentinos, a lo que Cordero respondió: «Yo en la Argentina hice cursos en la Escuela Superior de Guerra, enviado por el Estado Mayor, pero nunca presté servicios. En esa época gané una beca a la que se podían presentar los capitanes, y accedí a ella mediante un concurso de oposición y méritos, no mandaban a cualquiera. Pero donde nunca estuve, ni conozco siquiera es en la Automotora Orletti, y parece que la prensa, en una operación organizada, se ha empeñado en ponerme allí». Al ser consultado por uno de sus sobrenombres, «Oscar», Cordero respondió que «eran codinombres, que se utilizaban para todos aquellos que estaban en la OCOA, de repente por la similitud de ambos nombres», expresó con una sonrisa en los labios.

 

Cordero y su banda

El doctor Krieger interrogó al represor al respecto de todas aquellas personas a las que de acuerdo a declaraciones y documentos probatorios, de acuerdo a lo expresado por el magistrado, acompañó en una «Asociación para delinquir», a lo que Cordero respondió que «con Gavazzo nunca trabajé, ni él a órdenes mías, ni yo a órdenes de él, y en la única oportunidad en que coincidimos fue en el V de Artillería en 1959, donde tuvimos el mismo destino, ambos alférez. A Jorge Silveira que es de Artillería casi ni lo conocía, nunca servimos juntos, es menor que yo y hubiera sido mi subalterno». Cuando se le consultó si conocía a Silveira por el apodo de «Pajarito», contestó que «no, ese apodo lo empecé a conocer a través de la prensa, yo nunca tuve confianza con él. A Ricardo Arab lo conocí en la Escuela Militar, era ingeniero y yo le llevaba muchos años, y lo que puedo agregar es que pertenecía al Departamento de Logística y desconozco si participó de alguna operación antiterrorista». Cuando se le consultó sobre su relación con el coronel Ernesto Rama, expresó que «nunca perteneció al SIDE, éramos muy amigos, y le puedo decir que no servimos juntos en el Ejército pero estuvimos ambos en la OCOA».

 

«La prensa jugó su rol»

El represor, acusado de delitos de lesa humanidad, hizo especial referencia a los medios de prensa los que, según él, «manejaron en forma inteligente una campaña en mi contra, vinculándome a Campos Hermida, colocándonos juntos en lugares donde nunca estuvimos. Por ejemplo, nunca conocí personalmente a Aníbal Gordon, sé que era argentino, y se hacía pasar por militar, y trabajaba en la SIDE, y hasta dudo de que fuera su verdadero nombre, supe mucho de él por la prensa». Cuando es consultado por la campaña que denunció en su contra, «la prensa jugó su rol, dando ‘manija’ y poniendo en riesgo mi vida, ya que comenzaron a amenazarme de muerte, a escracharme, a matarme mis animales domésticos. Esto lo atribuyo a la influencia que ejercen los integrantes del PVP (Partido por la Victoria del Pueblo), los que mataron, secuestraron y violaron y que en su mayoría están en el poder, comandados por el subsecretario de la República Vázquez, hermano del Presidente de la República». Casi al finalizar el interrogatorio, y al ser consultado sobre los motivos de su fuga, Cordero lanzó su última acusación: «Estaba enfermo y necesitaba atención; de repente fue una casualidad, pero del Hospital Militar desaparecieron cateterismos y demás exámenes que me habían realizado, y la sección en la que me atendía fue desarmada, por lo que me derivaron a centros de asistencia privada, los que no me daban garantías. Por eso me vine al Brasil, y hasta en Santana do Livramento sufrí un atentado en la casa de la Avda. Uruguay 1007, donde pintaron leyendas de muerte en mi contra». El abogado defensor del ex militar fue notificado por el juez federal del plazo de 10 días que comienza a regir a partir de mañana para la presentación de pruebas. El propio doctor Fabero se apersonó al magistrado, solicitándole mejoras en el lugar de reclusión de Cordero, manifestando que «en su celda no hay luz, por lo que reiteramos la solicitud del traslado de Cordero a la prisión de la Brigada Militar». La petición, que ya había sido presentada, está para la resolución del Supremo Tribunal. Al retirarse, y ante la solicitud de los medios de prensa presentes, de una entrevista, el ex militar expresó que «vengo rechazando entrevistas de varios medios de prensa, hasta de la CNN, pero no se preocupen, cuando todo esto termine, voy a tomarme todo el tiempo para hablar con ustedes», retirándose luego sin hacer más declaraciones, y con una fuerte custodia. *

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