El linchamiento antiliberal de Costa es una vergüenza para el Partido Colorado

La situación que se está produciendo en el Partido Colorado con respecto a Leonardo Costa es un acto de intolerancia, impropio de un partido que se autodenomine liberal. Esa intolerancia es antiliberal, antirrepublicana y sienta un peligroso antecedente.

El doctor Costa tiene todo el derecho del mundo a ser contratado como consultor técnico en la elaboración de una ley cualquiera, sea el gobierno de que se trate –ocupa justamente una cátedra de derecho tributario en una Universidad– y, en ese marco, dar libremente sus opiniones técnicas. Los autores de la ley pueden recoger las opiniones del técnico consultado o no. De hecho, me consta que el doctor Costa no comparte diversos aspectos de la reforma tributaria. Los autores de la ley habrán recogido algunas ideas del doctor Costa y otras no, como ocurre en todo colectivo de consultores.

Por otra parte, esté de acuerdo o no con la ley, le resulte buena o mala esa ley, se le consulta luego al doctor Costa como profesional y profesor sobre la constitucionalidad de la mencionada ley. Aquí viene todo el escándalo. El opina que –más allá, obviamente, de los beneficios o perjuicios que traiga la ley, porque la consulta ahora es de otra naturaleza– ella es constitucional. Mala o buena pero constitucional. Yo opino diferente a Costa. Creo que es una ley inconstitucional. Tengo nada más que una discrepancia entre personas civilizadas. Como ocurre en todos los partidos con cuestiones de naturaleza muy especializada. Pero yo tengo tanto derecho a pensar eso, como él tiene derecho a pensar lo que él piensa. Sólo a un antiliberal se le ocurre proponer mandar a un profesor de derecho al Tribunal de Disciplina y pedir su renuncia a la Convención colorada por brindar su opinión técnica en el campo del que es especialista. Están delirando.

Mucho más grave es haber votado el Sí del proyecto militar en 1980 como hizo uno de los censores de Costa o haber sido ministro del Interior cuando el apogeo de la Polibanda, cuyo dinero hurtado nunca apareció, como es el caso del otro censor del doctor Costa. No entienden nada del Partido Colorado. En los años 50, por ejemplo, el Partido discutió en varias Convenciones el problema del Impuesto a la Renta, al que me opongo, pero muchos correligionarios en esa época, ministros de Estado entonces, lo apoyaron. Y a nadie se le ocurrió mandar a nadie al Tribunal de Disciplina por ello.

El linchamiento de Costa es una vergüenza para el Partido Colorado. El doctor Costa se apresuró a renunciar a la Convención porque el Comité Ejecutivo no aprobó pase alguno al Tribunal de Disciplina y la Convención tampoco lo haría. Pero se entiende que su sensibilidad le haya llevado a ello. El Partido tendría que pedirle que reconsiderara su actitud. *

(*) Ex senador del Partido Colorado

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