Raúl Vallarino, escritor y ex gerente del Vapor de la Carrera, le puso proa a la modernización de la Biblioteca Nacional

"Tuvimos el peligro de perder parte de la historia al no cumplirse con el depósito legal"

–En la Biblioteca Nacional está la parte fundamental de la memoria colectiva de los uruguayos. ¿Se está a la altura de esa responsabilidad?

–Comenzamos a estarlo, porque cuando yo vine aquí fue por las ideas avanzadas que tenía el ministro Mercader, quien dijo que los uruguayos tenenos una asignatura pendiente con la Bibliteca Nacional. También dijo que no va a dejar la cartera sin revitalizarla.

Fue así que comenzamos a hacer algunas reestructuras. Nos dimos cuenta que la Bibliteca estaba olvidada. Por eso creamos la Asociación de Amigos de la Biblioteca Nacional, integrada por empresarios. Ya vamos a integrar a los notables de la cultura que den su aporte.

Nuestra idea es transformar a la Biblioteca en editora. Antes de fin de año, ahora que se cumplen los 100 años de José Enrique Rodó, saldrá una edición de Ariel comentada por los propios investigadores de la Biblioteca Nacional.

También hemos hecho un convenio con la Bibliteca Nacinal Chilena para publicar en conjunto un epistolario entre escritores uruguayos y chilenos. Allí van a estar Gabriela Mistral, Rodó, Neruda, Delmira Agustini, entre otros.

Está en nuestros proyectos hacer un certamen de cuentos cortos fantásticos para jóvenes de 14 a 18 años. Los diez mejores cuentos seleccionados por un jurado van a ser publicados, además de los premios.

–Un problema de la Biblioteca es que la gente la siente ajena, distante.

–De acuerdo, por eso queremos acercarla a la gente. Dentro de eso tenemos previsto hacer una muestra que se va a llamar «Los manuscritos de nuestra historia». Nosotros aquí tenemos depositados los manuscritos de los grandes, como Quiroga, Juana de Ibarbourou, Onettii o Vaz Ferreira. En algunos casos sus objetos personales y sus fotografías. Todo esto va a estar en la exposición.

–¿Van a entrar al mundo de Internet?

–Vamos a inaugurar nuestra página web. Los técnicos del Ministerio están trabajando para darle forma a una página web que va a ser espectacular. Allí van a estar todos los datos necesarios para poder saber qué hay dentro de la Biblioteca, lo que va a permitir relacionarnos con todo el mundo.

Estamos perfilando cambios importantes. Hay que saber que desde hace más de un año estaba fondeado en el puerto de Montevideo una donación del gobierno del Japón, que consiste en equipos de microfilmación y de restauración y recuperación de documentos. Estos elementos técnicos son parte primordial para encarar la reestructura. Vino un técnico de Japón, adiestró al personal y ahora estamos en la parte práctica. Esto nos va a permitir microfilmar los diarios, pero a la vez tenemos la posibilidad de que el usuario se lleve en papel, en forma instantánea, lo que esté viendo en la pantalla.

La Asociación de Amigos aporta un scanner de alta definición y unidades grabadoras de CD Room, que va a permitir poner a la venta CD con imágenes, por ejemplo, de Montevideo antiguo. Tenemos más de 12 mil fotografías. También podemos hacer otro con Paysandú del siglo pasado, así como con otros departamentos. Todo acompañado por textos de los investigadores.

También vamos a tener una boutique para la venta de objetos de carácter histórico, como ocurren en todas las bibliotecas del mundo. Se va a ofrecer a los usuarios reproducciones como el afiche del primer mundial de fútbol o de la plaza de toros de la Unión.

La idea es tener una Bibliteca muy abierta para toda la población, porque hoy hay mucha gente que pasa por la puerta y tiene miedo de entrar porque no sabe lo que le pueden pedir. Acá todo es gratis.

–¿Quién puede venir a la Biblioteca Nacional?

–Todo el mundo. Sólo hay que traer la cédula de identidad. Aquí está la historia nacional. La Biblioteca Nacional, institución que nos legó Artigas, tuvo como primer director al presbítero Dámaso Antonio Larrañaga. Fue Artigas el que dijo en Purificación en 1815: «Yo jamás dejaría de poner el sello de mi aprobación a algo que sea importante para el interés público y considero que los beneficios de una biblioteca pública…».

–¿Qué rubros predominan más, la parte de las letras, la parte de la ciencia?

El material es múltiple. Uno de los primeros puntos que asumimos fue el del depósito legal, que es por donde se nutre la Biblioteca. Toda publicación, ya sean libros, folletos, revistas, diarios que se editan en Uruguay, debe cumplir un trámite gratuito y obligatorio por ley, que es el del depósito legal. Se deben depositar cuatro ejemplares de lo impreso en la Biblioteca Nacional. Dos son para la Biblioteca, otro para el Palacio Legslativo y otro para la Universidad de la República. Y esto no se venía cumpliendo por parte del 90% de las empresas que realizan publicaciones. Desde 1973 que no se realizaban inspecciones a las empresas, por eso acá depositaba el que tenía ganas. Esto perjudicó el acervo cultural de la nación, con el peligro de perder parte de la historia. Ahora hemos hablado con los impresores y están recibiendo camiones de materiales publicados.

–¿Hay posibilidad de aplicar multas?

Sí, la ley prevé multas, pero a nosotros no nos interesa. Lo que queremos es recuperar el libro o el afiche que se perdió. Hubo empresas que ya no tenían copias y salieron a comprarlas y eso es lo que queremos.

–Durante el período de la dictadura e incluso ahora hay mucha producción uruguaya en el exterior. ¿Van a salir al rescate de lo que anda perdido por el mundo?

–Nos estamos vinculando con las bibliotecas de Latinoamérica para pedir esas publicaciones. Pero, además, en la nueva ley de depósito legal le estamos pidiendo a las editoriales extranjeras que tienen sede aquí que todo lo que se publica en el exterior de autores uruguayos, esos ejemplares también se entreguen en la Biblioteca.

Ya nos visitó hace muy pocos días al nuevo director de la Biblioteca Nacional de España, con el que establecimos convenios, y estamos trabajando, por primera vez, en proyectos conjuntos. Esta línea de trabajo la vamos a extender a toda Europa.

–Usted se refirió a las nuevas tecnologías que están dispuestos a incorporar. ¿Llegan a la Biblioteca los CD que se publican?

–Algunas empresas editoras que están trabajando con los CD, ya están entregando sus productos, aunque no exista una legislación al respecto. Hay buena voluntad de mucha gente.

–Mucha gente ha querido inscribir revistas electrónicas, darles un marco legal, y se ha encontrado con que hay un vacío.

–Nos está faltando la legislación para muchas cosas, porque los cambios comunicacionales han sido muy rápidos. El ministro Mercader está dispuesto a jerarquizar todo eso, porque está haciendo una fuerte apuesta a la ciencia y a la tecnología. En cada reunión Mercader habla de la ciencia y la tecnología y esto lo está impulsando. Esto es real y tangible.

Otra de las asignaturas pendientes, como dice el ministro muchas veces, es la Biblioteca Nacional. Para ello hay que jerarquizar su infraestructura y a los funcionarios.

–Eso es interesante, porque la Biblioteca Nacional ha sido, por muchos años, una zona conflictiva del Estado.

Sí, sí, sí… Estamos buscando otros mecanismos no presupuestales para resolver la situación de los funcionarios. Incluso también se está haciendo esto por medio de la Asociación de Amigos. Un porcentaje de la boutique de ventas que irá para los funcionarios. También están previstas muchas acciones para jerarquizarlos.

Una idea del subsecretario Cardoso es realizar una revista mensual editada por la Biblioteca Nacional y la DirecciÃ
³n de Cultura del Ministerio, que contenga los trabajos de los investigadores, ensayos, información. Va a ser de distribución gratuita.

También va a haber acciones directas para jerarquizar a los funcionarios. Hoy estamos en condiciones de comercializar al exterior todo lo que nos pidan de materiales, gracias a esos equipos que donó Japón. Los funcionarios van a llevar un porcentaje de esas ventas. Y esto no se hizo, a pesar de que existen leyes y decretos que amparan todo esto.

–Aparte de mejorar la situación económica de los funcionarios, sospecho que éstos también deben de querer involucrarse afectiva y organizativamente. ¿Es así?

–Lo primero que hice fue reunirme con el sindicato. Un sindicato cuyas iniciativas han sido largamente postergadas. Hay funcionarios con 30 años de trabajo que veían desfilar las distintas administraciones, pero nadie les facilitaba la posibilidad de dar una idea.

Mi política es de puertas abiertas: acá no hay que pedir audiencia para hablar con el director. Los he recibido, los he escuchado, me han hecho propuestas, hemos discutido, en algunas cosas nos hemos puesto de acuerdo para buscar soluciones. Desde el primer día tengo una inmejorable relación con el sindicato y con el gremio, incluso con aquellos que no están en el sindicato. Estamos trabajando juntos. La Asociación de Amigos estará integrada, también, por un funcionario que controle todo lo que entra y todo lo que sale.

–¿La infraestructura es la adecuada?

–Estamos faltos de espacio. Una de las ideas que maneja el ninistro, a quien le dicen «el ministro de los milagros», es adquirir el edificio del Liceo Francés, que se muda al Buceo. Sería ideal y natural, porque lo tenemos a unos pasos.

–¿Puede ser con apoyo internacional?

Puede ser.

–¿Puede ser de Francia?

–Puede ser de Francia, de su Ministerio de Cultura. El ministro Mercader estuvo en estos días en Francia, pero no sabemos todavía los resultados.

«Mi perro es el que me da las ideas para mis libros»

–¿Cuándo incursiona usted en las letras?

Yo trabajé en el exterior, en Asturias, para publicaciones españolas. Hice las corresponsalías para España, después para la agencia Parisien y luego entré en el mundo de los escritores.

En 1994 publiqué mi primer libro, «Síndrome», con el cual después realicé en 1995 un guión para una miniserie norteamericana. Mi trabajo gerencial en el Vapor de la Carrera me permitió conocer la historia de estos vapores, con una historia de más de 170 años. Una historia que involucra a la Argentina y a nuestro país. Esto me llevó a escribir el libro «Historias del Vapor de la Carrera». Este libro fue una de mis satisfacciones más grandes porque pude volcar en él esos 14 años en esa empresa. Me fui interesando y me di cuenta la importancia que tuvo Uruguay en la creación de esa línea.

–¿Por qué se llamó Vapor de la Carrera?

A mediados del siglo pasado no existía una reglamentación que dijera que el barco debía salir a tal hora y con tal frecuencia. Los capitanes, que por lo general eran los empresarios, visitaban los cafetines del puerto y llevaban a quienes querían ir de tripulantes. Muchas veces llevaban gente de mal vivir que terminaban robando a los pasajeros. Incluso matándolos para robarlos.

En Buenos Aires estaba el Vapor Villa del Salto, una empresa uruguaya, y el Vapor América que salían a la misma hora, «corriendo», para llegar primero a Montevideo y volver a Buenos Aires para buscar a más gente. En realidad corrían carreras. En una de esas carreras se produce la gran catástrofe de 1871 con el hundimiento del Vapor América entrando al puerto de Montevideo.

–El último capítulo de su libro está dedicado al retorno de Wilson Ferreira Aldunate. ¿Cómo recuerda aquel día?

Fue el momento más emocionante de mi vida. Haber compartido ese viaje, que se inició el 15 de junio de 1984 en Buenos Aires, es inolvidable. Todo lo que vivimos en ese viaje son cosas imborrables. Es que Wilson, para mí, fue un grande y con sus actitudes decididas, firmes, en todo lo que fue el viaje, en todo lo que ocurrió, demostró su calidad de líder y de caudillo.

–Deme un solo hecho de ese viaje con Wilson…

–Recuerdo que cuando estábamos en el puente de mando, en la mañana, cuando ya nos estaban por abordar, Wilson se puso a conversar con el capitán del barco y con los baquianos. En cierto momento empezó a emplear una terminología marítima, dando a entender que conocimientos tenía. Después de hablar… «derrotero», «latitud», «longitud», le preguntamos cómo conocía tanto. Nos dijo que estando en España tuvo tiempo libre y lo aprovechó para hacer un curso de patrón de embarcación. Por eso nos dio cátedra. Ahí le dije que «el capitán Rojas, nuestro capitán, se estaba por jubilar y que el día que se jubilara lo podríamos tener a él al frente del barco como capitán».. Su respuesta fue concreta: «Con mucho gusto».

–Usted, alguna vez, ¿condujo un barco?

–No, no (se ríe). Cuando ingresé a la empresa no sabá nada, pero después de 14 años aprendí hasta a arreglar un motor. Todo con base en el impulso de querer conocer, aunque mi trabajo era administrativo en la empresa. Fue así que comencé a vincularme al mar, al grado que hoy soy el representante en Uruguay de la Fundación Cousteau. Mi libro fue elegido por esa fundación como homenaje al mar. En Colombia se eligió el de Gabriel García Márquez, «Relato de un Náufrago». Incluso se hizo un monumento gigante con la carátula de ese libro. Y aquí en Uruguay se hizo el monumento gigante con el libro «Historias del Vapor de la Carrera», que está firmado por mi segundo nombre y segundo apellido.

Ahora estoy terminando un libro que se llama «La mujer del retrato», que es una historia de la guerra civil en Asturias. Previamente va a salir un libro en bable, que es la lengua asturiana, una novela que juega mucho con el absurdo y que se desarrollo en los años 30, cuando Uruguay es el primer campeón mundial. Se llama «El sueño del centreforward». Habla de un niño que no sabe jugar al fútbol y que por ello se siente despreciado. Por eso inventa, durante dos años, un sistema que lo practica solo y se transforma en un gran jugador. Pero como se había preparado solo no sabe pasar la pelota. Es toda una historia fantástica, por el absurdo. Estamos viendo si en Argentina no se puede hacer un guión para una película.

–¿Vallarino sabe jugar al fútbol?

–Sí, fui arquero y llegué a jugar en Mar de Fondo. Yo jugaba de centrodelantero, pero un día me dice el director técnico: «Mirá, pibe, para delantero tengo quince jugadores; arquero ninguno». Acepté y en ese primer partido me hicieron ocho goles. Como me dijo un amigo: «Ha recogido una gran experiencia y goles» (se ríe). Ese día salí de la cancha con una gran vergüenza, pero vino alguien y me dijo: «Pibe, no te preocupes, fuiste el mejor jugador del equipo». A pesar de ese aliento yo tenía miedo de preguntar cuándo tenía que volver, pero vino el director técnico y me dijo: «El domingo vení, porque si no jugás vos nos hacen veinte goles» (vuelve a reírse).

–¿Tiene un sistema para escribir?

Escribo en computadora, de noche, tarde. Tengo un compañero inseparable para mis horas de escritura, mi perro, de 19 años de edad, de nombre Poky, que se acuesta a mi lado y no me abandona. Un amigo cuando ve al perro tirado junto a mí siempre dice que el perro es el que me da las ideas para mis libros (se ríe).

«El día que me vaya…»

–Cuando
se entra a estos cargos se sabe que en algún momento se va a ir. ¿Qué le gustaría dejar?

–Me gustaría dejar la Biblioteca Nacional jerarquizada y no como estuvo hasta ahora. Que realmente sea una fuente de consulta para todos los uruguayos y que los funcionarios estuvieran jerarquizados.

Lo único que quiero es, el día que me vaya, poderle darle la mano a todos los funcionarios e irme tranquilo. Esto sería lo más importante

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje