ENTREVISTA: ELEONORA BIANCHI, DIPUTADA DE LA VERTIENTE ARTIGUISTA, FRENTE AMPLIO

"Creo que los empresarios uruguayos han sido fuertemente conservadores"

–Hace poco que usted ingresó al Parlamento y, sin embargo, ya se ha incorporado a varias comisiones con compromisos muy grandes. Una de ellas es la de Legislación del Trabajo. Desde esa perspectiva, ¿qué análisis le merece el actual nivel de conflictividad, sobre todo en el sector público? Mujica dijo que esto pasa porque «es un boleto hacerle un paro a un gobierno de izquierda». ¿Viene por ahí la cosa o usted percibe otros aspectos a considerar?

–Creo que hay algo de eso y un poco más. Por un lado, se ha legislado para permitir a los trabajadores agruparse. Dicho mejor: se ha aprobado una ley que promociona la sindicalización, con claro respeto de los derechos de los trabajadores, luego de años, incluso ya restaurada la democracia, donde la organización sindical no fue especialmente promovida. Al contrario, muchas veces fue desestimulada por la actitud de las patronales, generando temor en la gente y haciendo perder la continuidad sindical. Entonces, al sentir ahora el trabajador que están respaldadas algunas libertades que no había ejercido, ha retomado una suerte de aprendizaje. Porque este país tuvo muy importantes sindicalistas –desde Pietraroia en la Umtra a Héctor Rodríguez en los textiles–, que a lo largo del tiempo fueron haciendo una escuela de sindicalismo. Esa escuela se vio cortada por distintas causas, la primera la dictadura. Luego, con la reorganización sindical, vino una nueva generación que fue haciendo experiencias interesantes. Pero durante la década de los 90 nuestro país sufrió una crisis muy fuerte en la industria, que causó que muchas empresas cerraran, con el consecuente desempleo, y por lo tanto con una fuerte desregulación en todo lo que tenía que ver con lo sindical y el trabajo. Eso nos hizo perder acumulación. Que este gobierno esté trabajando para hacer otra acumulación en materia de derechos de los trabajadores, también permite incorporar nuevos sectores jóvenes que se quieren organizar y que prácticamente no tienen experiencia. Eso puede ocasionar, en determinado momento, algún exceso o alguna ansiedad por resultados en el corto plazo, que no siempre son posibles. ¿Y qué desencadena? Bueno, en ciertos casos dar pasos más largos que lo posible y generar una conflictividad mayor. Por otro lado, vivimos en un país donde los ingresos de los trabajadores eran muy bajos; adecuarlos a la realidad lleva a un esfuerzo, tanto por parte del gobierno como de los empresarios, y no siempre los intereses razonables de los trabajadores van a coincidir con los intereses en algunos casos de las empresas y en otros del Estado. La negociación no es sencilla y a veces se toman medidas tal vez demasiado drásticas: por ejemplo, algo que podría empezar por un paro empieza por una huelga. Es un tema complejo que no puede ser visto desde un solo lugar.

Resultados contradictorios

–En ese escenario que usted ha descrito, hay dos ámbitos que parecen contradecirse en sus resultados. Por una parte, la instalación de los Consejos de Salarios, cuyo balance, más allá de algunos espasmos, parece positivo. Y por otra, la llamada Concertación Nacional Programática entre gobierno, trabajadores y empresas, por la cual se crearían más de 30.000 puestos de trabajo, y que hoy, por el portazo dado por los patrones, está virtualmente en estado de coma.

–Los Consejos de Salarios son un avance significativo, no sólo por el ámbito de negociación sino por el crecimiento del ingreso de los trabajadores. Si uno compara el ingreso de hoy, en relación al costo de vida, incluyendo la aplicación del IRPF, se ve que aquellos trabajadores que menos aportan, o no aportan, han quedado con salarios sensiblemente mejores a los anteriores. ¿Cómo se compatibiliza esto con lo que pasa en la Concertación? Es complejo porque los actores son muy distintos. Este gobierno tiene interés en la creación de puestos de trabajo vinculados, no exclusivamente, con el área de los servicios, que por lo general tiene salarios más bajos, sino también con mano de obra agregada en áreas productivas relevantes. Todavía tenemos dificultades en definir con claridad cuáles son aquellos nichos de mercado –internacionales, porque en realidad no tenemos un mercado interno tan grande– donde desarrollar precisamente ese tipo de emprendimientos de calidad. Si le sumamos la interacción natural del mercado exterior, causa complicaciones. ¿Por qué? Nosotros podríamos ser competitivos en el área textil, por ejemplo. Tenemos una mano de obra calificada…

–Pero ahí entra el proteccionismo…

–Exacto, nos mata el proteccionismo de los otros países, que muchas veces nosotros no aplicamos en lo interno. Nos mata también la aparición de empresas textiles de China, con costos muy bajos, que invaden el mercado, incluyendo a nuestro propio país. Por otro lado, quizás falta que demos algunos impulsos especiales a industrias como la textil, para que compita mejor en ese mercado tan complejo y, sobre todo, en mercados como el alemán, el italiano…

–Sí, más selectivos…

–Precisamente, son más selectivos. Me parece que por ahí tenemos terreno sobre el cual avanzar. Además, creo que los empresarios uruguayos también han sido fuertemente conservadores, y no lo digo de modo despectivo, nunca han arriesgado demasiado sus propios capitales y, por lo tanto, hasta que no ven muy segura su inversión no dan pasos demasiado largos ni audaces. Permitir que ambos intereses se encuentren, más el interés de los trabajadores que luchan por un salario digno, exige ceder desde todos los lugares. Es verdad, a veces se vuelve difícil, pero no es imposible.

–¿Y qué papel juega el Parlamento en eso? Porque a veces da la impresión de que todo se resume al Poder Ejecutivo, los empresarios y los trabajadores.

–Sin duda tiene un papel y siempre puede jugarlo mejor. El Parlamento, de alguna manera, tiene la posibilidad de estar en contacto directo con todas las partes tratando de generar puentes de negociación que son imprescindibles. Porque muchas veces, dependiendo del lugar donde a uno le toca estar, cuando un compañero nuestro está en el Ejecutivo sin duda tiene la obligación de defender el programa de gobierno; por otro lado, están trabajadores y empresarios que defienden legítimos intereses. Entonces, el Parlamento puede jugar un rol de acercamiento. Nosotros también tenemos la obligación, como legisladores del gobierno, de ir con un programa determinado. Sin embargo, podemos generar las discusiones necesarias con los compañeros del Ejecutivo para ver de qué otra manera se puede mirar una situación, adecuando todos los factores en juego: los intereses del gobierno y también la realidad.

El Uruguay Productivo

–Hablemos ahora del Uruguay Productivo, que me parece tiene mucho que ver con todo lo que venimos hablando. Ahí aparecen, simplificando, dos visiones: una, la del Uruguay volcado al exterior, para tal vez contar con más posibilidades de crear empleo calificado; otra, el mercado interno, sin el cual da la impresión de que no podríamos encontrar un equilibrio sostenible. Ese mercado interno, que también genera empleo, puede existir si hay un plan concreto para definirlo y respaldarlo, relacionándolo de manera adecuada con el país que se vincula más al exterior. ¿Ahí tenemos un debe?

–Y, bueno, sí. A ver: hoy estamos a la mitad del período de gobierno. Ocurre que el equilibrio del mercado interno está en relación no sólo a puestos de trabajo vinculados a la industria, sino a la infraestructura. Generar puestos de trabajo para el desarrollo de la infraestructura permite, por ejemplo, que se mueva la construcción, que tiene un gran poder multiplicador, desencadenante de actividades conexas en el mercado interno. En eso se está: se ha ido procurando realizar distintas licitaciones para generar puestos de trabajo vinculados a la infraestructura, a la obra
pública. En la obra pública está la posibilidad de generar un empleo no calificado que también importa en este momento. Lamentablemente hemos sufrido la desaparición de la cultura del trabajo. Tenemos muchachos jóvenes que no han podido hacer sus experiencias laborales, pero también hay mucha gente grande expulsada del mercado laboral. Y cuando uno es expulsado del mercado laboral en períodos cortos, después es más fácil el reintegro. Pero cuando pasa durante años, es mucho más complicado. Ese trabajador se atrasó, perdió habilidades. A esas personas las tenemos que reinsertar en tareas que no exijan gran calificación. ¿Porque no pueden adquirirla? No. Es porque necesitan reingresar a la cadena laboral o hacerlo por primera vez. Pasa con las mujeres –que ahora por suerte tienen mucho más calificación educativa– que han dedicado su vida a la familia, por lo menos a partir de cierto momento, y se tienen que reincorporar al trabajo; necesitan actividades más sencillas.

Volver al campo

–Hay una hipótesis que yo he manejado: si Uruguay no vuelve a reinstalar dos tercios de su población en el campo, de modo productivo, no es viable. Se lo planteo porque hasta ahora podemos haber dejado la impresión de estar hablando sólo de trabajo urbano. Y ha habido un proceso extraordinario de expulsión de familias del área rural hacia los cinturones de miseria de los centros urbanos. ¿Hay algún plan para cambiar esta realidad?

–Me parece que Uruguay, por las posibilidades que tiene, podría intentar algo que en los últimos años se ha estudiado mucho: el desarrollo local. Pensar las potencialidades que tiene el país en el conjunto de su territorio y, por tanto, también en el área rural. Esa área puede ser utilizada para la agricultura, la ganadería, la manufacturación. Vea que ahora, con la instalación de empresas de origen forestal, se empieza por el talado de la madera y después se va a la reconversión en, por ejemplo, muebles. Podríamos desarrollar en el interior una nueva industria del mueble nacional… ¡si este país la tuvo durante años y la fue perdiendo! Pero también podríamos pensar en hallar circuitos turísticos en el interior, combinándolos con circuitos agroindustriales, agroartesanales y hasta culturales. Es cierto: al decir de varios estudiosos del tema, nuestro país se ha convertido en un «país cáscara», en el cual la población se ubica en el litoral, sobre el río de la Plata y en parte del Atlántico. El centro nos ha quedado vacío. No sé si podremos volver a las actividades tradicionales que se desarrollaron por años. Porque pensándolo bien, siempre tuvimos, en el Uruguay rural, actividades de carácter extensivo y no intensivo. Mucha cría de ganado, que luego termina en los frigoríficos, pero… Los grandes desarrollos agrícolas en el país han sido en el entorno de Montevideo. La capital abastece a casi el 80% del mercado hortofrutícola…

–Está bien, pero le voy a dar un ejemplo para establecer otra visión. Este país afincó en el campo a muchísima gente, muchísimas familias, gracias al tambo chico y a la granja. El tambo chico ha sido comido por la concentración y también la granja vio modificada sus características primordiales. Hablando del desarrollo local, ¿la descentralización podría ayudar a revitalizar, como reafincadoras en la tierra, a esas actividades?

–Usted señaló una cosa en la que el Ministerio de Ganadería está trabajando fuertemente: potenciar a Colonización para entregar tierras a familias de productores chicos. Eso está muy vinculado a lo que usted decía. Y pongo otro ejemplo, que es muy exitoso hoy, y tiene ese origen: todo lo que está ocurriendo en Bella Unión. El desarrollo de la plantación de caña para producir azúcar. ¿Cómo surge esto? A partir de una interesante colonización de muchos pequeños chacreros, que comienzan a producir caña, bueno, en el siglo pasado. En algún momento fue un polo de desarrollo, después alguien decidió que no era rentable y, sin embargo, hoy es una experiencia muy exitosa.

Estoy de acuerdo: la descentralización, en tanto vaya generando polos de desarrollo local, puede resolver esto. Incluso volver a la «marca» ¿no? La marca de… tal región. Es posible. Tenemos esa oportunidad. Sin desconocer que la otra actividad industrial, de mayor envergadura, es igualmente generadora de empleo a nivel local.

El conflicto municipal

–Cierro el tema laboral con una apelación a su pasado reciente de directora municipal. Estamos asistiendo a un renovado conflicto entre Adeom y la Intendencia capitalina. Usted tiene experiencia. ¿Dónde está la clave del asunto? ¿O es algo de nunca acabar?

–La experiencia de tantos años en la Intendencia me ha dejado muchos aprendizajes. El primero de ellos es el reconocimiento de un porcentaje altísimo de funcionarios municipales que, efectivamente, están comprometidos con su tarea, han logrado muchos de los cambios que hoy exhibe la comuna y han influido en la mejora global de la gestión. Podría poner muchos ejemplos: uno al que estoy muy vinculada y quiero profundamente, que es el área del alumbrado público. Podría hablar también de los Centros Comunales, del vínculo establecido con la gente. Pero también está la contracara. Algunos servicios que quizás no se estén cumpliendo a satisfacción del contribuyente, pero por sobre todo la alta conflictividad. El sindicato, hoy, puede entender que está haciendo demandas que corresponden. No voy a opinar sobre eso. Pero sí voy a decir quiénes son los que proveen el dinero para pagar el salario de los municipales: los ciudadanos de Montevideo, que hacen un enorme esfuerzo para estar al día con el pago de sus tributos y merecen un buen servicio y sostenido, lo que en este momento está peligrando. En este momento, los trabajadores municipales –que no era así cuando el Frente Amplio tomó el gobierno municipal en 1990– tienen un salario digno. Incluso, si hoy están planteando que no quieren ser afectados por el IRPF, eso refuerza lo que estoy diciendo. Están muy por encima de lo que gana el 80% de la población del país. Deberían plantearse una cierta solidaridad con el resto de la población. ¿Por qué esta demanda tan fuerte que hacen ahora? Bueno, creo que todos los gobiernos tenemos una obligación: ir equilibrando lo que son las demandas de los trabajadores con las posibilidades reales del presupuesto. A partir de 1990 hubo aumentos muy importantes de salarios municipales. ¿De qué manera? Por la reducción de la jornada laboral, que fue una de las primeras decisiones. Significó un aumento salarial. Y vea que eso no fue una demanda de los trabajadores, sino una decisión de la autoridad. ¿Qué creo yo? Ahí hay un logro obtenido pero no ganado por la lucha. De alguna manera, eso nos tiene que servir como experiencia. En la administración, todo lo que obtengan los trabajadores tiene que ser fruto de una negociación y una demanda, porque si no, luego, parece que es mucho más sencillo obtenerlo todo. Mire, relacionemos esto con las empresas privadas: es impensable. Entonces, esto también requiere un aprendizaje, que es necesario que todos hagamos. La Intendencia ha reconocido lo que corresponde a los trabajadores; ese reconocimiento significó que un porcentaje muy importante del presupuesto vaya a salarios y se hagan menos obras. Si los municipales están reclamando el aumento correspondiente a este año, bueno, eso es casi imposible. El dinero se obtiene a partir de que los contribuyentes, con un gran sacrificio, empiezan a pagar sus tributos a lo largo de ese año. Para mí, hay algunos límites inevitables.

Despenalización del aborto

–Hay otra área en la que usted está trabajando con intensidad: el avance hacia la equidad de género. En tal contexto podríamos hablar horas y horas. Pero no quiero perder la oportunidad de pedirle opinión sobre un aspecto que, aunque sea indirectamente, tiene que ver con esa área
y está muy presente en la inquietud de la opinión pública: el proyecto de ley de salud reproductiva. ¿Hay un trancazo? Por el contrario, ¿se ha avanzado? ¿Qué pasa con el anunciado veto del presidente Vázquez?

–En realidad, ese proyecto es muy abarcativo. Incluye cuestiones que tienen que ver con la educación sexual para niños y adolescentes, la posibilidad de una sexualidad plena para todas las personas y, finalmente, que las mujeres podamos tomar la decisión, en ciertas circunstancias, de interrumpir un embarazo. El proyecto está siendo discutido en el Senado, está en la comisión correspondiente y ahí venimos bien, por suerte. Han sido aprobados aquellos artículos referidos a la interrupción del embarazo, gracias, entre otros aportes, a un importante trabajo que han realizado las compañeras legisladoras en el Senado. Es un tema bien difícil, porque tiene que ver con los derechos de las personas y también con el ejercicio libre y responsable de la sexualidad. Ahora, hablando del aborto, en este país los abortos existen, más allá de que la ley establece su prohibición.

Y recuerdo unos conceptos interesantes dichos por el padre Perico Pérez Aguirre: cuando una ley no es cumplida, quiere decir que no es sentida por la sociedad y por lo tanto está perimida. Uno tiene que tener mucho cuidado para no reforzar una situación muy hipócrita que vivimos: «esto no está bien, pero igual lo hago porque lo hago a escondidas». ¿Qué es lo que no queremos? Precisamente eso, que sea a escondidas, porque vuelve muy vulnerables a las mujeres más pobres. Las que tienen mayores recursos igual abortan, pero en condiciones más seguras. Aquellas que no tienen esas posibilidades, lamentablemente, muchas veces mueren. Pasó la semana anterior, justo el día de la lucha por la libertad de interrumpir el embarazo: murió una señora, de poco más de cuarenta años, con diez hijos, que había decidido abortar. Fue en el interior, lo hizo en condiciones sanitarias inadecuadas. Entonces ¿qué es lo que promueve esta ley? No el aborto sin control. De ninguna manera. Lo promueve en un marco de condiciones dignas, reflexionadas y dentro de las primeras doce semanas del embarazo. Sé que esto puede traer mucha discusión, pero creo que hay que expedirse. Cuando se chequean las encuestas, hay más de un 60% de la población que está a favor. Y las leyes deben acompañar el sentir de la gente.

–¿Cree que el Presidente, de todas maneras, vetaría la ley?

–No lo sé. Él siempre ha sido muy sensible al sentir del conjunto de la población. Creo que lo va a estudiar y seguramente se expedirá de acuerdo con lo que, quizás, desde su punto de vista, le parezca lo más adecuado. Las mujeres a quienes nos ha tocado estar en este lugar, en el Poder Legislativo, igual que muchísimos compañeros, estamos tratando de reconocer el sentir popular. Sé que el Presidente también hará el mayor de los esfuerzos en ese sentido. De lo contrario, siempre existen otras posibilidades, como por ejemplo la convocatoria a la propia ciudadanía. *

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