La Comisión de Hacienda de Diputados analizará nuevos mecanismos de ayuda para Fray Bentos
Pero no obstante casi haberse agotado el orden del día y tratado una cuestión de urgencia, de todos modos hubo un par de circunstancias que hicieron temer otra noche complicada. Afortunadamente, sólo fueron hechos que enriquecerán el anecdotario de la noble Cámara.
Al final de la media hora previa, Alba Cocco (Unidad Encuentrista Salteña), quien había sido salteada en la nómina de oradores, rezongó: «Bueno, yo sé que a veces las mujeres somos invisibles». El presidente de la Mesa, Tabaré Hackenbruch, contestó con una enternecedora y sonriente confesión: «En mi caso, no es así».
Luego se produjo el ingreso de Alfredo Asti (Asamblea Uruguay), ágil y dinámico pero… ¡sin la computadora! No hay caso. Es un hecho la separación, al menos circunstancial. ¡Las cosas venían tan bien! ¿Qué habrá ocurrido? Sabremos más en el próximo capítulo.
Fondo Solidario
Daniel Mañana (Alianza Nacional), conmovido como rionegrense de pura cepa, presentó, como cuestión de urgencia y a nombre de los blancos, un proyecto de ley que originó el debate más extenso.
Con tono reflexivo y cierta serenidad franciscana, empezó a referirse al «Fondo Solidario con los Damnificados por los Cortes del Puente General San Martín, cuando Hackenbruch lo paró en seco: «Espere, señor diputado, que primero hay que votar si se acepta que entre el asunto».
-¡Pero si estoy fundamentando el pedido!- respondió Mañana, dibujándosele en su honorable rostro una de esas sorpresas que dejan duro a Homero Simpson.
-Ah, bueno, no entendí… -contestó el presidente, que anoche estaba, ¿cómo decirlo?, detallista hasta la exasperación-. Fundamente nomás… ¡pero mire que tiene cinco minutos!
A partir de ahí, Mañana tuvo esos cinco minutos y luego bastante más, porque el asunto entró, nomás. Ya más embaladito, historió la situación vivida en Fray Bentos a partir de los cortes, admitió que todo el mundo pensó que la situación iba a ser pasajera y acusó al gobierno de falta de solidaridad: «Se sabe lo que pasa en Fray Bentos, pero nadie se preocupa de lo que les pasa a los trabajadores». Aprovechando el endurecimiento de las caras oficialistas –que lleva su tiempo, porque no son pocas– anunció el proyecto con la esperanza, también un tanto franciscana, de que fuese tratado anoche.
Concretamente, se crea un fondo solidario para atender «la grave situación de empresas y personas cuya actividad está directamente vinculada al tránsito efectivo de personas o bienes, por el paso de frontera ubicado en la cabecera uruguaya del puente». En su artículo 2º autoriza al Poder Ejecutivo a disponer los recursos necesarios, con cargo a Rentas Generales, Gastos de Funcionamiento, Inciso 24, Diversos Créditos, subtítulo «Acontecimientos graves o imprevistos». La administración se pone a cargo de un Consejo Honorario integrado por un representante de la Intendencia de Río Negro, otro de los damnificados y el tercero del Poder Ejecutivo.
Prolija su cana cabellera, toda de gris como para el té de las cinco en Holland Park, Nora Gauthier (Espacio 609), también diputada por Río Negro, adelantó que la mayoría tenía sus dudas: «Hay buena sintonía para dejar que el conflicto se resuelva en el ámbito en que está y, si bien nadie puede discutir el problema de los trabajadores, se ha estado haciendo todo lo posible por ayudarlos. El punto clave sigue siendo tener el puente abierto y operativo».
Inadvertí entonces si la cara de Mañana tuvo algún otro cambio radical –quizás pasando de la paz beatífica del comienzo a, por lo menos, un fruncimiento felino– debido a que, en ese preciso instante, el secretario de la Cámara, doctor Marti Dalgalarrondo, con una sublime cortesía, convidaba a la bancada de prensa con un exquisito cortado largo. De lo que sí puedo dar fe es que, enseguida, Guido Machado (Foro Batllista) declamó, con un estilo Alfredo Alcón inesperado, que «esto se asimila a una situación de catástrofe» (supongo que «esto» era la situación fraybentina y no los cortados servidos).
Nuevos elementos
Jorge Pozzi (Nuevo Espacio), a quien más tarde apoyó Gustavo Bernini (Partido Socialista), valoró la propuesta del Partido Nacional permitiéndose recordar que tanto el gobierno como el Parlamento han hecho mucho por los trabajadores afectados, incluso extendiendo el seguro de paro correspondiente. Centró su inquietud en el tiempo que llevará que el puente de Fray Bentos vuelva a trabajar como antes, ya que el transporte de carga ha desarrollado otros hábitos. Bernini también dijo que el proyecto blanco era de recibo aunque para tratarlo en la Comisión de Hacienda, junto a otro que el oficialismo estaba preparando; añadió que «la aduana de Paysandú es un desquicio por la actividad excesiva que se ha acumulado» y propuso «restaurar el sistema aduanero rionegrense y emitir señales políticas también hacia el lado argentino».
Las centellas aparecieron detrás de las cuchillas saravistas. José Carlos Cardozo (Herrerista), Daniel Peña (Alianza Nacional), Jaime Trobo (Herrerismo) y Jorge Gandini (Alianza Nacional) asemejaron al diablo del cuento «Rodríguez», de Paco Espínola: «Hay que restablecer el puente y mientras tanto atender la situación de los afectados, no se necesitan soluciones burocráticas y el gran riesgo es que nos acostumbremos al problema». A Quintín Olano (Correntada Wilsonista) se le encabritó su potro; en una exposición apocalíptica, dejó latente la idea de que en cualquier momento algún vecino nos puede invadir.
Finalmente, Alberto Scavarelli (Foro Batllista), con un brillante discurso basado en su conocimiento del derecho internacional, destacó la necesidad de «hacer algo más» –esto es una insoportable simplificación mía, porque perdí apuntes–, recordó su propuesta al Secretario de la Presidencia de pedir a la OEA el establecimiento de condiciones básicas para el establecimiento de plantas de pasta de celulosa, lamentó que esa idea hubiese caído en una alcantarilla y reiteró que la inadmisible omisión del Mercosur y del organismo interamericano ha dañado a nuestro país.
Entonces apareció Carlos Varela (Asamblea Uruguay), hablando con la alegría de vivir de Ulises después que Atenea le hizo un parpadeo. Sólo necesitó aludir a la posibilidad de pasar a la Comisión de Hacienda los dos proyectos –el ya presentado por los blancos y el que está preparando el oficialismo–, sugiriendo «armar una sola solución», para que tan sencilla propuesta fuese votada y aprobada sin más. *
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