ENTREVISTA : OSCAR DE LOS SANTOS (DIRIGENTE NACIONAL DE LA LISTA 738 E INTENDENTE DE MALDONADO)

"La derecha va a trabajar para tener expresiones comunes electorales"

-¿Cómo está viviendo la marcha del país en un momento en que hay protesta social y que el gobierno cae, moderadamente, en las encuestas?

-Si hablamos del país, sobre política macro, todos los indicadores dan bien. Año a año la inversión, el desarrollo agropecuario e industrial, van en avance. A la vez los indicadores muestran que avanzamos en reducir la exclusión social, bajamos los niveles de pobreza y reducimos la exclusión.

A la vez el gobierno ha generado las herramientas para resolver los conflictos, que genera cualquier modelo de desarrollo. Las mesas de Consejos de Salario es una de esas herramientas y ahora habrá un nuevo proyecto que se llevará al parlamento.

El problema que tenemos las izquierdas es mirar la realidad a través del agujero de nuestra cerradura, lo que muchas veces lleva a desconocer que hay sectores que no tienen voz y que no tienen las mismas posibilidades de manifestarse.

Los que recibieron el apoyo del Estado, si hubieran tenido voz, quisiera saber si hubieran aceptado un salario social de 1.800 pesos y no hubieran pedido uno de 3.500 pesos. ¿Eso era injusto? No. Hay que saber que el país tiene una serie de limitantes.

 

El programa es un contrato

-Ahora el FA llega al gobierno con una sociedad fracturada, con un sector social excluido muy grande al cual le da prioridad. Con esta definición prioritaria ¿el FA no está perdiendo a sus aliados históricos como podrían ser determinados sectores de las capas medias?

-El programa del FA, para mí es un contrato a desarrollar. Si alguien creía que la distribución de la riqueza se iba a dar a partir de preservar los privilegios de algunos, se equivocó. Lo que podemos distribuir es lo que hay en la bolsa de los caramelos, pero no hay más.

Es cierto que sectores de las capas medias pueden sentirse afectadas en sus ingresos, pero no podemos redistribuir si no hay aportes. Creo que el gobierno, de aquí a fin de año, va a lograr algunas modificaciones en la reforma tributaria, que van a consolidar el bloque social del cambio, como usted lo llama.

Ahora, si yo voté al Frente Amplio no puedo aspirar a que el gobierno progresista resuelva el tema de los excluidos, sin yo aportar nada.

-Pero las críticas vienen también por el lado de que el gobierno no está tocando intereses económicos mucho más poderosos que el de las capas medias. En la década del 70 la izquierda se proponía la reforma agraria, la nacionalización de la banca. Eso ahora no aparece. Incluso hoy el PCU dice que es un gobierno en disputa, lo que quiere decir es que hay que disputar la conducción y la orientación del gobierno. Las diferencias no son menores…

-Lo que hay que mirar no es cuarenta años para atrás. Tenemos que ver lo que acordamos en el Congreso del FA. Si hacemos el debate sobre lo que proponíamos hace 40 años, puede ser que yo diga que el programa está «rebajado». Puede ser. Pero también es verdad que la situación mundial es absolutamente otra. Yo no sé si debemos hablar de rebajamiento o de adaptación del programa a las condiciones reales. No se puede tener un discurso radical, que nos puede gustar a todos, porque puedo terminar liquidando las esperanzas de la inmensa mayoría de los sectores más postergados. El gobierno del FA es parte de un proceso de avance hacia una democracia avanzada, que permita mayor justicia social.

 

Discutir un nuevo programa

-Ahora hay un planteo de Rodolfo Nin Novoa de promover una Asamblea Nacional Constituyente, que podría plasmar el programa del progresismo en los próximos cinco años. ¿Hay que realizar cambios en el nuevo programa del progresismo y de la izquierda?

-Hay que realizar cambios. El de hoy, el que estamos llevando adelante, fue el programa posible para el momento. El próximo gobierno de izquierda va a estar en un escenario distinto. Por eso tenemos que discutir, desde ahora, el programa de 2010. Lo que no podemos es repetir la aplicación del actual programa.

Cuando termine el período de gobierno Uruguay va a quedar bien posicionado, porque hay avances en el país productivo, aunque también hay retrasos. Hay que vincular más la academia, a la Universidad, a la ciencia con la producción e innovación, para incluir mayor valor agregado a la producción y lograr mayores niveles de competencia.

-Por un lado se favorece la inversión de capitales, pero el empresario nacional, algunas veces exitoso, vende su negocio al extranjero. ¿Cree que los empresarios nacionales asumieron el proyecto de país productivo o miran para el costado?

-En Uruguay, de la dictadura para acá, hubo un repliegue del capital nacional, que como todo capital cuando no tiene garantías es cobarde, se retira y se va fuera de fronteras.

Tenemos que discutir su preocupación, porque podemos quedar dependiendo de un aparato productivo que esté en manos, absolutamente, de extranjeros. Como nuestro proyecto de país es nacional, debe tener un desarrollo de la burguesía nacional. Esto es parte del avance de un proyecto independiente.

Tampoco estoy con la postura de que cuando viene el capital internacional a invertir, me agarra el temor. Uruguay necesita inversión privada, nacional y extranjera. Tenemos que impulsar la reinversión nacional estimulando la inversión de capital nacional.

A su vez, la inversión de capital extranjero nos está generando un montón de lazos con el mundo, que el capital nacional no resolvió. Espero que los sectores del empresariado nacional aprendan de eso, porque en este mundo no se compite con alma de bolichero. Competimos con alma de empresarios o no tenemos mucha perspectiva.

 

Hay dos proyectos de país

-¿Hay dos proyectos de país? El doctor Luis Alberto Lacalle propuso que blancos y colorados voten bajo un mismo lema y días después el doctor Jorge Batlle propuso una concertación blanqui-colorada.

-Sin duda, hay dos proyectos de país. Este proceso viene de antes de la dictadura, pero que se confirmó al retorno de la democracia. Con la reforma constitucional de 1996 surgió la primera expresión del avance de la confluencia de los partidos tradicionales, para impedir el avance de la izquierda.

Hoy el Partido Nacional se niega al planteo de Batlle, porque se ve mejor posicionado y, además, porque nadie negocia con débiles. El planteo de Batlle es parte de la ideología común de los partidos tradicionales, esencialmente de los sectores de derecha de esos partidos.

¿Alguien duda en este país que si hay balotaje entre un candidato de izquierda y otro de los partidos tradicionales, blancos y colorados van a votar juntos? Quizás demoren en transformarse en una sola colectividad política, pero van a eso.

En las elecciones departamentales hubo sobradas experiencias de que ambos partidos tradicionales actúan como un bloque común. Van hacia una integración o promoverán un lema accidental, para mantener sus espacios de poder.

-¿Le preocupa eso?

-Ya está planteado. ¿Qué más pueden hacer? En las elecciones municipales pasadas hubo por parte del Partido Colorado una actitud que permitió que la confrontación con la izquierda se realizara a través del Partido Nacional. La inacción del Partido Colorado fue una clara decisión política para favorecer que el Partido Nacional compitiera con la izquierda.

Esta integración no va a ser sencilla porque hay problemas de química, de piel, entre blancos y colorados para juntarse. También hay diferencias programáticas. Pero la derecha de los dos partidos va a trabajar, como lo hizo en 1996, para tener expresiones comunes electorales, con la intención de conservar algunos espacios de poder, aunque pierdan la elección nacional.

 

El Frente, un paso adelante

-Los partidos tradicionales están trabajando, e
stán imaginando, pero el Frente Amplio no aparece. No vemos al FA con la suficiente energía para defender al gobierno, pero tampoco con la necesaria creatividad para conquistar nuevos aliados. ¿Es así?

-No hay proceso de cambio en este país si paralelamente con un modelo de cambio instalado en el Estado el partido político de cambio no logra retroalimentar y dinamizar ideas, que lo ponga siempre a la vanguardia.

Las mujeres y hombres electos como gobernantes tienen un rol institucional para jugar. Pero el partido tiene que estar siempre un paso adelante, tratando de elaborar el nuevo marco teórico en el cual se va a enfrentar el gobierno, dirimiendo las tensiones sociales que se puedan generar, apostando siempre para adelante.

Ese papel el Frente Amplio no lo está cumpliendo. Lo nuevo, lo fresco, fue el congreso del PT de Brasil y en Venezuela el planteo al socialismo de Chávez. En el resto de América Latina no veo nada, con la excepción de Fidel en Cuba. ¿Cuál es el rol de los partidos politicos?

Creo en el sistema republicano, representativo, con amplias garantías de mayorías y minorías y los partidos deben construir la guía de ruta y el destino final. Y los hombres en el gobierno somos herramientas de la aplicación de ese programa.

-¿Por qué muchos hombres del gobierno se separaron de inmediato de las cuestiones de la fuerza política?

-Eso ha sido un error. Ha pasado que las cuestiones de gobierno nos terminaron absorbiendo. Nos olvidamos de algo, me incluyo. Nos olvidamos que somos mujeres y hombres en el Estado pero de tránsito y que la única forma de hacer permanecer el proyecto de cambios es el partido, en nuestro caso el Frente, quien debe de recrear el programa y crear nuevos cuadros políticos.

Tenemos que terminar con el divorcio partido-gobierno. Hacia este objetivo no podemos avanzar, si el partido se transforma en un observador imparcial, cuando es parte de ese modelo de cambio. Necesitamos un Frente Amplio con la capacidad de contribuir en la profundización del modelo de país que estamos desarrollando.

Aún pervive en el FA una cultura de oposición, lo que nos impide en transformarnos en un partido de gobierno. Hoy desde el Frente Amplio actuamos como un partido más y no aparecemos con el partido de gobierno. Lo único que aparece es un grupo de mujeres y hombres que defienden a tal o cual ministro o a tal o cual intendente.

 

La importancia de la sensibilidad

-La pasión, la mística de la izquierda ¿se perdió con la llegada al gobierno?

-Perdimos el enamoramiento, el encanto de ser de izquierda. Siento que nos cuesta conmovernos cada vez más. El peligro de la izquierda es que perdamos esa sensibilidad a flor de piel.

También hay un desencantamiento de los jóvenes, particularmente en la izquierda. Esto es preocupante. A la vez hay una izquierda que actúa sanguinariamente, lo que nos hace endurecer la cáscara, lo que no lleva a sentir que no hablamos con compañeros en medio de una actitud fraterna. Antes discutíamos en el Comité, nos peleábamos ­hasta una piña nos podíamos dar­, pero al otro día ante el adversario éramos uno solo.

Si la izquierda no logra romper los compartimientos estancos que tiene, si no siente a los gobiernos y a los ministerios como de todos, corremos el riesgo de pensar sólo en nuestra chacra. A la vez hay que saber que va a haber un avance de las actitudes corporativas.

No hay una cultura de cambio si no recuperamos la solidaridad. El asunto no es dar lo que me sobra, sino que hay que sentir que asumimos un compromiso con la sociedad.

-Esta propuesta ideológica y cultural ¿debe impregnar los debates rumbo al próximo congreso del FA?

-Me imagino un congreso que genere las condiciones para debatir el nuevo programa que se aplicará a partir de 2010.

-Maldonado es noticia permanente. Pero no por buenas…

-Somos noticia porque tenemos una interna no resuelta, sobre la que todo el Frente Amplio tiene que hacerse cargo. Si pensamos en la continuidad del proyecto de cambio, desde el gobierno o desde la oposición, no es un tema menor.

Ahora, en Maldonado hay avances importantes. Cuando llegamos teníamos el temor de que con un gobernante pintor, hubiera un repliegue de la inversión privada. En cambio logramos alianzas estratégicas con los promotores privados, así pudimos sortear la crisis con Argentina, manteniendo los 350 mil metros cuadrados de construcción por año, lo que se va a consolidar en los próximos tres años. A la vez estamos construyendo ciudadanía, que implica sacar a la mujer y el hombre como una mercancía.

La gran marquesina de noticias en Maldonado ha sido la interna del FA, pero si actuáramos monolíticamente, como debería actuar, las noticias serían otras.

 

No hay problemas personales

-¿Las diferencias entre usted y Darío Pérez son de dos cabezas duras o son más trascendentes?

-Hay diferencias políticas sobre lo que es la cultura de izquierda. Para algunos de nosotros el Frente Amplio es una herramienta de cambios que hay que fortalecer y para ello hay que tener unidad de acción. Creo que al FA le hace mal plantear los problemas de Maldonado en términos personales.

-Pero en Montevideo muchos dirigentes dicen que «es un problema entre Darío y De los Santos».

-Esa es una respuesta muy simplista. Si no buscamos una respuesta más compleja, como merece esta situación compleja, corremos el riesgo de perder el gobierno. El tema es que la izquierda no ha comprendido la importancia de Maldonado para la derecha y para la propia izquierda. En el área de turismo y de la inversión inmobiliaria privada, los principales ingresos para el país son por Maldonado. Eso lo saben los dirigentes de los partidos tradicionales.

La izquierda tiene que mirar al turismo como parte del aparato productivo, pero tiene que mirar también las contradicciones que genera. Por ejemplo la izquierda es reacia a la asociación del sector público y privado, pero para resolver la infraestructura que precisa el país y Maldonado hay que generar reglas de juego claras para lograr la asociación del Estado con privados y así promover una serie de infraestructuras, que en el mundo demuestran que son las que orientan la inversión.

Punta del Este es lo que es, porque tiene una serie de infraestructuras y de servicios que un segmento de alto poder adquisitivo reclama. En los próximos 15 años Maldonado va a necesitar una mayor inversión, una significativa mayor inversión. Si el Estado no puede hacerlo tiene que definir con la mayor precisión la incorporación del capital privado. Si no hacemos esto, las inversiones van a ir para otro lado.

-De lo realizado hasta ahora durante su gestión ¿qué es lo que más destaca?

-Actuamos con responsabilidad, cosa que no se hizo en los últimos 15 años. Esto nos permitió dominar una situación de déficit, que hacía inviable el municipio.

Estamos, a la vez, definiendo una relación del municipio con la gente, que es mucho más democrática y transparente. Hoy desde el municipio no se distingue entre blancos, colorados o del Frente Amplio. Distinguimos mujeres y hombres en función de un orden de prioridades básicas insatisfechas. No repartimos canastas de materiales y de alimentos, usando a la gente como mercancía.

Tenemos algunos debes que tiene que ver con la obra de infraestructura vial agotada, que va a significar una inversión que va a superar los 20 millones de dólares para tratar de recuperar una buena parte de ella.

También espero que en la Junta Departamental podamos avanzar en la reforma tributaria, incorporando las chacras marítimas como contribuyentes de alto nivel que hoy pagan muy poco.

 

Avanzar hacia lo más democrático

-¿Por qué no se aprueba lo de las ch
acras?

-Porque el conjunto del FA no ha decidido pararse frente al Partido Nacional para decirle que el proyecto de chacras marítimas lo vamos a votar. Este Frente Amplio recibió el apoyo de más del 50%, ahora le toca actuar en la representación de lo que le prometió a la gente. Hace 15 años que todos dijimos que íbamos poner nuevas formas de tributación para las chacras marítimas. ¿Por qué no se concreta?

-¿Qué le está faltando a su gestión?

-Consolidar el proceso de descentralización política, preparando técnicamente a las Juntas Locales y procurando que sean electivas en la próxima elección. También hay que ampliar el número de las Juntas.

Construir una red de organizaciones sociales, que nos permita tener una base de sustentación mayor del cambio. Avanzar en la redistribución de la riqueza a través de la reforma tributaria o de los planes sociales, de vivienda y capacitación laboral.

Desde el punto de vista estratégico tenemos que dar un salto en calidad en la asociación de lo público con lo privado, ya sea con Destino Punta del Este, la Corporación Mixta de Turismo o una Corporación de Viviendas para sectores de ingresos medios, donde el capital privado incorpore, junto a la planificación del municipio, herramientas que nos permitan encarar los próximos cinco años.

Mi mayor deseo es que el FA sea el gran instrumento catalizador de experiencia de cambio que el gobierno de Maldonado está ejercitando.

-¿Maldonado tiene apoyo del gobierno nacional?

-Nuestra primera garantía es que nuestro municipio es tratado por igual, con el resto de los gobiernos departamentales. Esto no da una autoridad moral para discutir. No discutimos desde una posición de soberbia, sino entre iguales.

Hay, a la vez, un compromiso de todos los sectores nacionales con Maldonado, como parte de Uruguay. Ese respaldo, del punto de vista institucional, exige del Frente una mayor atención al proceso política de la izquierda en Maldonado. La izquierda, en todos los lugares, tiene características distintas, porque está muy relacionada con el desarrollo económico del lugar. Estamos en condiciones de avanzar a una sociedad más democrática, entre los actores que convivimos en nuestra sociedad y de ella con el Estado.

-Si se agrava el conflicto con Argentina por Botnia, ¿qué políticas tiene previstas Maldonado?

-Durante nuestra gestión hemos estado trabajando en conjunto con el sector privado promoviendo el destino turístico como un lugar de inversión y tratando de captar inversiones para la red de infraestructura que necesitamos: llámese Centro de Convenciones, predio ferial, ruta perimetral, Puerto Piedra del Chileno, Puerto de Punta del Este, Parque Industrial…

-¿Eso se concreta?

-Yo creo que la izquierda va a avanzar en ese sentido. Es que estamos procesando un debate transparente, democrático y transversal, donde Maldonado va a avanzar en esa materia. Ahora yo que sé si esto se va a concretar o no durante mi gestión. Eso depende de las voluntades políticas. Yo soy integrante de una fuerza política democrática, donde además hay una Junta Departamental con una correlación de fuerzas compleja y una sociedad civil que tiene opiniones diversas sobre distintos temas. Todo esto debo contemplar, pero lo que hagamos en este gobierno dependerá si todo esto se concreta en parte ahora o en otro gobierno. Ahora sí no lo debato, si no lo instalo arriba de la mesa, no habrá desarrollo.

También creo que hay una clara decisión política del Partido Nacional de impedir que este gobierno del Frente Amplio avance en esta materia, porque no quieren que se concrete el proyecto de cambio. Esta intención del Partido Nacional sólo puede ser derrotada en la medida que el FA actúe como un bloque de fuerza para lo que fue elegido. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje