El coronel Cordero fue llevado a Santana do Livramento pero hoy vuelve a la cárcel de Porto Alegre
El prófugo coronel Manuel Cordero fue trasladado ayer a la penitenciaría estadual de Santana do Livramento, pero sería devuelto hoy a Porto Alegre al no existir una orden formal del Supremo Tribunal Federal (STF) para que el militar uruguayo sea derivado a ese establecimiento carcelario.
El sorpresivo traslado del torturador, quien se encontraba detenido en la sede de la Policía Federal de Porto Alegre a la espera de una decisión del STF sobre su extradición requerida por Argentina y Uruguay, generó sospechas y temores en el ámbito de las organizaciones de derechos humanos.
Desde hace meses los abogados de Cordero han requerido su traslado a cualquier dependencia de la fronteriza ciudad de Livramento, pero el pedido fue varias veces rechazado ante la posibilidad de que se pudiera tratar de un intento de fuga del militar cuyo testimonio es clave en varias causas judiciales.
En una situación al menos confusa, Cordero fue enviado ayer en un vehículo policial hacia Santana do Livramento, pero la medida ya habría sido revertida por el propio secretario de Seguridad Pública de Rio Grande do Sul, José Francisco Malmann, mando superior de los presidios del Estado.
«Devuélvanlo para allá»
Según pudo confirmar anoche LA REPUBLICA, el secretario Malmann ordenó que Cordero no sea recibido en la prisión estadual de Santana do Livramento, por lo que deberá ser devuelto a la sede de la Policía Federal o al presidio central de la capital gaucha.
El ministro relator Marco Aurelio de Mello había autorizado la transferencia de Cordero para la cárcel central de Porto Alegre o para el penal estadual de Santana do Livramento, pero la decisión correspondería al secretario de Seguridad Pública de Rio Grande do Sul a quien solicitó colaboración.
El ministro del Supremo Tribunal Federal había enviado una nota al respecto en la tarde del martes, pero hasta última hora de ayer la misiva no había llegado al Ministerio de Justicia donde el secretario de Seguridad Pública ejerce su jefatura sobre las cárceles y las policías civil y militar del Estado.
El sorpresivo traslado a Santana do Livramento, del que el coronel Cordero se enteró ayer por la mañana, mientras recibía una visita de su cuñado Simao Moreira Monteiro, se transformó en un inesperado regalo de cumpleaños para el militar, quien cumplió sus 69 años de vida el sábado 15 de setiembre.
«Derívenlo para ahí»
La particular situación se inició en la tarde del martes 18, cuando, el juzgado de la 2ª Vara en lo Criminal Federal de Porto Alegre suspendió una audiencia prevista para ayer, en la que Cordero debía ser interrogado por el pedido de extradición de la Justicia Federal argentina.
Cordero había sido detenido el 26 de febrero en Santana do Livramento por un pedido de extradición presentado por el juez argentino Guillermo Montenegro quien instruye la causa del «Plan Cóndor». A esa solicitud se sumó luego una requisitoria del juez Daniel Rafeca a cargo del caso Orletti.
Precisamente, por esa extradición de Rafecas era que el juzgado federal debía interrogar ayer a Cordero, pero el juez actuante decidió enviar todo el expediente a su colega de Santana do Livramento, obedeciendo a un traslado cuyo origen no era claro al cierre de esta edición.
Sobre el militar uruguayo también pesa un tercer pedido de extradición solicitado desde Uruguay por el juez penal de 19º turno, Luis Charles, quien tiene a Cordero implicado en las causas del «segundo vuelo» en el que un grupo de uruguayos secuestrados en Argentina fue desaparecido en Uruguay.
«Sáquenme de acá»
Desde su arresto administrativo y encarcelamiento en la sede de la Policía Federal de Porto Alegre el 12 de marzo último, la defensa del torturador uruguayo presentó múltiples solicitudes de traslado para enlentecer el proceso y lograr que Cordero fuera llevado a Santana do Livramento.
Con el argumento de estar más cerca y poder recibir la visita de su familia, el militar solicitó ser enviado a la oficina de la Policía Federal, al Regimiento de Caballería, a la sede de la Brigada Militar e, incluso, a la penitenciaría estatal de la localidad fronteriza a la ciudad de Rivera.
Cada una de esas solicitudes fue tramitada ante el ministro Marco Aurelio de Mello, responsable del caso de extradición en el Supremo Tribunal Federal de Brasil (STF), quien sentenció de modo expreso que la custodia de Cordero corresponde a la Policía Federal en su rol de policía judicial.
Al igual que observadores de organizaciones de derechos humanos, el ministro Marco Aurelio no habría descartado que el insistente reclamo del criminal de lesa humanidad para ser trasladado pudiera obedecer a un eventual plan de fuga. Por eso, lo mantuvo en custodia de la Policía Federal.
«Retírenlo de aquí»
El propio superintendente de la Policía Federal de Rio Grande do Sul, inspector Ildo Gasparetto, había reconocido a LA REPUBLICA que la presencia de Cordero en las instalaciones policiales de la Avenida Ipiranga 1365 de Porto Alegre implicaban una verdadera «molestia».
Las autoridades policiales brasileñas explicaron que Cordero estaba desde hacía 6 meses en un celdario previsto para detenidos en tránsito y que su presencia en el lugar implicaban gastos de guardia, alimentación y hasta de medicamentos que el detenido requiere por su afección cardíaca.
Las únicas dependencias penitenciarias que la Policía Federal tiene en todo Brasil son el presidio de alta seguridad de la capital Brasilia, la cárcel de Campo Grande en el Estado de Mato Grosso y la penitenciería de Canduvas en el Estado de Paraná. A una de ellas debía ser enviado Cordero.
El inesperado traslado de Cordero hacia la penitenciería estadual de Santana do Livramento levantó ayer preocupación entre organismos de derechos humanos brasileños que aguardaban anoche que el reo uruguayo fuera devuelto a Porto Alegre para recluirlo en la prisión central de esa ciudad. *
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