Propuestas de nuevas reglas electorales, muestran significado de comicios de 2009
El doctor Luis Alberto Lacalle sorprendió a todos el pasado viernes y pateó el tablero al proponer una reforma de la Constitución «que permita alianzas de partidos», como ocurre en otros países.
Esto lo dijo en declaraciones al diario El País, de filiación nacionalista, como respuesta a la posibilidad de que el Frente Amplio llegue a concretar dos iniciativas reformistas: eliminación de la segunda vuelta (balotaje) y el voto consular. «Esto es un salvataje por vía de Constitución», dijo en clara referencia a que el Frente Amplio puede temer perder en una segunda vuelta.
Lo que no dijo Lacalle es que su propio planteo contiene el temor de que el Partido Nacional no le gane al FA en la primera vuelta. También por primera vez el ex presidente de la República acepta, luego de haberlo rechazado muchas veces, que las dos colectividades tradicionales son una familia ideológica y programática. Lo reconoce, aunque no lo expresa así.
Si despejamos esos temores, por cierto válidos, se puede reconocer que Lacalle no hace más que recoger la realidad y a través de la reforma de la Constitución abre paso al bipartidismo real que hoy vive el país lo vive desde hace muchos años, pero ahora se visualiza mejor al grado que muchas veces es muy difícil distinguir un legislador blanco de otro colorado.
Incluso en su planteo, Lacalle va más lejos cuando sostiene con razón, que al Frente Amplio hay que oponerle «una alternativa cultural y un modelo de país distinto para ofrecerlo a consideración de la opinión pública», porque no alcanza para ganarle al FA con una serie de interpelaciones, donde por lo general los interpelantes pierden.
Este reconocimiento de la realidad, por cierto valiente, merecería una atención fina por parte del resto del sistema político, particularmente del oficialismo, quien siempre leyó la realidad política del país dividida entre conservadores y progresistas.
Este movimiento que acaba de hacer el ex presidente muestra que las próximas elecciones nacionales son tremendamente trascendentes, típicas de un nuevo siglo que está dando sus primeros pasos y que por eso tiene en sus entrañas elementos del que ya murió, porque si el FA se queda con el gobierno en 2009, seguramente pueda volver a repetir en sucesivas elecciones.
Estamos, entonces, en los prolegómenos de una gran confrontación electoral, política, cultural e ideológica, donde las reglas de juego según mi modesto entender pueden ser modificadas, pero no para sacar ventajitas, como hacen aquellos que riegan la cancha antes de un partido de fútbol para que el campo se vuelva más pesado y perjudique al equipo visitante acostumbrado a jugar en pasto corto.
También sería importante, por la trascendencia de los comicios, que todos los actores políticos, viejos y jóvenes, estén en la batalla y que sea la ciudadanía la que determine quienes son los triunfadores.
Quizás llegó el momento de que Tabaré Vázquez, Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle, Jorge Batlle y otros «renunciantes» revean su posición y participen del próximo acto electoral. Para ello habría que habilitar la reelección de Vázquez, que tiene como etapa previa convencer al propio Presidente para que acepte su postulación y que después sea la ciudadanía la que dé su veredicto final.
La izquierda, a la vez, debería tener la suficiente generosidad permitiendo que dos partidos puedan votar juntos, tal como lo reclama Lacalle. Claro, siempre que se acepte que no hay más balotaje y se viabiliza la reelección, porque en política se pueden cometer muchos errores, pero jamás el de la ingenuidad.
El país, su democracia, el sistema de partidos, la gente, tienen que hacer todos los esfuerzos para que se abran todas las puertas y ventanas, con la intención de que todos, sin ningún tipo de limitación, puedan participar y competir.
La idea es que vuelvan todos, lo que no significa que no haya otros candidatos y quizás mejores, por cierto más jóvenes o no, que puedan participar con capacidad competitiva, con voluntad de ganar. Allí están Danilo Astori y José Mujica, por el FA (no veo a otro en el horizonte), Jorge Larrañaga, Luis Alberto Heber, Juan Chiruchi, Carmelo Vidalín y Francisco Gallinal, por el Partido Nacional, Pedro Bordaberry, José Amorín Batlle y un candidato de un posible polo socialdemócrata, que enfrente al hijo del dictador.
Que vuelvan todos, que todos compitan, que la experiencia y el atrevimiento de los más jóvenes se expresan en las próximas elecciones, porque el país necesita de las mejores energías para seguir avanzando.
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