Tras un escandaloso debate quedó aprobada la Rendición de Cuentas
»¡El gobierno va a destruir al Tocaf, lo va a tirar a la basura!» gritó Washington Abdala (Foro Batllista) mirando a la bancada del oficialismo, mientras arrugaba un papel y lo arrojaba al piso.
El diputado exhibía una sublime corbata a finísimas rayas rojas sobre fondo blanco, que a la distancia daban un tono…¿rosado?
»¡Diríjase a la Mesa!» aulló el presidente Pintado, cuyos ojos parecían tener vida propia fuera de él.
»¡Cómo no, presidente!» respondió Abdala. ¡Discúlpeme, me dirijo a la Mesa y tiro esto en su basura! Espere que lo levanto…»
Horacio Yáñez (Nuevo Espacio) no le dio tiempo: recogió el papel, una metáfora física del Tocaf organismo de contralor de las actividades financieras, aparentemente amenazado de muerte súbita, y lo colocó otra vez en la banca de Abdala. Este lo miró con tanto desprecio como si fuera el virus del cólera.
Pero el papel arrugado era lo de menos. La bancada oficialista había estallado en un grito pampero y varios legisladores, cual hormigas que salen de su hoyo a pelear por el alimento, gesticulando al estilo de Jackie Chan, arremetieron contra el soldado.
Pocas veces se ha asistido a tal bochorno
De pronto, observé a Nora Castro al borde del desquicio, dando enérgicos pasos cortos hacia Abdala y braceando para pegarle a como diera lugar; lo impidieron varios mosqueteros de la mayoría, deteniéndola, calmándola y llevándola de nuevo a su sitio. A todo esto, el legislador del Foro Batllista la provocaba, ya decidido a causar la tercera guerra mundial: »Le mando un beso, le mando dos besos…»
Fue entonces que Gustavo Bernini (Partido Socialista) elevó su registro de barítono a niveles impensados creo que astilló uno de los vitrales de la cúpula y convocó a vender entradas para el show, a lo que el hombre que había concitado todos los odios, estirando el labio inferior y gesticulando como Nikolai Cherkasov en «Iván, el terrible», respondió: »¡Se las compro, se las compro!»
El inusitado despelote pareció concluir cuando el presidente Pintado suspendió la sesión por dos minutos. Pero no. Durante ese lapso, Abdala volvió a la carga: »¡Esta no puede ser una república bananera donde se hacen negocios en los baños!»
Daniela Payssé (Asamblea Uruguay) le enrostró que «no había tenido la menor cortesía parlamentaria», mientras Artigas Melgarejo (Partido Socialista), menos señorial y con ciertos problemas de movilidad porque no hace dieta, quiso saltar por encima de varias bancas para meter un mamporro pero casi se quiebra una vértebra.
La calma volvió, inestable, cuando Abdala decidió marcharse sin informar si pensaba regresar.
A esta altura, la diputada Beatriz Costa (Espacio 609), que había emergido con un gorro blanco tipo «Patinando por un sueño», ya se había retirado. En cambio permanecía en sala Marianela Lambroschini (suplente Partido Socialista), que, si no me explican a tiempo, yo hubiera jurado que era una reencarnación de Rita Hayworth. Claro, hay que tener en cuenta que estoy viejo y laten en mí viejos amores imposibles.
Serena estaba la mar…
El plenario había sido citado, en sesión extraordinaria, para tratar las modificaciones introducidas por el Senado al proyecto de Rendición de Cuentas.
La cosa empezó calma. Eduardo Brenta (Vertiente Artiguista), con su habitual estilo devoto del Tao, dio el informe de la minoría destacando que «las modificaciones propuestas por el Poder Ejecutivo y por el Senado constituyen una mejora sustancial del proyecto original». Destacó que el gobierno envía por segunda vez un mensaje que incorpora un notorio crecimiento del gasto público, con especial destino a las políticas sociales, en el marco de una responsabilidad fiscal: «el déficit se redujo al 1,5% del PBI». Entre las virtudes de esta Rendición, Brenta resaltó la creación del Fondo Nacional de Salud, al que se destinan 20 millones de dólares; otros 52 millones de dólares para la creación del Sistema Integrado de Salud; 15 millones de dólares para la primera fase del Plan Ceibal; 8 millones de dólares para el alumbrado público a las intendencias y 70 millones de dólares al Plan de Equidad. A ello agregó que se fijan recursos para el Uruguay Productivo con ahorros de la revisión del régimen de devolución de impuestos indirectos, y 6,5% de las inversiones de todos los incisos para darles 30 millones de dólares a la Udelar y la ANEP. Finalmente, se refirió al aumento del 4,5% de pasividades y salarios previsto para 2008, a proyectos de inversión por unos 30 millones de dólares e inversiones en infraestructura por fuera del presupuesto nacional para UTE, AFE, OSE y la ANP.
Luego vinieron tres informes en minoría, exquisita demostración de un ¿casual? desencuentro entre las bancadas de oposición.
Cuando Carlos González Alvarez (Alianza Nacional) iniciaba el informe de los blancos mientras Beatriz Argimón (Correntada Wilsonista), con notorias extensiones capilares, transitaba la sala dialogando abundosamente ¿a la búsqueda de nuevos acuerdos?, Aníbal Pereyra ingresó portando una coqueta carpeta verde (¡menos mal que no trajo una valija!). González Alvarez no se inmutó. Confirmó que su partido votaría en contra, que no se habían hecho modificaciones sustanciales en el Senado, que hay un déficit presupuestal y una constante creación de nuevos cargos y que es «bajísimo el nivel de ejecución de las inversiones en el Ministerio de Cultura, la Udelar y la ANEP». Al final, sostuvo que no se llegará al anunciado 4,5% del PBI para la educación.
Gabriel Pais (Lista 15), con una impasibilidad facial acentuada por su extendida calvicie, dijo que «lo único que hace el gobierno es agrandar el Estado en una dirección equivocada, imponiéndole una enorme rigidez al gasto».
Finalmente, Iván Posada (Partido Independiente), exquisitamente sobrio, aun en su corbata, y con un registro vocal atemperado, cual si hubiese escuchado consejos de Plácido Domingo, sentenció que «el Uruguay productivo soportará un mayor impuesto derivado de la inflación en dólares, un mayor costo real de salarios y un sustancial incremento del aporte patronal». Agregó que «todo parece indicar que la costosa lección que nos impartió la crisis de 2002 ha sido en vano».
¿Dónde comenzó la locura?
Fue aquí, al finalizar los informes.
Abdala entró en escena con la sutileza del Gordo Porcel. Dijo que el déficit fiscal había aumentado en cifras netas; que las políticas sociales «las maneja un sector del Frente Amplio con fines electorales»; acusó al ministro Lepra de decir que «estamos colocando a nuestros amigos», lo que le llevó a dar por sentado que el gobierno «aprieta el acelerador como Vascolet»; dijo que la modificación del Tocaf «abrió la compuerta y permitirá el ingreso de varios Antonini con valijas»; y acusó al oficialismo de no contestar las barbaridades de Alberto Fernández, jefe del gabinete argentino, quien aseguró «que la valija con el dinero venía para Uruguay».
Desde ese momento Abdala fue seguido en su finteo con miradas fijas y homicidas de la mayoría. Tal vez advirtiéndolo, pícaro, entró y salió varias veces de sala, por puertas distintas, como si fuera el chancho del «Castillo de la suerte».
Pero luego, la venganza
Brenta sostuvo que el gobierno «respeta la carrera funcional y por eso ningún soldado que quiera ser coronel será más que alférez», alusión que el fiel militar de Sanguinetti no oyó porque había partido hacia su despacho; Heber Clavijo (Espacio 609) aclaró los dichos del ministro Lepra, «quien se limitó a decir que conocía personalmente, y de mucho tiempo, al personal de Texaco ahora transferido a Ducsa, pero que no intervino en su designación». Carlos Gamou (Espacio 609), respondiendo a la mención a Alberto Fernández, recordó el episodio de Batlle insultando a los argentinos y su posterior disculpa, a puchero limpio, ante Duhalde; Nora Castro
declamó: «Las alusiones políticas pasaron de la raya» y que «el show comenzó antes porque había mucha prensa»; Yáñez le pidió a la mesa que advirtiera a los legisladores acerca del uso de la bolsita naranja cuando se fuera a tirar papeles reciclables; Diego Cánepa (Nuevo Espacio) tuvo un ingenioso rapto tanguero y, sin nombrarlo, dejó claro que Abdala padecía «la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser»; y Bernini pidió perdón por sus excesos verbales, ya que le corre sangre por las venas (bueno sería que te corriera otra cosa, Gustavo).
Siguió el debate, lo confieso, pero se fue desinflando como globo de cumpleaños al sol de enero. Olvidé registrar unas cuantas cosas pero, en fin, el telón bajó. Ya cediendo algunas pataletas, desinteresada la oposición del debate y seguro el oficialismo de su mayoría, el proyecto de Rendición de Cuentas fue a votación.
Resultó aprobado por 51 votos en 76 y se comunicó anoche mismo al Poder Ejecutivo, luego de cuya promulgación será ley.
Ah… Se discutió mucho el artículo 341 del proyecto de Rendición de Cuentas, que declara que «los conflictos individuales de trabajo, en que sea una parte una administración estatal, se ventilarán ante los Juzgados de lo Contencioso Administrativo en Montevideo y los Juzgados Letrados de Primera Instancia en el interior». En criollo básico, los trabajadores que litiguen contra el Estado ya no podrán recurrir a los juzgados laborales. Para la oposición, esto perjudica a los reclamantes y se aplicará de forma retroactiva, abarcando juicios ya iniciados. Para el oficialismo, la vigencia de la norma tendrá efecto futuro y sobre «juicios pendientes», o sea si entendí bien no iniciados todavía.
No sé, parece un tema jurídico por ahora más difícil de explicar que hallar un «chorizo del Pepe» de buena calidad. *
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