Una entrevista inédita realizada por el periodista Alberto Silva en 1985 fue entregada ayer al juez Luis Charles

Testimonio grabado confirma presencia de represores uruguayos en Pozo de Quilmes

La grabación de un testimonio inédito que en 1985 brindó Rosa Alvarez, tía del uruguayo Jorge Hugo Martínez Hormigonez, desaparecido en Argentina en 1978, fue entregada ayer por el periodista Alberto Silva ante el juzgado penal que indaga el «tercer traslado masivo» de uruguayos durante la dictadura. Rosa Alvarez, entonces de 54 años, quien por mucho tiempo se negó a denunciar lo que sufrió a fines de 1977 y 1978 cuando estuvo presa en el centro clandestino de torturas de Buenos Aires conocido como Pozo de Quilmes, decidió antes de su muerte declarar ante la Justicia si era convocada.

Alberto Silva, reconocido conductor de Amargueando en 1410 AM LIBRE, había grabado la entrevista con la hoy fallecida Rosa Alvarez en la sede del Secretariado Internacional de Juristas por la Amnistía en Uruguay (Sijau), poco antes de la asunción de Julio María Sanguinetti como presidente.

El testimonio, que fragmentariamente había sido recogido en el libro «A todos ellos» de la organización de Familiares de Uruguayos Desaparecidos, fue pedido como prueba por el abogado denunciante Oscar López Goldaracena en la causa que atiende el juez penal de 19º Turno, doctor Luis Charles. El documento sonoro, al que accedió LA REPUBLICA, confirma la participación de represores uruguayos en el secuestro de Ary Severo y su esposa Beatriz Anglet, Carlos Severo, Jorge Martínez y Beatriz Severo, su traslado a Montevideo y desaparición, según afirmó el periodista Gabriel Pereyra de El Observador, citando fuentes militares.

 

Un «relevamiento» en la cartera

En la noche del 23 de abril de 1978, Rosa Alvarez había ido a la casa de Jorge Martínez Hormigonez, para acompañar a su esposa Marta Beatriz Severo Barreto, quien había dado a luz una niña un mes antes. Esa madrugada, un comando ingresó a aquella casa de Buenos Aires y secuestro a toda la familia. «A las dos de la madrugada del jueves sentimos unos golpes, parecía que la casa se venía abajo, me despierto, me dio el tiempo nada más que de tirarme de la cama, me prendieron la luz, yo vi a Jorge Martínez y a Carlos Severo tirados en el suelo ya con las manos atadas y allí, con itakas, con metralletas, yo qué sé cuántos había, y otros revisando toda la casa, entre ellos una mujer», declaraba Rosa Alvarez. En un primer momento, a ella y los niños los dejaron en la casa junto a tres hombres armados, pero poco después volvieron a buscarla. Dentro de su cartera habían encontrado papelitos que calificaron como un «relevamiento» de características militares. Rosa Alvarez terminó 23 días como desaparecida. «Yo coso para afuera y tenía un muchacho, cliente al que le daba vuelta el cuello de las camisas, que era profesor. Como yo iba siempre a Uruguay para cobrar la pensión (…) el chico me pidió, porque él estaba preparándose para que le dieran más horas (…) y le había tocado el tema Salto Grande (…). Y bueno, yo con mi letra nomás escribí: «relevamiento, habitantes, vías de caminos, industrias». Cantidad de cosas que él me pedia, recuerda.

«Yo hacía más de dos meses que tenía el papelito ese en la cartera (…) Bueno, la cuestión fue que encontraron eso y como a la hora y media volvieron y me vinieron a buscar y me dijeron: «Señora, va a tener que ir con nosotros porque en su cartera hay un relevamiento…»

Rosa Alvarez pudo dejar a la niña en la casa de un vecino antes de ser conducida en un viaje de media hora a un lugar desconocido. La subieron por una escalera y la dejaron en una celda junto a Carlos Severo. Allí escuchó las torturas a Jorge Martínez. Dos días después lo traerían junto a Marta Severo. «La celda sería de dos metros por tres. Ni dos metros. Cabíamos los cuatro de costado. Allí estábamos los cuatro juntos, nos dieron un pedazo de polifón. Ahí nos sentábamos, nos acostábamos con una frazada, nos dieron una frazada nada más para los cuatro. Ahí estuvo diecinueve días en esa celda», relata. «¿Nunca la sacaron de la celda, siempre estaba allí?», le interroga el periodista Alberto Silva. «No:, responde Rosa Alvarez, «a los únicos que sacaban, que les sacaron fotos y los fichaban fue a ellos, tan es así, que yo estaba desesperada, parecía que no existía.

Estaba más desesperada que no me llamaran que me fueran a llamar. Yo digo, mientras me llamen tengo una posibilidad de defenderme, pero acá adentro metida llevaban a todo el mundo y a mí me dejaban. Tanto le cargoseé al guardia, que me dijo «Bueno, yo no puedo hacer nada porque ustedes están bajo la custodia de uruguayos, nosotros lo único que hacemos es darles comida y sacarlos al baño».

«Recién a los diecinueve días me llaman. Porque en una vuelta Marta vino y me dijo «sabés una cosa, lo que más insisten (es) en por qué vas cada dos meses y medio a Uruguay». Entonces yo le dije: «Y por qué no les dijiste» (…) Pedí que me llevaran. Una vez me llevaron, no sé si a los diez días. Subí toda una escalera y el guardia me dejó que viera para que no me fuera a caer y lo que le vi no fue la cara, fue la mano así como diciendo «¿para qué me la traés?». «No, porque la señora quería…». Hizo así y me dio media vuelta y me trajo para la celda de nuevo».

 

Volvían los fines de semana

Rosa Alvarez nunca quiso escuchar a su sobrino sobre su militancia política y poco podía decir a los represores que le habían llevado, por un «papelito», equivocados. Pero en los datos que va indicando en su testimonio la tía de Jorge Martínez Hormigonez, confirma la acción de militares uruguayos…

«A los diecinueve días me empezaron a preguntar, pero así, por arribita. Yo empecé como una lora a decirles por qué era que iba (a Uruguay), como ya me lo tenía pensado de tantos días. Entonces yo me di cuenta de que ellos llamaban, ellos tenían como una central. Yo después pregunté al hombre y me dijo «sí, ellos de acá directamente obtienen todo y se comunican con Montevideo para cotejar todas las cosas…»

«A mí lo único que me preguntaron fue por qué iba a Montevideo, qué era lo que iba a hacer, entonces les dije (…) : Me dijeron que un relevamiento, pero me pasó esto, esto y esto y fue todo el relevamiento que yo tenía». Entonces al otro día, a los veintidós días fue cuando a las diez de la noche me llamaron, me ató y me puso el pañuelo y me dijo venga, vamos abajo, y cuando llegué abajo el guardia me dijo, «bueno, se va para su casa». Yo y un señor «Don Mario», se llamaba, era pintor».

Rosa logró llegar a su casa y reencontrarse con su familia, pero aún en 1985, cuando Alberto Silva grabó su testimonio, recordaba «al que más verduguearon fue a Jorge. A Jorge sí le dieron picana horrible, pobre Jorge», y ratificaba la presencia de los represores uruguayos: «La tortura más grande fue porque venían de once a cuatro de la mañana. Ya a las once de la noche, ya sentíamos la llave que abría la puerta y ya era una desesperación porque hasta las cuatro de la mañana eran gritos, eran pedidos de por favor, por favor y Dios mío. Y los sentíamos y ellos se reían y ponían música (…)».

 

Los GAU y PCR estaban vivos

Rosa Alvarez nunca declaró lo sufrido durante muchos años. Se enteró de que había estado en el Pozo de Quilmes cuando a la salida de la dictadura argentina la Revista Gente hizo un artículo sobre aquel centro de torturas y una amiga le dejó leer el ejemplar por casualidad. Era exacta su descripción de un corredor con celdas, los pisos con rejas, el lugar de salida, etc. También los nombres y apodos de otros prisioneros comenzaron a coincidir, con los años, con los datos que se fueron recuperando.

Entre ellos, fue testigo de la presencia en el Pozo de Quilmes, aún con vida, de los desaparecidos uruguayos Aída Celia Sáenz Fernández y su madre, Elsa Haydée Fernández Lanzani, y Andrés Carneiro de Fontoura, entre otros detenidos en operativos diferentes contra los Grupos de Acción Unificadora (GAU) y el Partido Comunista Revolucionario (PCR) en diciembre de 1977.

En el test
imonio, presentado ayer ante el juzgado, se incluye el dramático relato del parto en el que Aída Sáenz, quien utilizaba el alias de «Mary», dio a luz una niña… «Ella hablaba de que era preciosa, que se la habían mostrado, que la había visto. La chica nació creo que el 26 o 27 de diciembre porque ella me dijo que estaba ya por tener familia el 23 cuando la agarraron. Y tan es así que puede ser que le hayan provocado el parto más ligero, porque dice que le habían puesto una cuchara en la vagina y le habían dado picana… que todavía decía: espero que a mi hija no le haya pasado nada, que esté normal»… Y que le habían dicho que la iban a llevar a una casa donde estaban los niños, como un asilo sería, pensaba ella, pero que el día que saliera la iba a poder tener». *

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