Flores Silva demolío a El País
El director de la revista Posdata, Manuel Flores Silva, en su carta de renuncia a la SIP, demolió al diario de la dictadura, El País, reproduciendo varios de sus editoriales publicados entre 1973 y 1985. Por considerarlo de importancia, LA REPUBLICA destaca este pasaje de la misiva que el periodista envió a la organización presidida por el colaboracionista del régimen militar, Danilo Arbilla.
«Aquí, en Uruguay, toda la labor de Arbilla ha sido apoyada por el diario El País, ferviente partidario de la dictadura militar.
Vayamos a los ejemplos. La dictadura uruguaya duró entre 1973 y 1985.
Dijo en su editorial principal el diario El País el 21 de julio de 1974, página 10: «El concepto de seguridad y de visión de lo ocurrido entre nosotros a lo largo de muchos años es lo que justifica, jurídicamente e históricamente, la participación que hoy tienen las Fuerzas Armadas en la vida nacional y sus nobles y elevados objetivos». Y el 11 de junio 1976 en la página 5 se burla del régimen constitucional y afirma en su editorial central: «No compartimos la tendencia a sobreestimar las virtudes de la estricta institucionalidad democrático republicana».
Días después, el 24 de junio de 1976, agrega en su página editorial: «¿Cómo explicar a nuestros jóvenes el proceso que vivimos, la suspensión de algunos principios constitucionales y la decisión de construir una democracia superior a la que fue abatida por la sedición? ¿Cómo convencerlos de que las Fuerzas Armadas no salieron a la calle para dar su cuartelazo sino como último recurso, reclamado por la ciudadanía sana del país para salvar la esencia misma de nuestro sistema?»
Y el 21 de agosto de 1979, afirman editorialmente en la página 6: «… abandonaron los cuarteles, no impulsados por bastardas ambiciones de poder, sino cediendo al imperativo de liberar a la nación de la inminente amenaza del caos y de la ruina».
No sólo apoya a la dictadura uruguaya de esa época, sino también a la dictadura argentina. Así El País del 27 de agosto de 1976, página 5, dice: «Se explica y justifica que el gobierno del general Videla no haya establecido fecha ni plazo para dar por terminada su misión. No se puede abandonar la tarea emprendida sin antes estar absolutamente seguro que los profundos males que carcomen a la sociedad han sido radicalmente extirpados. De no actuar así se estaría ante un caso de irresponsabilidad histórica y de pusilanimidad personal. Y por cierto que en la argentina aún no se han dado, ni siquiera remotamente, las condiciones que permitan esperar un futuro de estabilidad, de orden y de paz. Mal puede entonces abandonarse el timón de la nave y entregarla a quienes la pueden llegar a cualquier puerto. La hora para el descanso no ha llegado todavía».
Y bajo el título de «El bumerán de los derechos humanos», este paladín del genocidio editorializa el 23 de junio de 1978, página 9: «En caso de que prospere en la Asamblea de la OEA la tendencia a juzgar la pureza, desde el punto de vista de los Derechos Humanos, de los regímenes que más contribuyeron a la proscripción del totalitarismo marxista en América, se habrá consumado una de las mayores sinrazones en la historia de la organización, como instrumento de unidad y de promoción de la democracia en el continente». Y el 27 de junio de 1978 en su página 11, El País afirma: «De ahí han surgido las versiones de que en el Uruguay soportamos una de las dictaduras más crueles y repugnantes de América Latina, burda especie a la que se procura dar patente de verdad en el exterior por medio de datos estadísticos ridículos sobre uruguayos asesinados, presos, torturados o forzados a abandonar el territorio nacional».
E insiste sobre este tema el 2 de marzo de 1977, página 5: «Todos los derechos son pasibles de suspensión o limitaciones legales cuando corren riesgo el orden público y los bienes preciados de la colectividad».
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