Ubilla: La izquierda requiere un pacto social para gobernar
La CP realizó durante los meses de agosto y setiembre una serie de seminarios con panelistas invitados, dirigidos a precisar su perfil ideológico. El sábado pasado fue convocada la Junta Nacional de dicha organización para afinar los aspectos de un debate que continuará, paralelamente al planteado en el Encuentro, en los próximos meses.
LA REPUBLICA conversó con Ubilla sobre los temas planteados en la discusión y otros que hoy condimentan la realidad de la izquierda nacional.
–Algunos representantes de la izquierda sostienen que la misma debe representar a toda la sociedad y no solamente a los asalariados como ha sido tradicional, pero, también hay quienes afirman que el anclaje es con los «perdedores «. ¿Usted qué opina?
–Pienso que en ese debate hay cosas diferentes, en primer lugar porque ninguna fuerza política va a representar a toda la sociedad, en cambio, en caso de gobernar lo hará para todos. Una cosa es ejercer el gobierno y otra representar. De alguna manera, el gobernante tiene roles de representación colectivos que no puede perder sin caer en tiranías por beneficiar a determinados sectores o individuos.
Desde el punto programático coincidiría con quienes sostienen que la izquierda representa a un sector de la sociedad, pero, agregaría que puede alcanzar alianzas que vayan más allá de aquél.
–¿Cómo es gobernar para todos, cuando en la sociedad existen intereses contradictorios?
–Nunca habrá conciliación universal de intereses, pero una cosa es que no se puedan conciliar todos los intereses y otra es que no se pueda llegar a un pacto social. Este no parte de la base de intereses iguales, se alcanza cuando ellos son contrapuestos. Se trata de encontrar un espacio de trabajo que permita la coexistencia de contradicciones.
La evolución de las clases sociales ha llevado a aumentar la diversidad de intereses y no a reducirla.
En una etapa primaria de la izquierda se podía entender que su misión era llevar a la política las reivindicaciones de clase. Cuando se es gobierno, no se puede pensar de esa manera.
–¿Usted cree que un gobierno de derecha no defiende intereses?
–La hegemonía es diferente. Pero, nunca un gobierno de derecha fue la transmisión automática de las pretensiones de la Cámara de Industrias, siempre tuvo disidencias. Es muy primitivo pensar que a la izquierda le pasará diferente. El conjunto de los intereses de los trabajadores no va a ser igualmente atendido todo, ni con la urgencia que reclama, porque la reflexión de un dirigente sindical no puede ni debe ser la misma que la de un dirigente político de izquierda, sería terrible que así fuera.
A veces esto se ha salvado con una suerte de hegemonía del partido político sobre la fuerza sindical, pero no es lo correcto. La reflexión de un dirigente sindical no puede ser sino priorizar a su sector social, mientras la reflexión política nunca puede priorizar a un solo sector social. Hablar de los trabajadores puede ser referirse a una entelequia, porque aun entre los trabajadores hay diferencias importantes, en lo económico, en políticas arancelarias, etcétera.
–¿Concibe la CP una alternativa al capitalismo?
–Todo grupo de izquierda tiene una utopía poscapitalista, lo que puede variar son las formas, las estrategias o la visualización de la etapa en que vivimos. Unos pueden pensar que estamos en el fin del capitalismo, nosotros pensamos que no es así, creemos que le resta un largo período.
–Uno de los componentes de la globalización es el desarrollo científico tecnológico, sin embargo, las transnacionales radican sus empresas en países periféricos porque el costo salarial es menor, lo mismo que las cargas tributarias.
–Estamos de acuerdo, hay cosas que es muy difícil que tengan resolución si no es a nivel internacional. Por ejemplo, el tema de la competitividad por bajos salarios, el tema arancelario.
Hay temas donde el Estado tiene límites para actuar. Los salarios deprimidos para atraer capitales o los paraísos fiscales. Las luchas por atraer inversiones se hacen a costos de los beneficios sociales y las remuneraciones, lo único es la generación de empleos. Es evidente que la funcionalidad no estimula el desarrollo científico técnico. Por un lado, divinización del avance científico tecnológico y por otro una serie de condiciones que tienden a hacerlo menos necesario para los grandes capitales.
–A los sueldos bajos se agrega el cierre de fronteras en el mundo desarrollado.
–También está planteado el tema de la migración, de acuerdo a la teoría capitalista deben existir dos libertades de circulación: la del capital y de migración. Evidentemente el cierre de fronteras y la contención de la migración en los países centrales facilita el excedente y abaratamiento de la mano de obra en los países periféricos.
Africa está fuera de esa agenda, por su falta de estabilidad, no así el sudeste asiático.
–La variable salarios para mejorar costos como una constante del capital, ¿no es un impedimento para que la izquierda pueda atraer, una vez en el gobierno, inversiones extranjeras?
–Las cotas que tenemos para el desarrollo es la afectación del salario (cuando de atraer inversiones se trata), es más, debemos pensar en alcanzar niveles de recuperación.
Es impensable que un sindicato no pretenda mejorar sus salarios, en cambio una propuesta de un proyecto de izquierda tendrá que contemplar otros aspectos, por eso vamos al pacto social.
–¿Qué piensa de la ocupación de liceos y de las formas organizativas de los estudiantes de secundaria?
–Es una reflexión ambivalente. Cuáles serán los nuevos caminos de movilización social es una interrogante, y como la práctica recién empieza la miramos con preocupación. También sabemos que una movilización que se desmadra opera en un sentido negativo, genera el divorcio entre un sector movilizado y el colectivo de la sociedad. Eso es muy difícil de manejar políticamente. Hay una esperanza y una preocupación, porque de alguna manera el colectivo político debe orientar el fenómeno en el sentido de construir y no de desagregar.
–La invitación de personalidades de los partidos tradicionales a los talleres de actualización ideológica del EP-FA, trajo muchos problemas. Uno de ellos, el «jopeo» de las instancia orgánicas. ¿Usted qué opina?
–La democracia del partido es muy distinta a la de la sociedad, es mucho menos formal. Es mucho más importante la capacidad de representación que tiene cada uno de los organismos, que el peso adjudicado por el estatuto. Eso crea en la interna de la organizacion política problemas muy complejos. Por ejemplo, ¿quién es más representativo, Tabaré Vázquez o la Mesa Política? Formalmente no cabe duda de que la Mesa, pero la historia de los partidos está llena de estos conflictos. Si extremamos el tema de la representatividad, puede generarse el culto a la personalidad. Creo que eso es necesario descartarlo. No obstante, para decir que una decisión no es democrática hay que decir que no es representativa.
El centro de la cuestión es quién tiene la representatividad de la organización política, ¿los militantes o los votantes? Si fueran los primeros tienen toda la razón quienes ven en la falta de consulta a la Mesa un gesto no democrático. No tengo esa posición y hemos luchado para abrir un abanico de espacios que incorporen la columna de los que sólo votan.
No tiene una solución teórica perfecta, es un problema de equilibrios.
–¿Cómo se define la CP?
Un movimiento de izquierda que trata de conjugar en su reflexiÃ
³n la idea nacionalista tradicional con una lucha por la justicia social.
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