"Ahorramos combustible o muerte", mientras construimos otras alternativas; no hay otra

Más democracia y nueva matriz energética, es el desafío del país

Hace frío. Algunos encienden sus estufas, otros soportan las bajas temperaturas en una esquina, entre el calor de los cartones y la piel del perro ­el fiel amigo­ , que transmite también afecto.

La crisis energética es general o por lo menos regional. Argentina se quedó sin gas, Chile mira al Pacífico y su gente siente en su piel el cambio climático, mientras se le congelan los pies, y el gas argentino no llega. En Uruguay no estamos tan mal, pero hubo que aumentar el precio de los combustibles y pudo ser un poco más. La situación es jodida: faltan garrafas de gas.

El neoliberalismo nos dejó sin defensas, estamos todos a la intemperie. La vida es gris y a además no nieva, por lo menos para tener algo con qué sorprendernos.

Hace meses que el senador Eleuterio Fernández Huidobro viene alertando sobre los peligros que se avizoran en el horizonte en materia de crisis energética, desde la contratapa de LA REPUBLICA. No sólo expone análisis, sino que también apunta críticamente contra la estructura burocrática de UTE y de Ancap, así como señala la falta de proyectos históricos para tener una matriz energética propia y barata.

Sus críticas son como balas que penetran hasta en el cuero más duro. Nadie las responde. Surge la duda: el Ñato está loco o nadie quiere polemizar con él por miedo a quedarse desnudo (no descarto ninguna de las dos posibilidades). Quizá no sea todo tan en blanco y negro y el Ñato tenga sólo un poco de razón y no toda. Con ese poco de razón, ya me alcanza. Es que el frío quema y duele. Insulta a la inteligencia. Más cuando no está descartado que Argentina le corte el suministro de gas a Uruguay. Sería terrible.

Si Eleuterio hubiera dicho todo lo que ha dicho sobre la situación energética del país sobre mi persona, lo hubiera ido a esperar a la salida de su casa para invitarlo a un duelo con balas de verdad (no habría aceptado el duelo de las plumas, porque el seguro ganador sería él).

Pero eso no fue así. Fernández Huidobro escribe, lanza dardos, polemiza y todos callan, quizá porque sin hablar se hacen mejor las cosas. Puede ser, pero dudo.

Me siento tentado de recurrir a Lenin, pero temo que digan que soy un dinosaurio, alguien fuera de época. Seguramente autoritario. ¿Me atrevo? ¿Me animo? No sé qué hacer. «El comunismo es el poder soviético más la electrificación de todo el país», dijo Lenin, resumiendo así el programa de los bolcheviques, dispuestos a transformar toda Rusia. Por suerte no tuvo que pasar por la Mesa Política de los sóviets, porque si hubiera sido así aún estaban discutiendo la coma del inciso 37 del capítulo tercero.

Quizás el hombre de la gorrita, la barbita y el gato haya exagerado al decir que esa propuesta era para el comunismo, cuando pasado el tiempo ­con el diario del lunes­ hubiera preferido decir que ese era el programa para la democracia avanzada, preámbulo del socialismo y no del comunismo.

En otras palabras: el desafío del país en la hora actual es construir más democracia, más participación, más libertad, junto a una mayor capacidad energética para potenciar a la industria y generar las condiciones para transformar la naturaleza y así generar más riqueza y poder transferirla al conjunto de la sociedad.

Hoy, crecientemente, dependemos del precio del petróleo, que violando la ley de la gravedad está en permanente ascenso y ya está sobre los picos de las montañas. Junto al pago de los intereses de la deuda externa, el precio de la energía es el mayor obstáculo que tenemos los uruguayos para construir el Uruguay productivo que retenga a nuestros hijos en territorio nacional.

En materia de democracia allí está el proyecto de ley para descentralizar el poder político del país. Seguramente en los pequeños poblados los partidos tradicionales van a tener una mayor presencia e injerencia. Pero el proyecto está ahí y hay que mejorarlo; tiene zonas contradictorias, pero es la demostración de que la izquierda está dispuesta a abrir la cancha al sistema pluripartidista y construir más ciudadanía.

Quizás haya que limarle, al proyecto, algunas ingenuidades que son producto del pasaje de una izquierda autoritaria a una izquierda democrática, lo que lleva a que la democratización anule las necesarias cuotas de centralidad imprescindibles para hacer eficiente y eficaz la gestión de los gobiernos. Centralidad que no es lo mismo que centralismo y que no tiene nada que ver con la negación del pensamiento artiguista, que es federal, antiunitario y anticentralista.

El otro desafío es la otra parte de la propuesta de Lenin, que se refiere a la necesidad de nuevas formas de energía ­la electrificación era «lo nuevo» en la vieja Rusia­ que nos permitan salir del circuito del petróleo que se termina, aunque eso no vaya a ocurrir en la matiné de este domingo.

Va a llevar tiempo, audacia, muchos debates ­también una cuota de pienso­, así como el reconocimiento de que no hay tiempo que sobre.

Por ello antes de fin de año hay que tener un plan estratégico, recogiendo ideas que están en el gobierno y otras que implicarán necesarias alianzas internacionales, que nos permitan como país abaratar los costos del desarrollo y de la construcción colectiva de la posibilidad de la felicidad.

Mientras tanto, ¿qué hacemos? ¿No llegó la hora de ir a restricciones drásticas en materia de gasolina? ¿No llegó el momento de que en el país no circulen todos los autos en un mismo día? Si esto fuera así, que en un día circulen los autos con chapas que finalicen en número impar y al otro día los autos con chapa par. ¿Podrá el transporte colectivo absorber ese aumento de la demanda de servicios? Salgado, Dourado y Sánchez Padilla dirán la última palabra.

«Ahorramos combustible o muerte», bien se podría escribir en la bandera de los «33», mientras construimos otras alternativas energéticas. No hay otra. Si hay otra: bienvenida. *

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