La Asamblea General celebró el bicentenario del nacimiento de Garibaldi

Diputados quedó sin quórum tras planteo político de Lacalle Pou sobre la seguridad

Jueves 05 de julio de 2007 | 1:45
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Enrique Pintado (Asamblea Uruguay), presidiendo la Mesa con sobria elegancia, apartó el mate (ya estaba frío), miró el reloj, suspiró y lanzó una advertencia: “Me permito decirles a los señores legisladores que desde el 13 de junio, en sesiones ordinarias, no hemos aprobado ni un proyecto de ley. Hoy figuran importantes temas en el orden del día, pero me parece que no los podremos tratar”. Enseguida, con una ceja alzada y el dedo índice en ristre izquierdo (por supuesto), y señalando la augusta sala por entonces poco concurrida, añadió: “Piensen en la productividad parlamentaria”.

¿Qué había ocurrido para que el calmado presidente hubiese incorporado ese tono admonitorio?

Un planteo político de Luis Lacalle Pou (Herrerismo), hecho a velocidad del Correcaminos, fue contestado de modo categórico por el oficialismo pero seguía seduciendo a los blancos, que pretendían insistir en el debate. Sin embargo, a la mayoría, que no estaba dispuesta a seguir ese juego pues había dado por finiquitado el asunto, le llegó una tajante orden de la coordinación: “Nos vamos”. De a uno, los diputados del Frente Amplio fueron liando sus petates y yéndose silenciosamente por diversas puertas ­como si hubiera terminado el desfile de Llamadas en el barrio Sur-, hasta que Pintado sacó cuentas a ojo y sentenció: “Lamento mucho comunicarles que ya no hay quórum y estoy obligado a levantar la sesión”.

 

El reclamo de Lacalle Pou

Tuvo cosas extrañas la sesión, que, sin embargo, empezó casi chirla. Germán Cardoso (Foro Batllista), Federico Cassaretto (Alianza Nacional), Lourdes Ontaneda (Alianza Progresista) y Darío Pérez (Liga Federal Frenteamplista), todos diputados por Maldonado, tributaron un homenaje al centenario de Punta del Este.

Cardoso fue el más abundoso y prolijo históricamente y propuso crear la Alcaldía de Punta del Este; Cassaretto, con voz tan fuerte que dejó en hilachas el micrófono, agregó un anecdotario nutrido, mirando sonriente y uno a uno los rostros a su alrededor, aunque todos parecían de piedra; Ontaneda apeló a la emotividad y Pérez despertó a quienes se estaban durmiendo: “Seré sintético y breve. Me han dejado sin nada que decir y no haré lo que critico a otros: ver las cien formas de la alpargata”. Tras lo cual reclamó del gobierno nacional una mirada más profunda y abarcadora sobre una zona que lo requiere para su integral desarrollo.

Enseguida ­sin sorprender a nadie esta vez, porque el asunto había sido convenido con el oficialismo- Lacalle Pou, en un constante do de pecho que compitió con el de Cassaretto, que de todas maneras lo da más lleno, aludió al “derecho de petición genérico” de las 140.000 personas que firmaron ­ajustándose al artículo 30 de la Constitución-, en noviembre de 2006, el apoyo a cinco iniciativas del Partido Nacional para combatir la inseguridad: la modificación del artículo 222 del Código del Niño, evitando que los antecedentes de los menores infractores sean destruidos al llegar a su mayoría de edad; la seguridad rural, un proyecto que, dijo -ahora en re menor-, “fue desvirtuado en la comisión respectiva”; la lucha contra la pasta base, creando la figura del arrepentido para desarticular a las organizaciones delictivas; la sanción penal de la “tentativa” en determinados infracciones al Código del Niño; y la clara separación, en los locales de internación del INAU, de los menores infractores de aquellos que no lo son.

Lacalle, mirando siempre hacia su derecha ­supongo que para no confundir a nadie- sostuvo que “la Constitución le da derecho al pataleo a la ciudadanía, pero ese pataleo ha quedado sin respuesta en la Cámara”. Apoyado en este diagnóstico algo metafórico, que ubicaba a la mayoría como omisa por no aprobar los proyectos descritos, adelantó que solicitará la citación, con carácter de grave y urgente, de la ministra del Interior y del presidente del INAU para que se manifiesten sobre las medidas propuestas por los blancos y apoyadas por 140.000 firmas.

 

Lo estaban esperando

Javier Salsamendi (Espacio 609), que fue subiendo el tono de su voz hasta casi crear una sensación de angustia, como si uno estuviese viendo el final de un teleteatro mexicano, tenía el dos y el cuatro de la muestra. Ni jugando al revés podía perder este truco.

“Es verdad que se presentaron esos proyectos ­informó­, tanto como que la Comisión los trató y, como ocurre siempre en estos casos, los resolvió. Democráticamente, por mayoría, los resolvió”. Fue la manera más sofisticada, casi renacentista, que halló para decirle a Lacalle Pou que los habían bochado y tenía que aguantarse piola. Pero Salsamendi tenía cartas para rato: “El de Seguridad Rural ­y aquí el hombre vertió un alarido en el recinto: ‘¡que ha pasado siete años sin ser tratado!’­, quédese tranquilo, lo vamos a traer al plenario”.

Ya había puesto los naipes mayores sobre la mesa y echado hasta el vale cuatro, cuando agregó, cual don Jacinto saludando a doña Micaela: “Las cosas son así, salvo que se crea que todo proyecto que yo presento tiene que ser aprobado”.

Mientras los blancos se miraban a ver quién salía a jugar la siguiente mano, emergió Uberfil Hernández (Espacio 609), bendecido por el uso de una interrupción, para presentar un detallado trabajo de varios años con el que demostró cuántos proyectos de ley, tanto del Poder Ejecutivo como de los parlamentarios, habían sido aprobados durante los dos gobiernos de Sanguinetti, el de Lacalle, el de Batlle y lo que va del actual. Si seguimos con la metáfora del truco, le sobraba la espadilla a Uberfil, que no perdió jamás su tono sereno, conciliador, bonachón que usa hasta cuando te arranca la cabeza: liderando el recuento quedó la administración Vázquez, que sólo ha cumplido la mitad de su mandato. Seguramente pensaba llegar, el bueno de Uberfil, a comparar los proyectos sobre seguridad. Pero el tiempo cruel y traidor no se lo permitió. Y bueno, fue luego de este virtual aplastamiento de los argumentos esgrimidos por la oposición que se generó, en rápida sucesión de circunstancias, lo que ha sido contado al principio. Acerca del final debo decirle, lector, que los últimos en abandonar la histórica sala fuimos los periodistas. Cuando miré a la Mesa, el vacío sillón de Pintado parecía que me sonreía, parecía. *

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