La Cámara Alta sesionó ayer con la particularidad de que lo hizo en régimen de sesión ordinaria y, a la vez, en sesión extraordinaria. ¿Cómo pudo darse este aparente sinsentido? Muy sencillo. Concluida la hora previa de la sesión ordinaria–se votó un cuarto intermedio para entrar a funcionar en sesión extraordinaria con el objeto de tratar dos asuntos relacionados con un par de reformas del Reglamento interno del Cuerpo.
Una vez que hubieron sido aprobadas las modificaciones, el Alto Cuerpo levantó el cuarto intermedio, volvió a sesionar en régimen ordinario y se abocó con dedicación a tratar el orden del día; con dedicación y con presteza, justo es reconocerlo.
Como sin duda el lector ya lo habrá adivinado, el primero en hacer uso del verbo humano fue el senador sorianense Gustavo Lapaz. Con su melodiosa voz de barítono abogó por que los docentes de Primaria, de Secundaria y de Educación Técnico-Profesional egresados de institutos de formación docente tengan un título de categoría universitaria.
Luego reiteró un pedido de informes cursado a la Cancillería para conocer detalles de lo que le costará al Estado la defensa de nuestros intereses en el conflicto con Argentina en el ámbito de la Corte de La Haya. También se refirió al funcionamiento de los comedores del Inda, y para finalizar, envió un saludo afectuoso (y cordial) a los intendentes y ediles y sus respectivas familias–con motivo de cumplirse dos años de la asunción a sus cargos actuales.
El doctor Ríos (Alianza Progresista) brindó un sentido homenaje al basquetbolista recientemente fallecido Washington Poyet; destacó sus virtudes deportivas y su calidez humana y lo recordó con emoción expresando que debería ser tomado como ejemplo para los jóvenes.
El herrerista Gustavo Penadés manifestó su preocupación por la tardanza del Poder Ejecutivo en enviar las solicitudes de venia para llenar vacantes en el Ministerio Público. Parece que hay cerca de ocho fiscalías sin titular, y exhortó, entonces, al gobierno a que dé trámite cuanto antes a las venias. El segundo tema abordado por el senador nacionalista fue la contaminación ambiental generada por los desechos electrónicos. Además de los electrodomésticos clásicos, el problema grave lo representan los miles de celulares y de computadoras que dejan de usarse y que contienen un sinfín de elementos y productos químicos altamente contaminantes: plomo, arsénico, cobalto, mercurio, cadmio y otros de temible capacidad de envenenar la biosfera; con decirle que un celular puede contaminar 600 mil litros de agua. Terminó haciendo un llamado de alerta y exhortando a una toma de conciencia sobre el asunto.
A continuación, fue el turno de Baráibar, quien se refirió a una reunión del Parlatino en Panamá donde se trató el rol estratégico del parlamento en el desarrollo. Debo reconocer que su exposición me resultó un tanto plúmbea; y no sólo a mí, sino también al resto de sus pares. Se levantaban de sus asientos, paseaban por entre los sillones, se detenían a conversar formando animados grupos; otros leían periódicos o hacían anotaciones en los repartidos.
Como queda dicho al comienzo, con singular prontitud y esmero se aprobaron catorce asuntos. Paso por alto la mayoría de ellos ya que se trataba de asuntos técnicos o de modificaciones sin mayor relevancia. Pero me detengo en un proyecto de ley que autoriza a los bancos Central, República y de Seguros a contratar a ex empleados del Banco de Crédito. Informó Susana Dalmás (Asamblea Uruguay) explicando que se trataba de instrumentar un acuerdo laboral especial, avalado en su momento (2003) por el Ejecutivo, por el que por cada tres vacantes que se produjeran en esos bancos oficiales, ingresaría un ex empleado del banco fundido.
Don Luis Alberto Heber (casi precandidato herrerista) no desperdició la bolada para hacer referencia a los llamados a concurso para ingreso de nuevos funcionarios a esas instituciones estatales que se publican en la prensa, y preguntó si allí estaban considerados los empleados del Crédito; fue una manera sutil de sugerir que había una contradicción. Susana le respondió diciendo que estaba de acuerdo en pedir informes al respecto y aclaró, además, que la ley prevé un concurso cerrado sólo para estos ex empleados del banco de Crédito, lo que permitirá conocer cuántos están en esa situación y a cuántos les interesa ser absorbidos por alguno de los bancos estatales.
Otro punto a destacar fue la discusión del proyecto de ley por el que se establece la obligatoriedad de la Educación Inicial, Primaria y los tres primeros años de Secundaria, que volvió con modificaciones de la Cámara de Representantes.
Informó don Julio María explicando ciertas obviedades sobre la importancia de la incorporación de niños preescolares en el sistema educativo, y aprovechó la ocasión para resaltar los logros educativos de su gobierno. Heber también aprovechó para lanzar algunas de sus habituales preguntitas capciosas, como por ejemplo, ¿hacia dónde va nuestra educación?, para terminar clamando por un profundo debate sobre el tema.
Cid, por su parte, apoyó la propuesta de debatir a fondo el asunto y, ni corto ni perezoso, también aprovechó la circunstancia para resaltar los logros del gobierno actual en lo que tiene que ver con las políticas sociales, la mejora del salario y del empleo.
Y bueno, amigo lector, por aquí voy a plantarme, porque después vinieron bautizos de escuelas y liceos y venias de destitución. Entre los homenajeados mediante la designación con su nombre de institutos de enseñanza, debo mencionar a Ruben Lena y al general Aparicio Saravia.
Y esto es todo por hoy, amigos. Así está el Senado. Hasta mañana. *
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