El intenso color de la sesión

Escrito por: ANTONIO PIPPO

Jueves 28 de junio de 2007 | 3:07
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Que la sesión tuvo color intenso, no hay duda.

Por ejemplo, al mismísimo comienzo, Jaime Trobo (Herrerismo), fiel a su compulsión por estremecer a los demás, y advirtiendo pocos legisladores en sala debido a que dos comisiones seguían trabajando, sugirió la suspensión del plenario. Le dieron menos bola que Estoyanoff a Tabárez la otra (y dramática) noche venezolana.

Si es por intensidad cromática, a la cabeza seguramente estuvo la camisa amarillo feroz que lució Federico Cassaretto (Alianza Nacional). Aunque compitió con un elegante buzo de Daniela Payssé en parecido tono, ganó por estallido; no en balde un compañero de bancada le dijo: ¿Fede, la podés apagar un poquito, que encandila?”.

Claro, también hubo intensidad argumental, que discurrió, anadeante y conmovedora, entre el histrionismo exacerbado, la explosión emocional y el cruce de ironías filosas como el cuchillo de Epifanio, el carnicero.

Washington Abdala (Foro Batllista), moviendo los brazos cual aspas de molino y usando un tono re mayor, enrostró a los oficialistas que “habían ido a llamar al Presidente y éste les metió la felpa” –exquisita mezcla de castellano clásico y lunfardo–, toreándolos a renglón seguido con un “quiero ver quién lo tropea”, otro sublime aporte de un lenguaje que, vaya curiosidad, tanto cultiva Pepe Mujica. Del otro lado saltó Jorge Orrico (Asamblea Uruguay); el elegante diputado tanguero rememoró su adolescencia, cuando seguía un programa llamado “El show del muñequito”, sorprendiéndose porque ahora, en plena adultez y contra su expresa voluntad, se le obligaba a ver “El show del soldadito”.

En una línea menos ingeniosa, tipo camión con acoplado, Jorge Gandini (Alianza Nacional) –quien tuvo la delicadeza (con los periodistas masculinos) de permitir que su suplente Irene Caballero permaneciera en sala y por momentos circulara haciendo temblar los cristales de la augusta cúpula–, comenzando en fa moderado y concluyendo con un do de pecho, invitó, para probar que “los recursos para la enseñanza están”, a realizar unos ejercicios. Hubo quienes estuvieron a un pelo del aplauso, porque supusieron que el voluminoso legislador se refería a alguna forma de bajar quilos; pero no, sus mentados ejercicios eran aritméticos.

En cierto momento, me iluminó una revelación. Observé a la bancada del Espacio 609 y advertí una fila firme, pareja, serena, estoica y dispuesta a todo: Héctor Tajan, Esteban Pérez, Uberfil Hernández y Heber Clavijo. ¡Qué línea de volantes se perdió el maestro por caprichoso!

 

Más tarde surgió el espacio caracterológico

Alfredo Asti (Asamblea Uruguay), enriqueció su espléndida exposición con multitud de números y porcentajes, leídos a pasmosa velocidad; dejó una rara sensación: confirmó su solvencia y conocimientos y su capacidad de provocar en los otros casi irrefrenables deseos homicidas.

De Carlos Gamou (Espacio 609), retuve la frase para el bronce de que “la economía es una ciencia social porque todos la interpretan como se les antoja”. Montó una gran calentura en un acto –con sus usuales saltitos en la banca y el rostro y la calva enrojecidos– para acusar a la oposición de manipular hechos objetivos. Su final fue digno de sir Lawrence Olivier: “¡Y si quieren hablar de clientelismo, bueno, esto ya no tiene gollete!”. A continuación, Ivonne Passada (Espacio 609) conjeturó que algunos legisladores de la oposición “se desayunan con pastillas de amnesia”.

Apelando a un registro vocal similar al que usa con alumnos rebeldes reincidentes, José Carlos Cardozo (Herrerismo) contestó, en obvia referencia al encuentro que la bancada oficialista había tenido con el presidente Vázquez: “¡Cómo no los voy a entender, si están autoconvocados a hacer una reasignación de recursos!” (a la enseñanza, off course). No conforme, Luis Lacalle Pou (Herrerismo), calificó a Gamou -¡vamos, Carlitos, todavía!- de “medianamente inteligente”, desatando la hilaridad general: ni lerdo ni perezoso, añadió: “No importa, con lo que van a sacar de la reforma tributaria será inteligente del todo”.

¿A los postres? Beatriz Argimón (Correntada Wilsonista), toda de beige clarito y con el cuello cubierto por una piel de animal desconocido pero que erizó la de todos los presentes. Eduardo Brenta, que informó con sobriedad y convicción el proyecto de Rendición de Cuentas y se acercó a los periodistas y les cebó unos mates (se agradece, diputado, que así se gana a la gente). Iván Posadas (Partido Independiente) insistió en usar la voz del locutor de radio Montecarlo de las siete de la mañana. Y Pablo Ithurralde (Alianza Nacional) volvió a entrar y salir rápidamente, papeles en ristre y esa sonrisa bonachona que deja la impresión, a su pesar, de que está siempre en el sitio equivocado. Cosa que no es así; doy fe.

¿Un broche de oro? Maísa Blengini, la funcionaria encargada de coordinar a esa bancada oficialista que corcovea, corcovea. No creo que le paguen lo que se merece. Tiene el cielo ganado, tiene.

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