El Plenario de Diputados dio cabal ejemplo de cómo perder el tiempo por absurdidad
Eran aproximadamente las 19.50. Miré el rostro de Enrique Pintado en su cómodo sillón de la presidencia de la Cámara y advertí un gesto, mezcla de incomprensión y tristeza, como si estuviese en la Amsterdam justo cuando ahí, en ese maldito arco, le meten un gol idiota a Peñarol. Es que la sesión ya se había interrumpido tres veces para que los coordinadores de bancada acordaran una simple y escueta moción.
Si vendría mal la cosa que, dirigiéndose a Jorge Orrico (Asamblea Uruguay), coordinador de la bancada de la mayoría, compañero y amigo suyo, le espetó sin piedad: Orrico… ¡no puede ser tan difícil coordinar una moción!
Orrico, apelando a ese distanciamiento aristocrático con que a veces tira la pelota al óbol, se limitó a dejar la moción encima del escritorio del presidente.
Fue el único tema que anoche tuvo cierre. Por moción de urgencia se aprobó una sesión extraordinaria para el próximo miércoles, con este temario: uno, proyecto de normas para el control del tabaquismo; dos, declaración de feriado no laborable para los fernandinos, el 5 de julio, con motivo del centésimo aniversario de Punta del Este; tres, normas para asegurar el abastecimiento vitivinícola; y cuatro, otro feriado no laborable por el aniversario de Cerro Chato (cuyo día olvidé, y lo siento, lector, en medio del caos que habían desatado las fuerzas del mal).
El absurdo sentó sus reales
Se estaba debatiendo, con calor bastante para que ardiese la más herrumbrada salamandra, el tema de la clausura de Radio Caracas Televisión. Había dos declaraciones: una de la bancada oficialista y otra de la oposición (más allá del resultado absolutamente previsible).
Pero, de pronto, Gustavo Borsari (Herrerismo), aduciendo que el asunto provenía de un acuerdo de bancadas logrado en la mañana en comisión, presentó como moción de urgencia, el asunto de Punta del Este.
Todo parecía normal. Sin embargo, procesada la votación, el oficialismo no acompañó la moción.
Ay, papito. Ardió Troya. De poco sirvió que Adriana Peña (independiente Partido Nacional) y Sandra Etcheverry (Alianza Nacional) compitieran por quién lucía mejor el rosado pálido, ni que Beatriz Argimón (Correntada Wilsonista) paseara con señorío un anillo artesanal, aclaro- que parecía un arma de defensa personal, ni que Daniela Payssé no recibiera chocolates mentolados y no pudiera convidarme. Todo eso, además de la persiste melancolía de Pintado y las entradas y salidas de Pablo Ithurralde (Alianza Nacional) como si creyese que estaba en una terminal de autobuses, quedó aplastado por el despelote que se armó.
Me costó entenderlo. Además de que soy lento, la cosa, en realidad, estaba emparentada con el absurdo.
En comisión habían acordado, sí, aprobar esta moción, pero a condición impuesta por la mayoría de que Jaime Trobo (Herrerismo) no aprovechara para perorar a grito ardido sobre la inconveniencia económica para el país de los feriados no laborables, extremo en el que cae toda vez que se trata una cuestión de esta naturaleza. Entonces saltó Nelson Rodríguez (Correntada Wilsonista), con su cédula de Maldonado en ristre, a decir que los blancos jamás aceptaron semejante imposición porque nunca impedirán la libertad de expresión de uno de sus correligionarios ni le pedirán -¡faltaba más!- que se retire de sala.
Fue un zambapalo, nomás
A partir de ahí la sesión fue una fiel representación del café de doña Rosa, escenario central de «La colmena», de Camilo Cela.
Cuando parecía que el lío era entre oficialistas y blancos, del fondo de la sala irrumpió, con una expresión facial que lo asemejaba al conde de Transilvania, Darío Pérez (Liga Federal Frenteamplista). Arremetió contra sus propias tiendas, compadeciendo por anticipado a su querida Punta del Este que, por causas a su juicio inaceptables y falta de buena voluntad, quedaría sin su feriado para el centenario ya que debía ser aprobado por Diputados y luego por el Senado antes del 5 de julio. Y la de anoche era la última sesión ordinaria de la Cámara baja.
En medio de una suerte de zambapalo que aplastó al plenario, sólo hubo tino en la preocupación expresada por Miguel Asqueta (Alianza Nacional) y Luis José Gallo (Asamblea Uruguay), dos médicos y dos hombres serios, quienes dijeron que lo peor no estaba ahí, sino que por estas zarandajas incomprensibles se seguía postergando un tema que preocupaba a toda la sociedad: las normas contra el tabaquismo, proyecto que sesión tras sesión sigue siendo postergado.
Alguien propuso una sesión extraordinaria para el miércoles próximo, de tal modo de contemplar a los fernandinos y a Gallo y Asqueta. Y de ahí se saltó la moción que por vía de urgencia fue finalmente aprobada.
Claro que antes habló un pueblo Orrico, Ortuño, Rodríguez, el infaltable Trobo y hasta Sandra Etcheverry, a quien la rabieta le hizo decir que «no le gusta gritar» (¡)- y hubo tres interrupciones para intentar un acuerdo en los pasillos.
La doña Rosa de Cela hubiera dicho, estoy seguro: «¡Si sois capaces de no decir nada! ¡Pero os reventáis! ¡Estáis buenos! Anda, vamos, mover las piernas y pedir a cualquier santo que no se me suba la sangre a la cabeza».
Lo habrían tenido merecido.
Radio Caracas Televisión
Los blancos arrancaron con este tema a ritmo de vendaval. Encabezados por Daniel Peña (Alianza Nacional), Alvaro Alonso (Desafío Nacional) y Jorge Gandini (Alianza Nacional), reclamaron que la Cámara condenara la decisión del gobierno de Chávez y le pidiera que la reviese. «Si se habla de medios golpistas dijeron había que recordar que Chávez se alzó en 1992 contra un gobierno democrático en su país»; añadieron que la medida contra Radio Caracas Televisión ha sido cuestionada por el Senado de Brasil, por legisladores chilenos y por el Parlamento Europeo: «Así debimos proceder nosotros», sentenciaron con cara de parientes de Aparicio. Gandini, espoleando a su alazán, sugirió que «este debe ser un tema de principios y no de conveniencias», que «la libertad de expresión no es una cuestión interna de un país sino un valor universal» y que «el sueño de Chávez es gobernar hasta 2035 con partido único».
Del otro lado hablaron unos cuantos, pero el argumento que cayó como un aerolito sobre las testas blancas cuchilleras lo dio Ruben Martínez Huelmo (Espacio 609) leyendo un artículo del doctor Storace Montes, escrito en «La Democracia», publicación del Partido Nacional: «La resolución es un asunto interno de Venezuela, un asunto administrativo que debe ajustarse al derecho de ese país. Una intromisión colisionaría con lo que siempre ha pensado el Partido Nacional sobre la no intervención en asuntos internos de otros países».
Sin embargo, y pese a este verdadero gancho al mentón, los blancos siguieron discutiendo. Pero no hubo resolución, porque cuando el debate se retomó, luego del zafarrancho de las interrupciones por el feriado fernandino, el tiempo implacable hizo su obra que esta vez fue compasiva como la Madre Teresa y el tema quedó para una próxima oportunidad.
Algo para recordar
La media hora previa fue lo único sensato de esta casi funambulesca sesión. Es posible rescatar una exposición de Jorge Patrone (Asamblea Uruguay) ante la decisión de la FIFA de prohibir partidos de fútbol a más de 2.500 metros de altura. Luego de hacer notar la hipocresía de la Federación, que ha hecho jugar mundiales con 40º de temperatura, Patrone propuso, a fin de contemplar todos los intereses, que se permitiese a los países afectados usar sus estadios a mayor altura sólo cuando compitan entre ellos.
A su vez, Uberfil Hernández (Espacio 609), destacó la exitosa trayectoria de Danubio y, con cierta picardía política, la comparó, en sus vicisitudes, con la peripecia del Frente Amplio para llegar al gobierno. De paso, y con calidad de hombre que ha recorrido unos cuantos boliches
, aludió a la mercantilización del fútbol, criticando sutilmente al monopolio televisivo que hoy se padece. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad