El retorno de Cortés

El domingo pasado me sentí, por un rato, Cuahutémoc, el último soberano azteca, a quien Cortés le quemó los pies con aceite hirviendo, por no querer decir dónde estaba oculto el tesoro de Moctezuma.

Dice la leyenda que Cuahutémoc, cuando sentía que los pies se le quemaban, atinó a decir: «¿Estoy yo acaso en un deleite o baño?». Tiempo después de que hubiera vencido la cruel tortura los españoles lo ahorcaron, el 28 de febrero de 1525.

Ese mismo calor lo sentí al leer una columna de opinión titulada «Echando Legnani al fuego», firmada por Jorge Croce, que no es Benedetto Croce, el «Filósofo de la Libertad», intentando polemizar con un análisis de mi autoría titulado «Sin el gobierno de Vázquez no hay reparto de la torta, ni verdad y justicia».

El discrepante prefirió mandarme a la hoguera ­¿preámbulo de la horca?­, antes de argumentar en contra de mi tesis. En ese momento, pasadas las primeras impresiones del intenso calor, cuentan que dije: «¿Estoy yo acaso en un deleite o baño?». Deleite y baño, sin duda.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje