Semana de enorme impacto; Vázquez y Lacalle: "Au revoir"
El doctor Tabaré Vázquez anunció, el pasado lunes, que no propone ni acepta su reelección a la Presidencia de la República, en un discurso no leído pero sí preparado, casi como un guión de una ópera, donde los silencios, la música, el texto y hasta los gestos faciales estuvieron perfectamente organizados.
Si uno sigue sus palabras con atención podrá detectar que primero creó todo el clima con la intención de generar una gran expectativa. Los ministros y legisladores comenzaron, en ese momento, a transpirar, a sentarse en la punta de la silla y hubo algunos que llegaron a seguir con el movimiento de sus labios cada palabra, sin atreverse a decir cuál sería la próxima.
Primero manejó la idea del cambio. «Todo cambia y entonces no es de extrañar que en política también todo cambie, está bien, es normal, es bueno además que se cambie, porque hay que adaptarse a las realidades del momento», dijo luego de recordar que el 1º de marzo de 2005 había anunciado que no volvería a hablar, como Presidente, ante la Asamblea General.
Allí algunos se codearon, se miraron de reojo, y dijeron entre ellos: «Ahí viene la reelección». Segundos después, luego de recordarle a blancos y colorados que si acepta la reelección les gana con una mano atada a la espalda, manifestó que «si tuviera el altísimo honor de que se me propusiera para ir a una eventual reelección…». Los que se codeaban hasta ese momento comenzaron a sentir que el SI estaba en la punta de la lengua del Presidente. Pero no, no fue así. «No lo aceptaría, no voy a aceptar ir a una reelección», dijo.
El frío corrió por las espaldas de algunos, tentados de llamar a sus casas para informarles a sus familias que en tres años «tenemos que salir a buscar laburo».
La neblina
A la vez, el ministro Danilo Astori enmudeció para la prensa, sabiendo que comenzaba la carrera hacia el sillón presidencial. Mujica, desde la chacra, con más de 38 grados de temperatura comenzó a imaginarse recorriendo cada barrio de pueblo a pueblo y sintió el peso de la mochila sobre sus hombros.
Entre ese cruce de imágenes y de sentimientos, muchos miraron a Enrique Rubio, «el querido Pelado», como le dice Mujica, como una tercera alternativa. «No es el momento de hablar de candidaturas», dijeron los tres con una visión de estadistas, aunque Mujica no descartó nada. Por su parte «El País» especuló sobre la fórmula Danilo Astori- Víctor Rossi los dos ministros hacedores del gobierno, aunque no los únicos, pero nadie reaccionó.
En un rincón del Edificio Libertad, el diputado socialista Roberto Conde le decía a Fabián Cardoso, de Compacto 1410, que hay dos años para convencer a Vázquez de que revea su inesperada decisión, olvidándose de que no hay dos años para instrumentar una reelección. Su cara, por cierto, era dramática, casi como si le hubieran anunciado que no había jugado a los cinco números del 5 de Oro a los que siempre les juega.
Días después, horas posteriores, muchos en el Frente Amplio empezaron a especular con que el Presidente había hecho una jugada a siete bandas y que en pocos meses volvería. Cuando se dieron cuenta de que coincidían con el diputado forista Washington Abdala, que a Vázquez no le cree ni cuando dice la fecha de su cumpleaños, el silencio comenzó a avanzar, como la niebla, y los dirigentes frenteamplistas sintieron en sus entrañas que había llegado la hora de caminar solos o en grupos, porque el futuro ya no es la historia. Una nueva página se abría, en ese momento, en la historia de la izquierda.
El adiós
En el otro extremo de la semana el pasado viernes apareció la renuncia del doctor Luis Alberto Lacalle de Herrera, quien lo hizo por medio de una afectuosa carta. «Estimados compañeros: Mediante la presente comunico a ustedes que en las actuales circunstancias he resuelto no comparecer como precandidato del Herrerismo en las elecciones internas del Partido Nacional a celebrarse en 2009″.
La misiva fue llevada a la máxima dirección del Herrerismo por Héctor García Cosa, donde estaban presentes tres posibles precandidatos a la presidencia de la República: el senador Luis Alberto Heber y los intendentes Carmelo Vidalín y Juan Chiruchi.
El clima en la sala 17 del Palacio Legislativo era tenso. Ita Heber, la eficiente secretaria del Herrerismo, salió de la reunión e informó que Heber hablaría con la prensa en su despacho. Pero Heber no habló; en cambio lo hizo el senador Gustavo Penadés, quien fue interrumpido por el diputado José Carlos Cardoso cuando un periodista le preguntó si existía una encuesta que le daba mal al doctor Lacalle y primero a Vidalín. Horas después intentamos hablar con el doctor Lacalle y en su casa se nos informó que se había ido al Interior, seguramente a su establecimiento de San Pedro de Timote, lugar preferido para sus retiros espirituales, que siempre están acompañados de la voz de Alfredo Zitarrosa. El senador Francisco Gallinal (Correntada Wilsonista), sector que podría entenderse con Heber para enfrentar al senador Jorge Larrañaga (Alianza Nacional), definió bien la semana vivida en declaraciones a AM LIBRE: «Fue de enorme impacto», debido a que Vázquez y Lacalle renunciaron a sus aspiraciones personales. Larrañaga, por su parte, entendió el mensaje: «No voy a hacer comentarios», consciente de que si se juntan Heber y Gallinal todo se le puede complicar. Con las dos renuncias al sillón presidencial, la nueva democracia surgida después de la dictadura se quedó sin el protagonismo de dos dirigentes que cambiaron, con signos distintos uno de izquierda, otro conservador el rumbo político partidario del país. Los dos tuvieron problemas en sus internas, los dos prefirieron el paso al costado para no generar heridas. Los dos jugaron a lo grande. Llegó la hora del reparto de los «bienes de los difuntos», aunque a veces «los difuntos» dejan un testamento y favorecen a un solo heredero. *
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