Diputados: crónica de lo que pudo ser y no fue
Primero una declaración: no soy presuntuoso.
No posaré de tan detallista como para confirmar la hora exacta en que, timbrazo intimidatorio de por medio, la presidencia de la Cámara de Diputados colgó el cartel de «se levanta la sesión por falta de quórum». Arriesgo a decir, a ojo de buen cubero, que se habían superado largamente los quince o veinte minutos que el presidente Enrique Pintado (Asamblea Uruguay) había establecido, un par de sesiones antes, como extensión máxima de la hora fijada. Fue aquella vez que dijo, con una claridad similar a la de Tabaré el otro día: «El que avisa no es traidor».
Lo que sí tengo claro es la cantidad de diputados presentes al momento del dramático cierre: veintidós, y se necesita un mínimo de veinticinco para sesionar. Como el Frente Amplio tiene una considerable mayoría, algunos legisladores de la oposición de todos modos tan pocos como la hinchada de La Luz se pusieron frenéticos en un intento de culpar al oficialismo. José Amorín (Lista 15) se fue enojando y con ademanes teatrales (¿estaría actuando un Hamlet con dirección del experto Jorge «Carnelli»?), Guido Machado (Foro Batllista) perdió parte de su atildamiento riverense y mi amigo David Dotti (Alianza Nacional), un sanducero de ley, saludable abdomen en ristre y a grito pelado, aunque sin perder el humor, me gritó que tomara cuenta de lo que había pasado. Pobre, no se dio cuenta de que, a esa altura, yo era el menos indicado para entender lo ocurrido y lidiaba, lápiz y papel en mano, con mi propia confusión.
Detalles de la breve obra
Ya en retirada, comenzó el conventillo.
Se dijo que un joven diputado del oficialismo llegó a entrar cuando el timbrazo de Pintado sacudía las vacías bancas. Algo así como el atleta que pisa la meta en la última décima de segundo. Marchó. Jamás lo podrá probar.
Se dijo también que otros dos legisladores del Frente Amplio estaban detrás de una de las puertas de entrada a la sala, hablando por celular, y no pudieron cortar para llegar a tiempo. ¿Cuestiones políticas trascendentes, una suegra impertinente, una fija para Maroñas? Quién sabe.
Los tres pudieron permitir el quórum mínimo, pero nadie les pedirá cuentas. ¿Qué habría que hacer, sino, con tantos otros que ni siquiera habían caminado el túnel que une el anexo confortable asentamiento de la mayoría de ellos con el augusto recinto de la Cámara baja?
Me quedó un gustito amargo porque otro amigo, Aníbal Pereyra (Espacio 609), minutos antes me había anticipado un interesante planteo político que pensaba hacer en la media previa. Sospeché algo parecido de Ruben Martínez Huelmo (Espacio 609) quien esta vez exhibía una elegancia enamorada del gris, concentrado en su banca como un monje tibetano y perdida la mirada en un montón de papeles que quién sabe qué cosas terribles encerrarían.
Pero hubo aspectos positivos: Pablo Ithurralde (Alianza Nacional) fue relevado de su costumbre de llegar tarde; Luis Lacalle Pou (Herrerismo) pudo seguir preparando el viaje a Indonesia que programó para agosto; y Carlos Signorelli (Foro Batllista ¿todavía?), puntual como un japonés, pudo explicarme su teoría sobre la necesidad de que haya locales públicos especiales «para fumadores».
Párrafo aparte para el presidente Pintado. Primero, impecable su aplicación del reglamento; segundo, conmovedora su fidelidad a un compromiso que todos conocieron en tiempo y forma; tercero, ¡otra vez con corbata amarilla y negra refulgiendo como una baliza recién coloreada!
Lo que quedó
Del nutrido temario programado, que pasará para la semana que viene, destacaban el proyecto estableciendo nuevas normas para el control del tabaquismo, la modificación del seguro de desempleo de trabajadores zafrales o por temporada y un texto cuyo simple enunciado puede causar apoplejía si se lo lee de un tirón: «Protocolo de Enmienda al Acuerdo entre Uruguay y Venezuela para la Cooperación en la Mejora de la Infraestructura Edilicia y de Equipamiento del Hospital de Clínicas».
Ah, y esta vez, como la brevedad nos barrió de un plumazo, ni siquiera hubo respetables legisladoras a las cuales echar el ojo para descubrirles nuevos modelitos, peinados o resultados de la dieta de la luna.
¡Si hasta Víctor Semproni (Claveles Rojos), que ayer había sido protagonista de una de las irrupciones en sala más estrafalarias que se recuerden, hoy fue a dar con su redondeada humanidad en el Senado! *
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