ENTREVISTA:  JOSE CARLOS MAHIA, DIPUTADO DE ASAMBLEA URUGUAY

"En 2009 habremos llegado a invertir en educación 1.100.000.000 de dólares"

­Ubiquémonos en un área de la actividad nacional donde usted ha trabajado mucho: la educación y la cultura. Y por lo tanto, la enseñanza. El ministro Astori acaba de decir que el gasto en la enseñanza, o en la educación, crecerá 120% en dólares durante el quinquenio. Sin embargo, hay quienes siguen dudando de que se alcance el 4,5% del PBI que fue prometido por el gobierno.

­Nosotros reiteramos que la meta es alcanzar, al fin de este período de gobierno, ese 4,5% del PBI. Están las previsiones presupuestales y la economía está yendo como para alcanzar ese objetivo. Cuando se fijó esa meta el Frente Amplio, en términos electorales, a fines de 2004, representaba aproximadamente 590.000.000 de dólares. Cuando alcancemos el 4,5% del PBI, hacia 2009, estaremos hablando de alrededor de 1.100.000.000 de dólares. ¿Qué significa esto? Que la masa de dinero asignada a la educación va a ser sensiblemente superior, la más alta de los últimos cuarenta años. En ese sentido también, el Partido Colorado y el Partido Nacional, en cinco años, asignaron un tercio de lo que finalmente asignará la izquierda cuando culmine su período. Quizá no sea lo necesario, o lo suficiente, pero sí es el máximo posible en el espacio fiscal disponible para llegar en estos tiempos de un gobierno de izquierda. Paradójicamente, nos vamos a encontrar entre dos fuegos: el de la derecha, que ve a la educación como un gasto, y nos va a criticar por el excesivo gasto, y el de algunos sectores sindicales y de la izquierda que reclaman más de lo posible.

 

­Ahora que la Rendición de Cuentas está en el Parlamento, permítame recordar una frase de Nora Castro, de la que me he apropiado: «Por suerte, en este país Montesquieu vive y lucha». Le da al Poder Legislativo el verdadero valor que debe tener en una democracia. ¿Qué pasa con la idea de sectores del propio oficialismo que, por vía de redistribuir el gasto, pretenden asignar más recursos a la educación? ¿Implica algún grado de contradicción entre las fuerzas del gobierno?

­El fondo del asunto es éste: ¿Qué rol tiene el Parlamento en un sistema democrático? Yo parto de la base de mi creencia en los partidos fuertes, que construyen democracias fuertes. Cuando el presidente Vázquez, días pasados, plantea que los líderes de los sectores mayoritarios del Frente Amplio respalden en el Parlamento lo que firmaron en el Consejo de Ministros, parte de la base de dos conceptos: el primero, que ésta no es la Rendición de Cuentas del Ministerio de Economía, ni de Astori, sino la del gobierno. Cuando fue enviada originalmente por Economía a ser considerada por los ministros, pudo ser de Economía; pero después tuvo modificaciones que fueron firmadas ­y yo creo en el valor de la palabra y de lo suscrito­ y entonces tiene que ser asumida como un acto de gobierno. Tenemos que manejar coherentemente, como partidos políticos integrantes del Frente Amplio, lo que hacemos en el Ejecutivo y lo que hacemos en el Parlamento. Dentro del espacio fiscal disponible en esta etapa, que es muy importante, son cercanos a 300.000.000 de dólares. Y si lo comparamos con el pasado, o sea con rendiciones de cuentas de artículo único y gasto cero, es un gesto muy importante que hace un gobierno de izquierda. Quizás haya que redistribuir algunos ingresos, pero siempre concentrándonos dentro de lo posible. No olvidemos que siempre la demanda va a superar a las posibilidades. Algunos sectores del Frente, entiendo yo, están haciendo política interna, intentando llevar agua a su molino. Allá ellos. Habrá que entender que cuanto mejor le va a Economía, le va mejor a todo el gobierno. Y cuanto mejor le va a cada uno de los ministros, nos va mejor a todos. Plantear las críticas en los términos en que se han planteado me parece no sólo injusto sino una cuestión de contenido electoral interno.

 

­Veamos otro aspecto. A ciertos sectores de la opinión pública les ha quedado la impresión de que se está colocando la carreta delante de los bueyes. Esto sería válido para la cantidad de dinero que el gobierno está volcando a la educación, como también para el Plan Ceibal, que intrínsecamente es muy bueno: por un lado se habla del dinero disponible, por otro se elaboran planes y por otro más los maestros demuestran, objetivamente, que no alcanzan los cargos docentes, que faltan locales o que éstos están ruinosos y se carece de materiales básicos indispensables; y además está el tema salarial. Incluso, no olvidemos que el debate educativo aún no está laudado en un conjunto de normas que tal vez se conviertan en la nueva Ley de Educación.

­En primer lugar, hay que reconocer que los salarios docentes son bajos. Pero hay que tener en cuenta de dónde partimos. Arrancamos de salarios extremadamente deprimidos. En un período de cinco años es imposible revertir eso totalmente. En segundo lugar, entiendo que acá se le asigna un monto importante a la educación y es la ANEP la que hace la distribución de los recursos. El gobierno dispone la cifra, pero cómo se gasta o cómo se invierte, eso corresponde a la gestión de la ANEP. Y en materia de gestión todavía podemos mejorar mucho. Por ejemplo: durante 2005 se ejecutó aproximadamente 57% de los rubros destinados a inversión; en la Universidad se ejecutó 66%. O sea, no se utilizó en su totalidad el espacio fiscal disponible para inversiones. En 2006 se mejoró en la ANEP, llegándose a 85%, pero aún queda por mejorar esa utilización de rubros.

 

­Para que le quede más claro al ciudadano común: cuando se habla de locales no reparados, de locales insuficientes y de falta de materiales, por ejemplo, ¿la responsabilidad cae en la ANEP, porque los recursos disponibles alcanzarían para todo eso?

­Yo digo: no sé si los recursos bastan para la totalidad de lo que se quiere, pero el tema es que quedan partidas sin ejecutar en el tiempo en que se deben ejecutar. ¿Qué sucede entonces? Como la educación tiene metas concretas, hay que cumplirlas. Y en ese sentido, este presupuesto votado en el Parlamento trae de novedoso que si no se ejecuta el rubro en el ejercicio, no se pierde, se acumula para el siguiente. Eso permite, dentro de todo el período, mejorar los ritmos y cumplir las metas en los cinco años. Pero creo que también, en materia de educación, tenemos que mejorar otros aspectos; por ejemplo, los niveles de egreso. Hay problemas importantes a nivel de educación media, en quinto año. Esto viene de administraciones anteriores y tenemos que estudiar con seriedad y profundidad las soluciones, porque siguen desertando muchos jóvenes y eso es un problema importante.

 

­¿Eso tiene vinculación con la eficacia de los programas o proviene de aspectos, digamos, más socioeconómicos?

­Es un problema que tiene múltiples ángulos de análisis. Por un lado tiene que ver lo curricular, donde desde hace muchos años se vienen ensayando fórmulas sin lograr los objetivos deseados; por otro lado, tiene que ver con las condiciones socioeconómicas generales, tanto de los docentes como del medio. Hay también otros aspectos: a mí me preocupa particularmente el ausentismo docente. No se ha estudiado a fondo y, por lo menos en Uruguay, no hemos logrado una respuesta seria. Yo creo que el joven que vive en un asentamiento o el que vive en una zona privilegiada tienen el mismo derecho a la misma cantidad de horas de historia, de matemáticas, de física, en fin. Entonces, la discusión por el salario es una, pero la asistencia es otra. La pregunta es: ¿Por qué hay más problemas de asistencia de docentes los lunes, viernes y sábados que los demás días de la semana? Alguien va a tener que responder eso.

 

­Mire, yo he hecho algún comentario al respecto y los sindicatos de docentes se han enojado mucho. Ellos dicen que el ausentismo está relacionado, sobre todo, con la nece
sidad del pluriempleo por los bajos salarios. Relacionado con esto, hablemos de la calidad de la educación. Vuelvo al debate educativo, una cosa novedosa, inédita en el país. Hubo innúmeros aportes, difíciles de sintetizar. Insisto en que me sorprende que mientras eso sigue abierto haya cosas, muy relevantes para la educación, ya decididas, como por fuera del debate. ¿Hay un ritmo del Ejecutivo y otro de ese gran debate todavía no concluido?

­Hay cosas complementarias y hasta distintas. Con respecto a la gestión educativa también ha habido avances importantes. Por ejemplo: se terminó con aquello de que en Secundaria hubiese nueve planes de estudio simultáneamente y, en diálogo con el orden docente, se fueron modificando aspectos curriculares provenientes de la reforma de Rama. Además, se logró una mayor asistencia gracias al boleto estudiantil gratuito para todo el Interior, que antes era exclusivamente para Montevideo. También se modificó el reglamento disciplinario, que venía muy cuestionado. A su vez, hay aspectos, como ejes fundamentales, que me parecen muy positivos: por ejemplo, la extensión a cuatro años de la educación universal, que está en el programa del Frente Amplio; segundo, la educación física en todas las escuelas del país; y tercero, algo que si su implementación es buena va a ser revolucionario, que es el Plan Ceibal. La clave de este plan está ahí, en su implementación. Se puede convertir en una verdadera revolución desde el punto de vista educativo, porque los sectores más humildes de la educación pública tendrán acceso a instrumentos tecnológicos y a un grado mayor de preparación que en el pasado. En cuanto al debate educativo, por definición, debe ser permanente. Y acá hubo un hecho novedoso: ese debate tuvo que ver con la eventualidad de una futura ley y con cuestiones de gestión. Para la futura ley se tomarán en cuenta, seguramente, algunos aspectos de los presentados en el Congreso de la Educación de diciembre pasado, y que son bien importantes. Pero estamos a la espera de que el propio Poder Ejecutivo nos envíe el mensaje. ¿Por qué? No porque no tengamos iniciativas en esto, que tenemos muchas, sino porque si el Poder Ejecutivo decidió cómo se integraba la comisión organizadora y condujo el debate, yo creo que le corresponde enviar al Parlamento la iniciativa legal. Y sería buena cosa que en este mismo año, es mi deseo, ingrese al Poder Legislativo y sea una nueva ley.

 

­¿No hubiese sido deseable que ese mensaje ya estuviera en el Parlamento, incluyendo cosas que han sido resueltas aparte, como el Plan Ceibal, la obligatoriedad de la enseñanza universal desde los cuatro años y la educación física? Porque si hubiese sido así, uno podría suponer que vendría con todo ya financiado. Fíjese que hoy se dice que el Plan Ceibal no puede aplicarse en su plenitud, que faltan docentes y locales, que no hay profesores de educación física suficientes, etcétera.

­La uruguaya ha sido, para los cambios, sean del signo que sean, una sociedad un tanto conservadora. Cuando uno propone cosas nuevas, generalmente aparece un foco de resistencia. Ahora bien, sí es deseable que ingrese cuanto antes ese proyecto de nueva Ley de Educación, aunque creo que ésta va a tener, fundamentalmente, cosas vinculadas a una nueva institucionalidad de la educación: nueva dirección, distintos consejos, participación del orden docente en la conducción, integración desde los preescolares y desde la primera infancia hasta la Universidad, en fin. Crear un nuevo sistema educativo, en serio, integrar a la formación docente, quizá darle rango universitario. Si uno hace un cambio institucional deja formada una estructura que asumirá aspectos prácticos o técnicos que hacen más a la gestión que a la ley. ¿Por qué digo esto? Porque llenar de computadoras las aulas, establecer cursos de educación física o extender la educación supone más cargos y más elementos técnicos, pero el cambio fundamental va a estar en el nuevo concepto institucional de la educación.

 

­Hablemos de la educación en valores, un aspecto que comenzó a plantearse en el anterior gobierno, sin que se hiciera nada al respecto, y que parece ahora cobrar nueva fuerza. ¿De qué valores estamos hablando?

­Nunca me gustó cómo se encaró eso desde el comienzo. Es un tema muy delicado y que, cuando llegó a la escena pública, tuvo un tinte de catolicismo y de fuerte presión de sectores vinculados a la Iglesia católica para intentar, luego de cien años, volver a ingresar a la esfera de la educación del Estado. Hoy día, en general, la escuela vareliana educa en valores. Lo que cambió fue la sociedad. Y cambió la composición de la familia, sobre la cual funcionaba el imaginario colectivo. Puede haber algunos valores de consenso sobre los cuales trabajar, pero no hay que establecerlos como algo curricular, como asignaturas específicas.

 

­¿Pero no podemos poner el acento, por ejemplo, en valores o principios tales como solidaridad, tolerancia, benevolencia para la formación de las nuevas generaciones?

­Sí, pero los valores son transversales y hacen a la ética que transmite un docente cuando está frente a una clase, o una institución con respecto a sus alumnos. Pero no debe ser curricular, por aquello de que no puede haber un monopolio de la verdad encerrada en una mano. ¿Quién dice esto está mal o está bien? Es un tema por lo menos muy discutible. Yo creo que los valores que debe transmitir la escuela pública deben ser valores republicanos. Buena parte de ellos ya está en la Constitución de la República y se trata de trasladarlos a las aulas y a la vida cotidiana de la educación. Porque con el mismo derecho que alguien tiene de imbuir a sus hijos en el cristianismo, puede hacerlo en el islam o en cualquier otra religión, o en ninguna. Los valores republicanos tienen que ver con el respeto de los derechos humanos y de la democracia, con asumir la tolerancia y la solidaridad. Valores universales transmitidos en las aulas.

 

­ Hablando ahora de cultura, usted sabe que hay dos grandes acepciones: una, de tono antropológico, que la define como la suma de hábitos que se hacen comunes en una sociedad y la identifican en un momento histórico determinado; otra, que refiere al acceso al arte en sus diversas manifestaciones, al alimento de la creatividad individual, de la sensibilidad. Dejemos la primera. ¿Estamos en condiciones de permitir el acceso a todos a la cultura? ¿Se les puede proporcionar a todos, comenzando desde la niñez más temprana, esa serie de bienes culturales?

­Respecto de lo específico de la educación, se ha creado un bachillerato de expresiones artísticas, cosa por la que veníamos peleando hace años. Claro que el tema de la cultura trasciende lo educativo y está más allá, aunque lo incluye. En ese sentido, en materia presupuestal se han dado señales importantes como la Ley de Mecenazgo, los Fondos Concursables, cosas bastante novedosas respecto del pasado. En lo personal siento que hay cierto divorcio entre el sistema político y el mundo cultural. Y es deber nuestro dar señales a ese mundo cultural. Generalmente, uno ve en los discursos de entregas de premios, etcétera, muchos reclamos y demandas, parcialmente con justicia, a los que el sistema político podría responder. Este año se harán algunos actos culturales en el Parlamento: la entrega del premio Alfredo Zitarrosa a la creación cultural, a fines de 2007, un estímulo económico y simbólico; luego, una especie de feria gastronómica buscando identificar la cultura gastronómica nacional; y además festivales vinculados al tango, también en el Palacio Legislativo. Si logramos que este tipo de actividades nos sensibilice a quienes estamos en política, y que la gente del mundo de la cultura se sienta menos ajena, quizá logremos mejores cosas concretas. También está a estudio un proyecto de ley jubilatoria para los artistas.

 

­Dos preguntas finales para respuestas breves. La primera: ¿Usted está persuadido de que la Rendición de Cuentas va a pasar por el Parlamento y en el tema educación habrá acuerdo y ningún trauma?

­Puede haber una redistribución en la interna, pero estoy convencido de que, finalmente, el Parlamento acompañará la iniciativa que viene firmada por todos los ministros.

 

­La última, de tono más filosófico. Después de hablar tanto de enseñanza, educación, cultura, ¿usted cree en aquello que Thomas Mann le hace decir a Leverkhün, uno de los personajes de «Doctor Fausto», una de sus obras cumbres: «…hagamos las cosas de tal modo que más que tener una cultura, seamos una cultura»?

­Está muy bueno eso. Sí, me gusta mucho esa idea. Y además tiendo a ver los temas culturales más desde el punto de vista antropológico que desde otro, porque creo que es la mejor forma de analizarlos. Es una meta personal lograr en este período en particular algunas cosas concretas en esa área también. Ojalá pueda hacerlo. *

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