Una noche de tocata y fuga

Indudablemente el frío nos une. Las bajas temperaturas nos obligan a, casi como una acción involuntaria, juntarnos con el que tenemos al lado. O debido a lo bajo de la escala mercurial o por lo apretado de la agenda social de este anticipado invierno fue que ayer a la noche, el Palacio Legislativo se convirtió (otra vez) en escenario de un par de actos y ambos al unísono.

Las citas de éstos dos eventos estaban fijadas para las 19 horas y aunque los lugares estaban distanciados entre sí por algunos metros, para llegar a uno de ellos se debía, indefectiblemente, pasar por entre medio de los que se convocaban para otro. Rozándose, tocándose unos con otros.

A las siete de la tarde, el Salón de los Pasos Perdidos se vestía e iluminaba acorde al espectáculo musical que la Filarmónica de Montevideo se aprestaba a ofrecer. Con el sublime pretexto de recaudar alimentos y vestimenta para ser destinada a los afectados por las inundaciones en el centro del país, la Filarmónica regaló «las cuatro estaciones de Vivaldi» para un público que llenó el amplio salón central del Palacio Legislativo.

Al mismo tiempo que violines, violas, bajos y contrabajos se desgranaban en acordes, afuera, tras la puerta, a la intemperie, un grupo numeroso de gays, lesbianas y travestis aunque a su modo, también entonaban pero por la igualdad social, la aprobación de la ley concubinaria, y por la legalización del aborto y de la marihuana.

Cubriendo las amplias escalinatas de granito con la bandera multicolor que enarbolan estos movimientos sociales, hicieron que algunos de los asistentes al concierto se vieran algo perturbados por la presencia bullanguera de gays, lesbianas y travestis a tal punto que muchos pensaron que el espectáculo musical se había suspendido y optaban por desandar sus pasos para volver al refugio de sus hogares.

Pero si se piensa que esta mezcla rara de protesta y concierto clásico no podía ser más bizarro, le tenemos malas noticias.

Por la circunvalación del Palacio Legislativo pasaban uno atrás del otro los ómnibus repletos de hinchas de Peñarol y Danubio que, como aprontando sus gargantas para la finalísima que iban a ver en el estadio, sacaban a relucir los más reconocidos y floridos comentarios dirigidos hacia los integrantes de los movimientos de diversidad sexual apostados en la escalinata. Frases que, como era de esperar, eran respondidas con similar tenor y acompañadas de gestos y ademanes.

Mientras tanto, por las hendijas de las grandes puertas del Palacio, Vivaldi hacía de las suyas.

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