La izquierda comenzó ayer con su "actualización ideológica"
El ex canciller de la República disertó ayer en el taller «Mundialización de los problemas, globalización e integración regional», ante dirigentes y militantes de la coalición de izquierda.
Tabaré Vázquez presentó a los panelistas y dio comienzo al proceso de actualización ideológica que la izquierda empezó la pasada jornada y culminará el año que viene.
El presidente del EP-FA señaló: «De esta manera se inicia la búsqueda de una reflexión profunda, de un estudio pormenorizado, intentando comprender la tan compleja realidad de estos días, sin renunciar a sus principios y valores de los que nos sentimos profundamente orgullosos».
Vázquez afirmó que hoy la realidad política social, económica y cultural es distinta a la de hace 30 años, cuando se creó el Frente Amplio, y también diferente a cinco años atrás, en tiempos de la fundación del Encuentro Progresista,
Los talleres tendrán dos componentes, uno fundamentalmente académico, previo a cada sesión plenaria, con participación de distintas personalidades de distintos ámbitos: político académico universitario, de los trabajadores, de los empresarios, de los estudiantes. Luego proseguirán en «un ámbito cerrado y nuestro», subrayó Vázquez.
Asimetrías
«Creo en las virtudes del diálogo sereno y racional, de personas de distintas vertientes ideológicas. Lo hago como un liberal en lo político que nunca ha ocultado sus críticas al llamado neoliberalismo económico. No me considero ni un conservador ni hombre de derecha», dijo Gros Espiell en su palabras iniciales.
Seguidamente, el ex canciller definió la globalización y mundialización (a las que calificó de sinónimos) como la consecuencia de la abolición de las distancias en el mundo, especialmente en razón de la revolución «espectacular» de las comunicaciones. No obstante, diferenció la globalización como hecho objetivo de las líneas en que el fenómeno se mueve.
«Frente a la mundialización hay básicamente dos formas de percibirla : una angelical y otra satánica. Mi posición personal es que para encarar adecuadamente la globalización hay que hacer el esfuerzo de separar lo positivo de lo negativo».
Pero lo primero que se debe entender, sostuvo Gros, es que hoy el mundo es uno y en muchos aspectos requiere de soluciones globales, por ejemplo, con el medio ambiente. «Este tema es imposible encararlo mediante soluciones nacionales, e incluso regionales. El medio ambiente se degrada en función de grandes intereses industriales y económicos que a su vez se nutren de aspectos negativos de la globalización».
Para el ex canciller es necesario diferenciar entre el hecho innegable de la globalización y la doctrina que la gobierna.
«Es cierto que tanto en lo positivo y como en lo negativo va unida con el progreso científico y tecnológico. Pero éste en un altísimo porcentaje está destinado a asegurar la preeminencia de los países ricos, de las potencias y dentro de los estados la predominancia de determinados grupos económicos. Esto es así y es lo triste. Por primera vez, desde el punto de vista tecnológico, el mundo está en condiciones de lograr un verdadero progreso que alcance a toda la humanidad. Pero no se ha producido el fin de la pobreza, ni el fin de la discriminación, de la enfermedad. Estas cosas subsisten, algunas incrementadas, como la pobreza».
Gros se mostró contrario al neoliberalismo que «exclusivamente radica la libertad en la economía, que desprecia el humanismo. Otro de los grandes peligros de esta concepción de identificar neoliberalismo a globalización es la pretensión de debilitar el papel del Estado. Esta es una de las estupideces más grandes, la debilidad del Estado no es el fortalecimiento de la libertad personal, ni de la igualdad ni de la justicia».
La concepción de la globalización como doctrina ha llevado a la absurda teoría del fin de la historia, agregó. «Esta idea de Fukuyama es una de las más peligrosas de la historia.
El dogmatismo de la misma ha provocado la tendencia a homogeneizar y uniformizar el mundo».
Por su parte, el director del Instituto del Tercer Mundo, Roberto Bissio, coincidió con Gros Espiell en que actualmente la globalización es un proceso de hegemonía, que a diferencia del pasado no pasa por el control político del país central sino por lo económico y cómo manejan la libertad los capitales (la única libertad existente, según Bisso). También subrayó que en el presente el mundo se divide «entre los de arriba y los de abajo».
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