"Es muy difícil conciliar el pago de la deuda con recursos que faltan a planes sociales"
Con la Rendición de Cuentas cerrada, hay una agenda social que vuelve al tapete. Pero comencemos por el principio. ¿Qué le dejó al país el Plan de Emergencia?
El Plan de Emergencia fue el buque insignia de nuestro gobierno. Había que abordar la situación de una cantidad de uruguayos que no tenían para comer a diario, una situación compleja y triste. Incluso comenzamos con una cifra muy menor a la que al final resultó: se llegó a 330.000 uruguayos, integrantes de más de 70.000 hogares. Fue un gran logro, porque al mismo tiempo hubo que construir las herramientas, los instrumentos para hacerlo posible. Instrumentos incluso jurídicos, para proceder a crear el Ministerio de Desarrollo Social, el Ingreso Ciudadano con sus siete componentes vinculados al Plan de Emergencia, y luego el Trabajo Voluntario y otros mecanismos necesarios. Incluso hubo que lograr infraestructura, como las computadoras para hacer aquel relevamiento tan importante de la población objetivo del plan, que llevó meses. Si bien el Ingreso Ciudadano es un poco lo que aparece siempre a primera vista, hubo otros componentes: el Trabajo por Uruguay, las iniciativas productivas, en fin, que buscaron incluir a una gran población en la indigencia que estaba excluida del trabajo productivo, a fin de dotarla de herramientas para caminar por sí sola. Todo eso se ha ido logrando, particularmente con algo que siempre nos preocupó: gran parte de esa población indigente son niños. La pregunta que todos los uruguayos nos hicimos al comienzo, cuando descubrimos todo esto, fue: ¿Qué futuro le espera a un país cuando los niños están creciendo en este tipo de situación? Ha sido un logro invalorable, que muchas veces no se quiere ver en toda su dimensión, para ir hacia un país productivo con justicia social. Queremos un país que tenga una producción con tecnología adentro, que deje de ser una producción de materia prima exportable, que deje de ser una producción agroexportadora sin mayor grado de elaboración. Y ni qué hablar de la importancia que tiene el Plan de Equidad, de todo lo que se puede hacer en la continuidad de lo iniciado.
¿Qué inversión del Estado requirió el Plan de Emergencia?
Aproximadamente 200 millones de dólares. Eso fue lo que se invirtió en atender la emergencia social. Está claro que también hubo otros recursos no presupuestarios, porque ha habido ayuda de Cuba y de Venezuela, por ejemplo. Para las cooperativas sociales hay un fondo venezolano de apoyo a estos emprendimientos, de tal modo de permitirles cumplir su función productiva.
Ahora que usted lo menciona, ¿ese programa de cooperativas sociales sigue en marcha, pasa a integrar el Plan de Equidad?
Es un componente que está funcionando y se mantiene. Cuando aprobamos la ley que las hizo posible nos sentimos muy contentos. Tiene una enorme proyección. Es una ley que permite a la población con problemas graves de trabajo comerciar con el Estado de una manera mucho más ágil, sin pasar por el Tocaf, que rige las contrataciones de los privados con el Estado. Fue una flexibilización que demuestra la capacidad que se tuvo para impulsar a estas cooperativas, porque no se trata sólo de establecerlas, de darles facilidades… ¿Y si después no tienen a quien venderle? Por lo menos en una primera etapa eso está resuelto. Hay toda una apoyatura, una especie de tutor que luego, cuando la planta crece y se desarrolla, puede seguir o no. Queremos que las cooperativas tengan en sí mismas la posibilidad de avanzar y fortalecerse.
Yendo al Plan de Equidad, que está encima de la mesa por razones precisamente de presupuesto, recuérdeme primero sus características esenciales.
Tiene dos componentes clave: uno vinculado a las llamadas reformas estructurales, que se dirigen al conjunto de la población porque tienen que ver, por ejemplo, con las transformaciones en materia de salud, del sistema educativo y de la propia reforma tributaria, en sus aspectos redistributivos. El otro componente, más específico, se vincula a una población que ya es superior a la del Plan de Emergencia, porque no será sólo la que estaba en la indigencia sino también la que está por debajo de la línea de pobreza.
¿De cuántas personas estamos hablando?
Yo creo que estamos en alrededor de un millón de uruguayos por debajo de esa línea. Los datos del Instituto Nacional de Estadística abarcan sólo a la población que vive en centros urbanos de más de cinco mil habitantes. Entonces queda todo un universo, desperdigado en el Interior del país, sobre todo, que no se ha podido cuantificar con certeza pero que es importante. En esa población de un millón de personas es donde se pretende focalizar las políticas a fin de dotarla de herramientas para que salga adelante. Es una población, de todos modos, con muy poca diferencia con la que estaba en la indigencia. Puede comer todos los días, sí, tiene algunos ingresos, también, pero tiene dificultades para satisfacer una cantidad de necesidades básicas, tal vez no tan notorias como otras. Mire, eso ha generado cierta rispidez con algún vecino, que no entiende por qué a él no le toca determinado beneficio, debido a que la línea que separa estas dos poblaciones es muy tenue. Permítame recordar algo: en el Plan de Emergencia se detectó a unos dos mil uruguayos que teniendo más de 65 años no tenían ningún ingreso. Bueno, se logró que accedieran a una pensión a la vejez. Pero luego tenemos entre 7.800 y ocho mil uruguayos, debajo de la línea de pobreza, en esa misma situación. La idea es darles también una pensión a la vejez en el Plan de Equidad. Es algo muy razonable, que sin ninguna duda tiene un costo. Ahora que se está discutiendo sobre recursos, para nosotros, desde el punto de vista social, esto es imprescindible.
¿Se sabe qué inversión requiere del Estado el Plan de Equidad? Si es que esto es posible, porque está tan diversificado que tal vez no lo sea.
Es un plan que tiene una integralidad. Distintos componentes que se interconectan, que no pueden separarse, que no pueden hacerse unos y otros no. El conjunto del plan, en esa concatenación, exige unos 140 millones de dólares.
¿Y cuál es la diferencia entre esa cifra y lo que aparece ahora en la Rendición de Cuentas?
La diferencia sustancial al comienzo de esta discusión, porque puede haber cambios, procesados en este mismo momento es de 70 millones de dólares, destinados básicamente a implementar la mejora de las Asignaciones Familiares. Porque hacer la transición entre el Plan de Emergencia y el de Equidad, y abarcar a una población mayor, tiene que ver con la mejora sustancial de ese beneficio, un recurso que se puede focalizar en los hijos de la gente por debajo de la línea de pobreza. Pensábamos que recibieran, por ese concepto, una suma importante. Para eso se habían calculado esos 70 millones de dólares, y luego quedaban los restantes componentes del Plan de Equidad necesitados de sus propios recursos. Por ejemplo, se pretende mantener la Tarjeta Alimentaria porque ha dado un resultado enorme. Hay una faceta de extrema relevancia, que omití: la significación del Plan de Emergencia en el desarrollo del mercado interno. Volcó una cantidad muy importante de recursos, unos 5 millones de dólares mensuales, en alimentos, vestimenta, consumo general, todo aquello que mueve el mercado interno…
Sí, un impacto multiplicador.
Exacto, tiene un efecto extraordinariamente multiplicador. Incluso la Tarjeta Alimentaria está provocando, aun con sus números porque nadie habla de grandes cifras, que los pequeños comercios de cada barrio tengan una potenciación, al recuperar un consumo muy importante para ellos. Y esto provoca, además, la regularizació
n de esos comercios, muchos de los cuales hasta ahora eran informales, lo cual beneficia a todo el Estado.
A ver si entendí: ¿Los 70 millones de dólares que usted mencionó estaban básicamente pensados para el aumento de las Asignaciones Familiares?
Sobre todo para ese beneficio, sí, pero faltan recursos para los otros componentes, como las pensiones a la vejez, la Tarjeta Alimentaria, los planes de trabajo y de salud, etcétera.
O sea que los 70 millones de dólares que recibe el Plan de Equidad hoy, por Rendición de Cuentas, los absorbería casi totalmente el incremento de las Asignaciones Familiares y estaría faltando financiar todo el resto…
Claro, pero es bueno aclarar que no son fondos que vayan al Ministerio de Desarrollo Social pura y exclusivamente. Este, hay que decirlo, no es un plan como el de Emergencia, que lo instrumente sólo, básicamente el Mides, sino que tiene en los demás ministerios del área social Salud Pública, Educación, Vivienda, Trabajo actores muy relevantes. El Plan de Equidad ha sido hecho entre varios, con un coordinador que es el Mides, que va a requerir la participación de unos cuantos ministerios que recibirán sus correspondientes partidas a ese fin.
Le planteo algo que parece una contradicción. Por un lado, una imagen de correcta coordinación entre los actores del Plan de Equidad en el gabinete ministerial. Por otro, luego de tanta coordinación y reuniones, y ante un plan de tamaña importancia, no se logra evitar que recién a la presentación de la Rendición de Cuentas surjan significativas diferencias. Faltan 70 millones de dólares. ¿No se habló antes con Economía?
El Plan de Equidad se elaboró con una idea de máximas posibilidades, de abarcar todo lo posible. Luego vienen las restricciones financieras que determinan recortes muy importantes. Y bueno, eso es visto luego de una evaluación del conjunto de las necesidades de los ministerios…
Está bien, pero para que quede claro: en el gabinete, de todos modos, antes del proyecto final de la Rendición, ¿cuánto se discutió el tema?
Bueno, no, yo creo que es en esa instancia, precisamente, cuando se hace la discusión, al final, porque de lo contrario, estoy de acuerdo, no debería darse ahora si antes hubiera sido saldada en el gabinete. No quiere decir que no haya habido contactos. Pero, si no se pusieron de acuerdo antes… Porque hubiera sido mejor que el Consejo de Ministros analizara estos aspectos y resolviera al final. Está claro, no hubo acuerdo.
Ahora se abre el debate parlamentario. Tengo la impresión de que habrá bastante gente, en la propia bancada oficialista, que va a discutir mucho esta Rendición de Cuentas, y en particular por lo que hemos venido hablando. ¿Puede cambiar sustancialmente el monto de los recursos asignados?
Le aclaro algo. Acá está aquello de la frazada corta. La cifra global está ya determinada y no puede ampliarse, porque el aumento del gasto es privativo del Poder Ejecutivo. De lo que se trata en el Parlamento es de ver cómo la frazada corta la vamos acomodando, qué tapamos más y qué tapamos menos. Es como lo de vestir un santo desvistiendo a otro. O sea, hay que hablar de redistribución. Para nosotros lo central está en ampliar eso, en lograr una frazada mayor. Y ahí aparece, por ejemplo, una discusión que se produjo entre el equipo económico y el Fondo Monetario Internacional durante la última revisión de los programas acordados, el año pasado: qué hacer con la parte de las reservas por encima de las metas que el país se había fijado. Uruguay tiene hoy reservas superiores a las necesarias. Entonces el equipo económico dijo que su objetivo sería pagar por adelantado el endeudamiento del país. Ahora bien, en vista de las dificultades que hemos analizado y ojo que no es sólo el Plan de Equidad, sino también la educación, decimos ¿por qué no aplicar esa cantidad de reservas que está por encima de lo necesario, en vez de aplicarla al pago de la deuda, a aportar los recursos que nos están faltando? Es una decisión clave. También decimos: bueno, la DGI, en el primer trimestre, recaudó 140 millones de dólares más que en igual período del año pasado. Sabemos que parte de eso se está volcando a los 185 millones de dólares de incremento de la Rendición de Cuentas. Pero, en aras de buscar salidas, entendimientos, ¿no se podrá agregar algo más de esa recaudación? Igualmente, sabemos que de las ganancias de los bancos estatales también ha salido algo para este incremento de la Rendición de Cuentas. La pregunta es la misma: en aras de acordar políticas, de aproximarnos, de hallar un consenso, ¿no se podrá destinar algo más a los planes sociales? Es la única manera de agrandar la frazada. Porque no nos parece sano sacarles a unos para darles a otros, porque estamos ante una Rendición de Cuentas central para el gobierno, por el momento en que será recibida por la población, en 2008. Y hay otro elemento, que a veces no se menciona con la fuerza necesaria: aquellas iniciativas impulsadas por nuestro presidente, de acuerdo al programa del Frente Amplio, desde el Consejo de Ministros de Salto en adelante, exhortando a cada ministerio a presentar cinco iniciativas de país productivo. Incluso se armó una comisión muy cercana al presidente para monitorear esto. ¿Pero cómo van a llevar adelante esas iniciativas los ministerios si no tienen los recursos necesarios?
Puede ser una idea brillante, pero si no hay plata no se aplicará en la práctica.
Claro, y aquí hay un análisis interesantísimo que hace Adrián Fernández, de Cinve, donde dice que Uruguay, hoy por hoy, a través de la política macroeconómica que se está implementando, difícilmente pueda seguir bajando la tasa de desempleo, que se ha clavado por ahora en 10%. Y que, entonces, es necesario focalizar las políticas. O sea, hacer políticas activas de empleo para sectores en concreto. Porque el problema central sigue siendo el empleo. Es decir, si no vamos adelante con políticas de esta naturaleza y con recursos suficientes, no podremos descender esa tasa de desempleo.
Y se dificultará el plan de país productivo.
Y, sí, porque todo tiene que ver. La inversión, que genera empleo, éste que genera mercado interno, y ese mercado interno que multiplica la actividad, beneficiando también al Estado. Un círculo virtuoso. Y mire, hay otra posibilidad, además de las que ya le mencioné, para aumentar recursos, si no surgen de otro lado: ¿No podemos obtener algún recurso del exterior, digamos a largo plazo, con baja tasa de interés, para fomentar lo que necesitamos? Sobre todo si esos recursos vienen sin condicionamientos, sin mezclar a las empresas públicas, a la propiedad intelectual, ni nada de eso. Y esto lo relaciono con otra cosa: hoy tenemos un nivel de reservas por encima de lo que necesitamos. Y hete aquí que ahora los técnicos de Economía y de los bancos centrales de Ecuador, Brasil, Argentina, Venezuela y Bolivia están armando el Banco del Sur. No está Uruguay. ¿Cuál es la idea? Precisamente que las enormes reservas existentes de esos países, alrededor de 160 mil millones de dólares, que están depositadas en Estados Unidos o Europa, capitalicen a ese Banco del Sur para que sirva como instrumento del desarrollo en América Latina.
¿Y Uruguay por qué no está?
Es nuestra preocupación. Porque decimos: «Bueno, si no son todas las reservas, que por lo menos sea el sobrante que tenemos». Hasta ahora, nuestro país ha mirado esta movida de costado: «No nos interesa, no es de alta prioridad, tenemos otros instrumentos». Pero el BID o el Banco Mundial condicionan muchísimo más. Pensamos que el Banco del Sur va a tener con respecto a nuestros países una visión dif
erente.
Esto del Banco del Sur me trae a la memoria otro proyecto: el Gasoducto del Sur, impulsado por Venezuela y Bolivia. Sobre esto, pese a que parece una cosa muy tangible, aquí también se habla poco y, sin embargo, la misión presidencial a Medio Oriente planteó al menos se informó eso en la prensa la posibilidad de comprarle gas a los árabes. ¿Qué le parece?
No conocía esa versión. Hay una cuestión de costos, eso sí. Y en ese caso que usted menciona no sé de qué costos se trataría. Pero si hablamos de la cuestión energética, y de costos, esta exploración que Ancap está haciendo en el Orinoco junto a Enarsa, Petrobras y Pdvsa para tener petróleo propio, va a significar una muy importante baja en el costo de producción en Uruguay.
Si bajamos el costo de la energía, según lo estimado, en 20%, eso mejorará los costos de producción y la competitividad general del país a nivel internacional. Y no vemos que una cosa tan importante se esté analizando con el interés y la amplitud necesarios. Uruguay podría ser hasta exportador de su propio petróleo. Hablamos de un petróleo pesado que tendría en Venezuela un primer proceso de refinado y luego se concluiría el mismo en la refinería de nuestro país. ¿Qué se necesita acá? Según una consultora francesa, la inversión necesaria para readecuar nuestra refinería rondaría los 1.000 millones de dólares. Es un proyecto muy importante para nosotros.
Para terminar, volvamos a las áreas sociales. Cuando se discute sobre recursos, ¿usted siente que hay como dos partes distintas en el mismo gobierno, una representada por quienes impulsan tantos proyectos y otra representada por el rigor ortodoxo de Economía?
Es muy difícil conciliar los pagos rigurosos y a rajatabla de la deuda pública con el conjunto de iniciativas que hoy tienen recursos limitados. Es difícil conciliar el pago de 1.720 millones de dólares por intereses y amortización, que es lo que se pagará este año, y así sucesivamente porque la deuda sigue creciendo, con el desarrollo de las otras políticas. Alguien podrá decir: «Se nos fue la mano cuando hablamos de alguna insensibilidad». Pero no olvidemos que cuando se discutió el 4,5% del PBI para la educación hubo una de las peores crisis de nuestro gobierno, con amenazas de renuncia del ministro de Economía. Todo ha ido sacándose con tirabuzón. Cuando la Rendición de Cuentas del año pasado también hubo que discutir y se aumentó porque el presidente dijo, en un momento, que había que dar ese salto.
Ahora, todo esto ¿por qué? Porque en aquel primer momento se debía haber renegociado la deuda, sin ningún salto al vacío. Entonces, ahora que tenemos que pagar 1.720 millones de dólares, bueno, pagar sólo 1.520 millones de dólares y los 200 millones de dólares restantes irían al conjunto de necesidades sociales y planes de país productivo.
De otro modo, no vamos a poder cumplir con el programa nacional, popular y democrático que tenemos. *
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