Emotivo homenaje al septuagésimo aniversario del bombardeo sobre Guernica

Diputados aprobó descentralizar políticas agropecuarias en todos los departamentos

Fue necesario prorrogar la hora de finalización de la sesión. Hubo dos razones: una, la extensión que tuvo la Asamblea General, prevista para una hora antes del plenario de Diputados, durante la cual se trató la integración de Uruguay al Parlamento del Mercosur, matizada con unos grititos de Penadés que me llamaron la atención, tal vez porque lo he escuchado poco; otra, la duración también considerable del emotivo homenaje que la Cámara de Representantes tributó al aniversario del bombardeo sobre Guernica.

Antes de que se entrara siquiera al orden del día, y tras la habitual media hora previa, surgió, no obstante, una noticia de implicancias políticas muy picantes que pudo pasar inadvertida: se comunicó por la Mesa que el diputado Jaime Trobo (herrerista) había sido sustituido en la Comisión de Asuntos Internacionales por el diputado Jorge Gandini (Asamblea Nacional).

 

¿Un trámite de tantos, pensó alguien?

¡Vamos, qué poca perspicacia, lector! Ese cambio implicó que el diputado Daniel Peña (Alianza Nacional), el hombre que parece sentir una compulsiva atracción por las computadoras, será, nomás, el presidente de dicha comisión. Es que ya no necesitará del voto de ningún herrerista –no lo habrá en la comisión–, quedando satisfecho, por otro lado, el deseo del sector del Cuqui de sólo apoyar al cuestionado parlamentario de Canelones si decidiese tirarse por una ventana del anexo del Palacio Legislativo. Por algo pude observar, al menos durante unos minutos, al diputado Luis Lacalle Pou (Herrerismo) sonriendo casi beatíficamente, mientras Peña, hasta entonces sentado delante suyo y a poca distancia, abandonaba con celeridad su banca para ir a dialogar larga y amablemente con los legisladores colorados Alberto Scavarelli y Tabaré Hackenbruch (Foro Batllista). Curiosamente, estos dos señores, una vez concluido ese cálido encuentro con el sospechoso manoseador de ordenadores ajenos, salieron disparados como tejos hacia sus despachos, tal vez apremiados por la necesidad de controlar algo, qué sé yo.

Finalmente, Lacalle Pou se acercó a la bancada de prensa y reafirmó: «Yo voy hasta el final y cuando digo algo lo cumplo: los herreristas no queríamos a votar a este tipo y no lo vamos a votar». Y se alejó, dejando estampada su sonrisa, aunque ahora barnizada de un aire malévolo.

 

Descentralización agropecuaria

A continuación y con los votos de la mayoría oficialista, fue aprobado el proyecto de ley por el cual se descentralizan y coordinan a nivel departamental las políticas agropecuarias.

Algunos legisladores del Partido Nacional argumentaron en contra, no tanto por la idea descentralizadora en sí misma, sino por considerar que el proyecto, tal como ha sido redactado, no servirá a los fines propuestos. Desde el Frente Amplio se contestó con una portentosa pero convincente obviedad, virtud que a veces suele emerger aun en los plenarios más agotadores y hasta cuando los parlamentarios virtualmente se desparraman en sus incómodas bancas (esto de sitios más cómodos es un reclamo del que me hago eco, solidario al fin, aunque sea viejo; el reclamo, digo): «Si no se da un primer paso, no se avanza en ningún sentido».

En definitiva, se trata de la creación del Consejo Nacional Agropecuario, organismo honorario dependiente del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca. Será éste, el ministerio del inefable Mujica, con o sin asado del Pepe, el que proveerá los recursos humanos y materiales que sean necesarios para que el Consejo pueda cumplir sus fines: contribuir a fomentar políticas de descentralización de la gestión en todos los departamentos, articular políticas agropecuarias específicas en ese contexto y diseñar políticas sectoriales en el ámbito del desarrollo local.

 

Fideicomisos financieros

Posteriormente, fueron aprobadas las modificaciones propuestas por el Senado al proyecto de ley que seguramente ha recibido el enunciado más extenso, intrincado e innecesario de la historia legislativa universal: «Fideicomisos financieros estructurados de acuerdo con el Reglamento del Programa de Crédito Global Multisectorial dictado por el Banco Central del Uruguay».

Y yo que creía que Leonardo Favio había aplastado toda competencia posible con el título de su película «Esto es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco y comenzó la tristeza y unas pocas más».

Si alguien pretende que se le explique qué significan esos fideicomisos, que hable con Bergara, siempre listo como boy scout, o con Cancela. Yo paso, porque no me da ni para un envido con veintisiete.

 

El Fonasa pasó para el martes

El Frente Amplio pensó introducir en esta sesión –como asunto político y en carácter de grave y urgente– el proyecto de ley que crea el Fondo Nacional de Salud, segundo de los textos, junto a la descentralización de ASSE y el propio Sistema Nacional Integrado de Salud, que componen la reforma del sector sanitario.

Luego entendió que no convenía, ya que el Senado, por la hora, había levantado su sesión y el asunto, aun aprobándolo Diputados, no iba a entrar a la Cámara alta este mismo día. Por tanto, el estudio del proyecto quedó para la sesión del plenario del martes próximo.

En medio de inevitables idas y venidas, fue posible ver al coordinador del oficialismo, Jorge Orrico (Asamblea Uruguay), luciendo tan elegante y elocuente como siempre, estableciendo el acuerdo correspondiente sin que hubiera aspereza alguna con la oposición. Digo más: se le vio hasta más aristocrático que de costumbre, por lo que me hizo acordar a sir Richard Wittington, el tres veces alcalde de Londres, quien se hizo rico en épocas de la gran peste vendiendo un gato muy cazador que tenía.

Obviamente, a Orrico no se le ocurrió vender felino alguno y, además, viene de una contenida calentura por el clásico del domingo, pero por su persuasión y su porte de ganador fue como si, asemejándose un poco a Wittington, ya hubiese tomado, de rebote y por acordar sobre el futuro de un proyecto crucial, revancha de los manyas. O quizás me lo imaginé yo, vaya uno a saber.

 

Homenaje a Guernica

En las barras, fue numerosa la presencia de representantes de la colectividad vasca en nuestro país. Mientras tanto, algo aislada de ese grupo, resaltó una distinguidísima dama de negra cabellera, muy atenta y muy emocionada, de quien pude saber –y aclaro por las dudas que fue infidencia del propio marido– que se llama Cristina, es médica y vasca de pie a cabeza, aunque parece haber mezclado por allí algo de esa sangre escocesa que tintinea con las gaitas. El marido infidente fue el mismísimo Jorge Orrico, quien me la señaló con inocultable orgullo.

El homenaje por el septuagésimo aniversario del bombardeo sobre Guernica fue iniciado por una extensa, pormenorizada y docta exposición del diputado Miguel Asqueta (Alianza Nacional), vasquísimo él, quien, además, proyectó en una pantalla esta vez adecuadamente ubicada a un costado de la bancada de prensa –sin riesgo para los pescuezos de los escribas– un conmovedor audiovisual sobre la ciudad destruida y la milenaria y rica vida de los vascos. Hubo especial mención, por supuesto, al histórico roble de ese pueblo que la aviación de Franco, con apoyo de Hitler, destruyó el 26 de abril de 1937 para horror del mundo libre.

Orrico, ante la atenta y estremecida mirada de su mujer, añadió unas extraordinarias anécdotas que hicieron aun más viva la recordación hasta en sus más pequeños pero trascendentes aspectos. El diputado de Asamblea Uruguay habló de «la ciudad santa de los vascos», las falsedades que la historia inmediata construyó gracias a Franco y la verdad que fue abriéndose paso con el tiempo, hasta aquel glorioso 1979 cuando todo, en Vizcaya, volvió a ser, de algún modo, como lo había sido en el pasado.

Luego expuso Federico Casaretto (Alianza Nacional), usando con alevosía su voz de tenor agitado. Su principal aporte fu
e decir que visitó dos veces Guernica y luego no tuvo más remedio que redundar, aunque fue muy atinado que haya buscado refugio en una compasiva brevedad.

Alberto Scavarelli (Foro Batllista) hizo una escueta pieza oratoria con su natural soltura, introduciendo por primera vez a Picasso y su famoso cuadro. Se permitió precisar, ya en otra cuerda, que está mal llamar «tozudos» a los vascos, que son unas personas de fuerte temperamento y constancia, y recordó al árbol de Guernica parafraseando versos de Almafuerte: «Ese viejo roble que necesita agua, pero no la implora…».

Iván Posadas (Partido Independiente), el hombre que siempre habla (¿o grita?) también recordó a Picasso y esta vez, para beneplácito general, no huyó de la concisión y hasta pudo haber sido tildado –por quien no lo conoce, claro– de lacónico.

José Amorín (Lista 15) exhibió verbalmente a sus orígenes vascos, que pocos conocían, y que, según informó emocionado, provienen de sus abuelas. Tratando de zafar de abundamientos y redundancias, recordó a todos los vascos y descendientes que vivieron en Uruguay las peripecias ocurridas allá lejos, en su tierra querida.

Cuando parecía estar todo dicho, y más de uno se aprestaba a pararse para el minuto de silencio de homenaje y aplauso posterior, que son de rigor en estos casos, Asqueta, por vía de una interrupción, se enganchó con más anécdotas de Guernica y del País Vasco hasta que un cierto espíritu, que de forma muy ostensible comenzó a sobrevolar la sala, lo convenció de que más valía, a esa altura, callar definitivamente.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje