Esposas y familiares de torturadores pidieron ayuda a George W. Bush
Las esposas de los represores José Gavazzo, Ernesto Soca, Luis Maurente, Ricardo Medina, Jorge Silveira y Ernesto Ramas, le enviaron una carta abierta de 2.158 palabras al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, cuyo cometido es «solicitarle su intercesión para que nuestros familiares sean liberados y puedan regresar a sus hogares».
En la carta, a la que ayer accedió LA REPUBLICA, se deja constancia de que sus familiares, acusados de asesinatos, torturas, violaciones, secuestros extorsivos y secuestros de niños, participaron en «una guerra» «y debieron decidir entre plegarse al modelo comunista que en esos momentos campeaba por el mundo orientado por la Unión Soviética y sus satélites, o combatir contra ellos siguiendo el modelo opuesto, desarrollado por los Estados Unidos de América y de los países libres del mundo. Y la elección fue por este último sistema, de lo cual ninguno de nuestros familiares hoy prisioneros políticos del régimen ni nosotros nos encontramos arrepentidos».
Las esposas de los torturadores indicaron en la carta, con respecto al reclamo, que «se trata de una razón de equidad y de Justicia. Ayúdenos Sr. Presidente (Bush) a que esto que ya nos está sucediendo, no continúe, que se detenga. Usted tiene posibilidades de hacerlo», dice parte de la misiva.
Además, relatan que sus esposos se enfrentaron a la guerrilla para evitar «la conquista militar del Comunismo internacional, que consistía en apoderarse de nuestro país a través de la lucha armada» y recuerdan que «los terroristas estallaron bombas por doquier, asaltaron bancos y comercios, asesinaron indiscriminada o selectivamente, ejecutaron personas como el asesor norteamericano Sr. Anthony Mitrione».
En un tramo de la carta al presidente Bush se explica que en aquella época «se fueron librando combates, la tarea de inteligencia pasó a ser vital (al igual que hoy en la lucha contra el terrorismo actual), y la ofensiva de nuestras Fuerzas Armadas y de la Policía fue debilitando al enemigo, que sin dejar de mantener presencia en territorio uruguayo se replegó temporalmente hacia países vecinos».
Las esposas sostienen en la carta que «nuestras Fuerzas Armadas y la Policía, finalmente cumplieron con la misión que les había encomendado el poder político y derrotaron al enemigo», pero luego de la amnistía a «los terroristas de la guerrilla y a los militares y policías que actuaron en la represión del terrorismo», en 2005 «asume el poder de la nación en forma absolutamente legítima, una coalición de fuerzas de izquierda, cuya dirección está en poder de antiguos marxistas leninistas».
Según las esposas de los ex represores de la dictadura en Uruguay, el nuevo gobierno liderado por «Tabaré Vázquez, un antiguo integrante del Partido Socialista del Uruguay, de filosofía marxista leninista, y que su elenco ministerial lo componen varios ex terroristas de vasto accionar, buscan venganza».
Las esposas de Gavazzo, Soca, Maurente, Medina, Silveira y Ramas, piden ayuda a Bush porque, según ellas, el presidente Vázquez incurrió en una violación a la Constitución al violar la Ley de Amnistía que amparó a militares y policías, según dijeron.
«De ahí en adelante significó que se presentaran en la Justicia Ordinaria (no en la Militar) denuncias contra supuestos hechos cometidos por militares y policías hace más de treinta años. Y se iniciaron juicios que en forma muy sumaria enviaron a la cárcel a nuestros esposos y padres», dice la carta. Y agrega que estos juicios tienen «particularidades muy especiales, como ser: los denunciantes son en casi su totalidad ex terroristas o en su defecto familiares de los mismos, que lógicamente falsearon los hechos, y la fiscal es la esposa de un ex terrorista que estuvo preso».
Además, enviaron a Bush una fotografía de las según ellas inhumanas condiciones de prisión de José «Nino» Gavazzo, víctima de «una venganza marxista». LA REPUBLICA no accedió a la foto.
La carta
LA REPUBLICA reproduce textualmente la carta dirigida al presidente George W. Bush:
«Señor Presidente de los Estados Unidos de América George W. Bush
De nuestra mayor consideración:
Hace algunos años, cuando el mundo estaba inmerso en la llamada ‘Guerra Fría’, nuestro pequeño país no pudo permanecer ajeno a ella. Las directivas del Eje Moscú-Praga-La Habana, lo habían incluido como objetivo a conquistar militarmente por el Comunismo internacional.
El procedimiento consistía en apoderarse de nuestro país a través de la lucha armada. La misma se plasmó en actos de violencia de magnitudes desconocidas para los pobladores de una Nación esencialmente pacífica.
Los terroristas estallaron bombas por doquier, asaltaron bancos y comercios, asesinaron indiscriminada o selectivamente, ejecutaron personas condenadas por su Tribunal Popular, efectuaron secuestros, unos extorsivos y otros para malograr la imagen internacional del gobierno libremente electo por la ciudadanía, y un sinnúmero de hechos más que convirtieron el país en territorio de miedo y terror.
No está de más recordarle al Sr. Presidente, que estos terroristas llegaron a secuestrar al Embajador del Reino Unido Sir Geoffrey Jackson, al Cónsul General del Brasil, Sr. Aloyssio Díaz Gomide, el experto agrónomo norteamericano Sr. Claude Fly y al asesor también norteamericano Sr. Anthony Mitrione, al cual luego de torturarlo por varios días lo ejecutaron en el interior de un automóvil. Entre tantos otros hechos similares.
Inicialmente, los actos terroristas fueron investigados y combatidos por la Policía, pero la magnitud de los mismos y el constante accionar de sus células, determinaron que el gobierno democrático de la época ordenara a las Fuerzas Armadas el combate contra los terroristas. Era cristalinamente claro: no se trataba de problemas de orden interno, se trataba de una guerra que se libraba a nivel mundial y parte de cuyos acontecimientos se desarrollaban en nuestro país.
No fue una guerra convencional, sino todo lo contrario, una guerra irregular implacable, cruel, en la cual el enemigo no usa uniforme y se mimetiza con la población civil.
Pero también esta guerra se caracterizó por el odio que genera la lucha de clases impulsada desde sus orígenes por los marxistas, marxistas leninistas y comunistas, al final, la misma cosa con diferentes nombres.
Tampoco nada de esto es nuevo para Usted, estimado Sr. Presidente.
Pero nunca está de más cuando recordamos esos aciagos momentos, tener presente a aquellos que generaron ese odio fratricida, hombres como Fidel Castro; Ernesto Guevara y otros tantos de su misma calaña. Acordémonos cuando Ernesto Guevara, pregonaba cómo debía de ser la mentalidad del terrorista de la época: «El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano, y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar.»
Se fueron librando combates, la tarea de inteligencia pasó a ser vital (al igual que hoy en la lucha contra el terrorismo actual), y la ofensiva de nuestras Fuerzas Armadas y de la Policía fue debilitando al enemigo, que sin dejar de mantener presencia en territorio uruguayo se replegó temporalmente hacia países vecinos, donde concretó alianzas tácticas y estratégicas con grupos terroristas que operaban en esos países. Esos contactos finalizaron en una alianza formal, que determinó la formación de una macro organización internacional terrorista autodenominada Junta Coordinadora Revolucionaria, que hizo desaparecer las fronteras geográficas, transformándolas en fronteras ideológicas y que nada tenían que ver con las anteriores.
Nada nuevo tampoco para el Sr. Presidente.
Nuestras Fuerzas Armadas, por supuesto, que aunque modestas y pequeñas en lo material, continuaron la guerra en las nuevas condiciones impuestas por el enemigo, con el arma más poderosa que tenían: la moral, la disciplina
y un profundo amor por la tierra que las vio nacer.
Todo esto más allá de las situaciones políticas que se fueron dando en diversos países de la región, que para nada afectaban la situación de combate ni el desarrollo de las operaciones militares, dado que el enemigo seguía siendo el mismo.
Nuestras Fuerzas Armadas y la Policía, finalmente cumplieron con la misión que les había encomendado el poder político y derrotaron al enemigo, no sin dejar en el camino a muchos buenos soldados que murieron en el cumplimiento del deber, y otra tanta cantidad de heridos, que dejaron parte de sus cuerpos en defensa de la libertad de sus conciudadanos en lo particular, y en la defensa del mundo libre en lo general.
Finalmente en el entorno del año 1980 el enemigo había sido dejado fuera de combate y sólo quedaban remanentes aislados.
Finalmente en el año 1984 se firmó un pacto entre las Fuerzas Armadas y los Partidos Políticos, a excepción del Partido Nacional, donde se establecieron compromisos mutuos por la Paz futura, y a fines del mismo año se realizaron elecciones nacionales.
Como producto del pacto aludido, en los años 1985 y 1986 el Parlamento libremente electo dictó dos leyes de Amnistía complementarias entre sí, la primera amnistiaba a todos los terroristas, se encontrasen los mismos presos, requerida su captura o exiliados, la segunda amnistiaba los posibles delitos que pudiesen haber cometido militares y policías en la represión del terrorismo.
Pero si bien la victoria militar contra los comunistas había sido total, éstos se reorganizaron de inmediato como fuerza política legal, y su primera acción fue impugnar la Ley de Amnistía otorgada a militares y policías, lo que determinó la obligación de hacer un Plebiscito, o consulta ciudadana, la cual ratificó en todos sus términos a la ley cuestionada.
Fue un claro acto de apoyo de la ciudadanía a sus Fuerzas Armadas a la vez que le confirió a la ley un doble apoyo: el del Parlamento representante del pueblo y el del pueblo por sí mismo votando individualmente, todo lo que fue ratificado por la Suprema Corte de Justicia como Ley Constitucional.
Y ahí para los no conocedores del Marxismo, de su filosofía y de su estrategia, pareció que finalizaban los problemas y el país se encaminaba mirando hacia adelante en paz, en busca de la felicidad y prosperidad para sus habitantes.
Cuatro gobiernos constitucionales se sucedieron posteriormente a estos hechos y todos ellos respetaron puntillosamente la Constitución y las leyes incluyendo por supuesto las dos de recíproca amnistía.
Pero en el mes de marzo de 2005 asume el poder de la nación en forma absolutamente legítima, una coalición de fuerzas de izquierda, cuya dirección está en poder de antiguos marxistas leninistas, que después de la caída de la Unión Soviética, eufemísticamente sólo se denominaban marxistas.
El nuevo Presidente de la República fue el Dr. Tabaré Vázquez, un antiguo integrante del Partido Socialista que en Uruguay siempre fue de filosofía marxista leninista, según sus propios estatutos.
Su elenco ministerial lo componen varios ex terroristas de vasto accionar, el prosecretario de la Presidencia es su hermano Jorge Vázquez, enfermero de profesión y secuestrador y torturador como ex terrorista. Y así, mayoritariamente se forma todo el esquema del gobierno.
Pero pese a los antecedentes personales del propio Presidente de la República, que en su momento, pocos años atrás, brindó su apoyo a terroristas del grupo español ETA cuando los mismos iban a ser extraditados, lo que generó disturbios civiles de grandes proporciones, que finalizaron con dos muertos, decenas de heridos y daños materiales de importantísima consideración. Como su elección presidencial fue legal, fue la voluntad de los ciudadanos tener como primera figura nacional a un hombre de estas características.
Pero el problema comienza el mismo día en que toma posesión de su cargo.
Ese día viola la Ley de Amnistía otorgada a militares y policías y lo hace públicamente ante su electorado arengado, que ya quiere, prontamente, la sangre de sus antiguos vencedores militares.
Y de ahí en adelante comenzaron flagrantes violaciones a la Constitución y a la Ley, que al igual que los presidentes Hugo Chávez y Néstor Kirchner persiguen la monopolización de los tres poderes del Estado, la enseñanza y los medios de comunicación en su persona.
El no respeto a la Ley de Amnistía para militares y policías significó que se presentaran en la Justicia Ordinaria (no en la Militar) denuncias contra supuestos hechos cometidos por militares y policías hace más de treinta años. Y se iniciaron juicios que en forma muy sumaria enviaron a la cárcel a nuestros esposos y padres.
Estos juicios tienen particularidades muy especiales, como ser: los denunciantes son en casi su totalidad ex terroristas o en su defecto familiares de los mismos, que lógicamente falsearon los hechos. La fiscal es la esposa de un ex terrorista que estuvo preso, a los abogados defensores se les ha negado copia de los expedientes para su estudio, especialmente de las denuncias que originaron el juicio.
Como muy bien sabe el Sr. Presidente nada de lo expresado colide con la doctrina comunista obsoleta en el mundo, pero desarrollándose en estos países.
En esa guerra en la que tuvieron que combatir nuestros familiares tanto el Gobierno como las Fuerzas Armadas debieron decidir entre plegarse al modelo comunista que en esos momentos campeaba por el mundo orientado por la Unión Soviética y sus satélites, o combatir contra ellos siguiendo el modelo opuesto, desarrollado por los Estados Unidos de América y de los países libres del mundo. Y la elección fue por este último sistema de lo cual ninguno de nuestros familiares hoy prisioneros políticos del régimen, o muertos antes de entregarse a los comunistas, como el Coronel Juan Antonio Rodríguez Buratti ni nosotros nos encontramos arrepentidos.
Todos estos pseudo-procesos son una verdadera ‘purga’ que comienza como siempre por sus Fuerzas Armadas a la vez que constituyen una advertencia para aquellos que se animen a desafiar al régimen, como ya lo han sufrido también en carne propia, varios medios de comunicación y periodistas, que han denunciado persecuciones ante la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) como Usted Sr. Presidente lo debe tener presente.
Para no distraerle más su atención, en primer término le hacemos saber que en razón de esos procesos judiciales infieles, hoy día se encuentran privados de su libertad, 8 militares, 2 policías, además de un ex Presidente electo de la República y uno de sus Secretarios de Estado.
Por las razones anteriormente expuestas, y muchas más que omitimos para no distraer su valioso tiempo, es que confiando en los conocimientos del Sr. Presidente relativos al terrorismo, a los daños que el mismo infligió a su país y a su gente, en la seguridad de que todo lo que expresamos es absolutamente comprobable, y esperando también que la sensibilidad del Sr. Presidente logre comprender nuestra rebeldía ante tanta injusticia, es que nos permitimos solicitarle su intercesión para que nuestros familiares sean liberados y puedan regresar a sus hogares, de donde nunca debieron ser separados. Se trata de una razón de equidad y de Justicia.
Tampoco queremos integrar bloques regionales como el Eje Venezuela, Bolivia, Argentina, que sólo puede desarrollarse para infelicidad de nuestros pueblos, y en ese sentido está orientado nuestro actual gobierno.
Nuestros padres y esposos, un día junto a otros países del mundo, encabezados por el actual que hoy Usted lidera, pusieron sus vidas a disposición de esa causa que hoy Usted honra.
Finalmente, estimado Sr. Presidente queremos recordar otro mensaje de Ernesto Guevara el cual refleja fielmente lo que hoy nos está sucediendo: «Hay que llevar la guerra hasta la casa del enemigo, a sus lugares de diversión, hay que hacerla total. Hay que impedi
rle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles y aún dentro de los mismos, atacarlo donde quiera que se encuentre, hacerlo sentir una fiera acorralada por cada lugar que transite.»
Ayúdenos Sr. Presidente a que esto que ya nos está sucediendo, no continúe, que se detenga. Usted tiene posibilidades de hacerlo.
Nosotros no dejaremos de luchar por nuestros seres queridos y nos enorgullecemos de sus sacrificios para lograr mantener la libertad y la democracia.
Lo saludamos con todo nuestro afecto, esperando de Usted, lo que se espera de todo hombre demócrata y libre, como lo son igualmente nuestros familiares, aunque hoy se encuentren recluidos en una cárcel del régimen.
Para finalizar y para mejor ilustración del Sr. Presidente le adjuntamos fotografías del 28 de diciembre de 2006, que muestran al Tte. Cnel. José Nino Gavazzo, uno de los actuales prisioneros políticos del régimen, en circunstancias en que en urgencia y estado de emergencia debió ser internado en el Hospital Militar.
El mismo tiene 68 años de edad, está operado de cuatro by-passes coronarios y sufre una importante afección renal y una hepática, además de otras tales como hipertensión arterial y una severa prostatitis.
Creemos que el Sr. Presidente aquilatará lo que esta foto traduce: venganza de los marxistas sobre aquellos que los combatieron, esposado de manos y encadenado de pies a la cama hospitalaria, a un hombre en esas condiciones de salud, además de ponerle dos custodias armados dentro de la habitación. *
(Firmado) Familiares de los prisioneros políticos: María Inés Busquiazo de Gavazzo C.I. 941.675-3; María Nelly Feijó de Soca C.I. 1.506.837-6; Mercedes Suárez de Maurente C.I. 1.120.268-1; Susana Richard de Medina C.I. 1.319.593-1; Leda Pascal de Silveira C.I. 3.363.691-1; Rosa Gaetán de Ramas C.I. 1.336.138-8″.
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