ENTREVISTA: MARIO BERGARA Y FERNANDO LORENZO, MINISTERIO DE ECONOMIA Y FINANZAS

"Hubo más de mil millones de dólares de inversión extranjera directa en 2006"

Mario Bergara y Fernando Lorenzo –números dos y tres del Ministerio de Economía– hacen, en exclusiva para LA REPÚBLICA, un completo análisis de la situación uruguaya y sus perspectivas: crecimiento, inversión e inserción internacional, en el año de las grandes reformas.

 

Crecimiento y riesgos

–La economía uruguaya sigue creciendo a ritmo y porcentajes históricos. Ahora se dice que hay signos preocupantes, en la región y en el mundo, y que ese crecimiento se recostará a tasas más bajas o se detendrá. ¿Es así?

Bergara: –En los últimos tres años el Uruguay ha crecido a tasas abrumadoramente más altas a las de toda su historia. Evidentemente, ese crecimiento no es sostenible por plazos muy largos. Un antecedente: en estos tres años Uruguay ha estado por encima de la media de crecimiento de América Latina, dato importante para evaluar el tema de cómo pesan los factores externos, que son comunes a toda la región, pero también cómo pesan factores idiosincrásicos, específicos y de políticas, credibilidad y procesos internos. Estamos aprovechando razonablemente bien un panorama externo en general favorable, que tiene algunas sombras como el precio del petróleo, que no es para nada barato. Ahora bien, el panorama externo favorable no es privativo de estos tres años. Ha habido otros momentos en la historia reciente, en los cuales ese panorama fue bueno y lamentablemente no se tomaron precauciones. Esas mismas a las que ahora se alude, cuando se dice que no se actúa de manera prudente en el área fiscal, en el área monetaria, etcétera. Por lo tanto, antes no se hizo sostenible lo que uno podía aprovechar de un buen momento. ¿Es razonable que el crecimiento actual se desacelere un poco? Sí. Nosotros estamos trabajando con un escenario en que, después de haber crecido al 6,5% en 2005 y al 7% en 2006, estimamos que en 2007 estaremos creciendo en el orden del 5,25% y en 2008 prevemos un crecimiento del 3,75%. Estas tasas, aun en el marco de la desaceleración, son altas para Uruguay, porque si uno toma períodos largos de la economía nacional, la tasa de crecimiento promedio no llega al 2%.

 

–Usted habló de prudencia. Y hoy se repite que en época de bonanza hay que ahorrar, para enfrentar mejor la época mala, cuando venga. Y ciertas opiniones han generado dudas acerca de esa prudencia del gobierno.

Lorenzo: –Yo diría que el gobierno está haciendo eso, junto con otras cosas. No actúa sólo motivado por argumentos que tengan que ver con que en una buena coyuntura lo único que hay que hacer es ahorrar o ser excesivamente prudente, con gran celo fiscal, como herramienta y objetivos fundamentales. El país, junto con una situación fiscal delicada, tenía un panorama social también muy delicado, un conjunto de problemas históricos que se agudizaron fuertemente después de la crisis de 2002. La atención de esos problemas, y por tanto la aplicación de recursos de toda la sociedad, recursos públicos, para el Plan de Emergencia, para fortalecer programas educativos, en vivienda o en salud, fue dispuesta a fin de recomponer la capacidad del Estado en políticas sociales. Porque lograr estabilidad social es un ingrediente que esta política económica ha valorado y seguirá valorando. Y junto con esto también era necesario atender, además de urgencias sociales, necesidades de inversión en infraestructura, fundamental para sostener el crecimiento a largo plazo. Por lo tanto, la prudencia fiscal ha convivido en esta administración con prioridades sociales, atendidas como nunca antes en el país y sobre todo en los sectores más desposeídos, y con esas inversiones en infraestructura que significan la recuperación de la inversión pública como un factor que pueda contribuir en el futuro a que el crecimiento se sostenga. Cuando hemos revisado sistemáticamente las cifras de crecimiento al alza, es a la luz de que también los programas de inversión pública pueden ir acompañando este proceso. La insuficiencia de inversión pública se puede transformar en un escollo al crecimiento, que tarde o temprano puede limitarlo.

 

Bergara: –Muchas veces, en la discusión política histórica en el Uruguay, las cosas se han planteado de manera caricaturesca; hay quienes plantean en un extremo, «bueno, despreocupémonos de los equilibrios macroeconómicos, de la atención de los temas financieros y demás y solamente hagamos redistribución»; y, en el otro extremo, hay quienes dicen «primero debe crecer la torta para después repartirla mejor». Creemos que en estos dos años de gestión ha quedado claro que esas posiciones son caricaturas, y que es posible una lógica de prudencia fiscal, macroeconómica, así como credibilidad y seriedad, con la atención inmediata de aspectos redistributivos y de atención social. Cuando yo digo que estamos aprovechando el buen momento, digo que estamos armando mejores escudos de defensa en materia de crecimiento, en materia fiscal, de cuentas públicas, de deuda, de aspectos monetarios, para cuando los tiempos no sean tan buenos, a la vez que atendemos rápidamente condiciones de pobreza, de indigencia, de bienestar social.

 

Lorenzo: –Cuando hablamos de logros, hablamos de un crecimiento muy vigoroso de la economía que convive con la reducción de los índices de indigencia, del porcentaje de población que está por debajo de la línea de pobreza, del desempleo abierto y el subempleo y con el aumento sustantivo de los ingresos medios familiares. Indicadores que se acercan mucho más a evaluar las condiciones de vida de la población. Finalmente, las mejoras en esas condiciones de vida es lo que uno puede presentar como resultado y evaluarlo de manera favorable.

 

–Pero hay algunas preocupaciones, quizás elementales, en mucha gente. A veces se relacionan con hechos concretos. Entonces se dice: muy bien, todos esos equilibrios, todos esos escudos ¿son suficientes para que no pase lo que en otro momento pasó, por ejemplo si devalúa Brasil, si Argentina deja de crecer y hace ajustes, si se dispara el precio del petróleo?

Bergara: –En primer lugar hay que ubicar a Uruguay en el entorno de la economía regional y de la economía mundial. Si estamos hablando de un horizonte donde se desacelera el crecimiento, y en vez de crecer al 7% se crece al 5% o al 4%, igual siguen siendo buenos años. Y esa es la perspectiva para 2007, 2008, 2009. En primer lugar, no estamos profetizando que se venga la mala a la vuelta de la esquina, como están diciendo otros. En segundo lugar, si el resfrío de la región es leve nos afectará poco; si la cosa es dramática, nos afectará más. Hay un esquema de inserción del cual es muy difícil que el Uruguay se aísle y no reciba impactos de problemas en la región o en el mundo. Ahora, uno puede estar mejor o peor pertrechado para enfrentar los días de lluvia. Si un día de lluvia te agarra con un tenedor te vas a mojar más que si tuvieras un paraguas. Eso depende mucho, sí, de cómo se hace la gestión fiscal, monetaria, social en los momentos buenos. Es lo que en términos más académicos se llama «apuntar a tener políticas contracíclicas». Pero las políticas contracíclicas se hacen cuando uno puede, no cuando uno quiere. De todas maneras, si uno ve los déficits fiscales que está teniendo este gobierno, comprueba que va a ser la política más prudente de unas cuantas décadas a esta parte. Y no porque no tenga alternativas. En los gobiernos anteriores, mientras hubo financiamiento disponible, los déficits fiscales eran del de 3% y 4% del PBI como si nada. Recién se fue a un esquema más prudente cuando se cortó el financiamiento entre 2002 y 2003. Nosotros hoy disponemos de financiamiento externo. Si tuviéramos una actitud irresponsable…, pero no, optamos por la responsabilidad, consistente con las políticas sociales de las que hablamos. Pero esto no es una cucarda de la conducción económica; es algo que el gobierno está impulsando
como una lógica general. Eso sí, sólo se puede hacer cuando la Ley de Presupuesto y la Rendición de Cuentas están alineadas con esto, o cuando las reformas que implican gastos importantes están alineadas con esto. Ahí está todo el tema parlamentario. Por suerte también estamos, alineados a nivel de gobierno, con el Parlamento más prudente y responsable en materia fiscal de las últimas décadas.

 

Lorenzo: –La preocupación es si estamos suficientemente protegidos contra escenarios adversos. Lo primero que hay que aclarar es que es imposible, no está disponible el mecanismo de asegurarse contra todo tipo de contingencias. Lo que sí podemos decir es que hoy estamos mejor preparados que en el pasado para enfrentar muchas situaciones adversas. Y esto ocurre en un escenario en el que las políticas públicas, todas ellas, están haciendo una contribución positiva al mantenimiento de un escenario favorable. Ese escenario no se configura sólo porque uno compre un buen seguro, ni un seguro contra todo riesgo. Ese «contra todo riesgo», cuando hablamos de política económica, es no sólo atender contingencias financieras, no sólo prevenirse sobre las malas noticias que puedan venir del exterior, sino asegurarse de que todo el tejido social y todas las políticas públicas estén alineadas con la estabilidad y la capacidad de asegurar un crecimiento que se pueda proyectar al futuro.

 

La inversión

–Hablando de crecimiento, y de su repercusión como «derrame» para una mejor situación de la sociedad, muchos aluden al tema de la inversión. ¿Hay conformidad con las tasas de inversión, tanto pública como privada, nacional y externa?

Bergara: –Permítame un paréntesis, hablando del «derrame» de los buenos resultados económicos. Los «derrames» a nivel de resultados empresariales y sociales no son automáticos. Con respecto a la inversión, Uruguay tiene imperiosa necesidad de tener inversiones si queremos tener un crecimiento y un desarrollo sostenidos en el largo plazo. La inversión está subiendo sensiblemente. La cifra de cierre de 2006 la ubican por encima del 16.5%…

 

–Perdón, ¿hablamos de inversión productiva?

Bergara: –Hablamos de inversión productiva, hablamos de inversión bruta de capital fijo, tanto del sector público como del privado. Cuando había imprudencia fiscal, como en el pasado, el factor de ajuste siempre fue la inversión. Y por lo tanto, la volatilidad de la inversión pública fue muy grande y generó muchísimos problemas de planificación, de mantenimiento, etcétera. Y recibimos un país con niveles irrisorios de inversión pública a partir de la crisis de 2002. Esa inversión está repuntando, fue la gran protagonista de la Rendición de Cuentas del año pasado, y la seguimos impulsando también asociada a inversión privada en múltiples ejemplos, como el caso de AFE, de Pluna, de los puertos. Pero sigue siendo una proporción relativamente menor de la inversión total en el país. La inversión privada también está creciendo y es verdad que está pesando cada vez más la inversión extranjera directa, al punto tal de que si uno mira su incidencia en la balanza de pagos se duplicó de 2004 a 2005 y se volvió a duplicar de 2005 a 2006…

 

–¿Y eso qué significa?

Bergara: –Significa que estamos arriba de los 1.000:000.000 de dólares de inversión extranjera directa en 2006, lo que significa entre tres y cuatro veces lo que ha sido la media histórica de esa inversión extranjera directa en el país.

 

–Pero ¿es inversión extranjera directa productiva, que también genera empleo?

Bergara: –La inversión genera empleo. El capital no tiene patria…

 

–Está bien, pero yo pensaba en inversión financiera, si se quiere más especulativa…

Bergara: –No, no. Esta es inversión no financiera. No estamos hablando de gente que viene y deposita o compra títulos públicos. Estamos hablando de inversión en emprendimientos productivos del área agropecuaria, del área de la logística, de los servicios, de la hotelería. Creo, además, que es un proceso que se está consolidando y va generando un círculo virtuoso: mayor credibilidad, mayor atracción, mayores inversiones. A nivel local, está bien la inversión doméstica, aunque está creciendo a un ritmo menor que la extranjera.

 

–¿Hay distintas protecciones para una inversión y otra?

Bergara: –Para nada. El marco normativo en Uruguay garantiza idéntico tratamiento en todas las facetas, tributarias, comerciales, etcétera, para ambas. Los determinantes para la inversión son reglas de juego estables, credibilidad y las perspectivas de obtener beneficios y ganancias. Un país en pleno crecimiento, que puede desarrollarse más una vez que consolidemos la inserción internacional, seguramente será un destino que seguirá recibiendo inversiones.

 

La inserción internacional

Lindo punto ese, la inserción internacional. Otra pregunta que se hace la gente, que ha escuchado hablar tanto de este tema, es la siguiente: ¿Sobrevive nuestra economía, nuestro crecimiento, con una inserción internacional a través de un Mercosur, que hoy está complicado, sin armar acuerdos extrarregionales?

Lorenzo: –La respuesta sobre el papel que tiene la inserción internacional, los acuerdos con otros países, en la economía, depende mucho del tamaño del mercado. En una economía pequeña, como la de Uruguay, el papel de la inserción internacional es más importante que para economías con mercados internos y posibilidades de hallar otras fuentes de dinamismo que no sean, únicamente, las que provienen de las condiciones de comercialización con otros países. El problema fundamental que tenemos es asegurar el acceso a mercados. Uruguay, una economía pequeña que tiene ofertas exportables en calidad y cantidad adecuadas, necesita, para hacer ganancias que impliquen mejoras para toda la sociedad, acceso a más mercados. Está claro que el Mercosur, en esta visión, es un elemento clave para la estrategia de crecimiento a largo plazo. ¿Por qué? Porque el acceso a mercados internacionales es una oportunidad real y debe ser un motor para un conjunto de sectores de la economía. Y cuando se dice que el Mercosur es esencial hay muy buenos fundamentos. Las posibilidades de acceso preferencial a la región tienen un valor muy importante para lograr mejores condiciones de crecimiento de nuestra economía. Ahora bien, Uruguay tiene una oferta exportable en la que los principales compradores, los clientes potenciales más importantes, no están necesariamente en la región. Están en terceros mercados. Y tenemos necesidad de mejorar el acceso a esos mercados. Para ello, los logros que se obtengan en materia de negociación internacional soy muy importantes. Logros que puedan conseguirse en la Organización Mundial de Comercio, con avances efectivos en la Ronda de Doha, para Uruguay son importantes. Que el Mercosur avance y concrete negociaciones relevantes, por ejemplo con la Unión Europea, es importante. Y mejorar el acceso a otros mercados con los que el Mercosur no está negociando, o que nos pueden ofrecer mejores condiciones que en el marco multilateral, también es importante. Son todas partes de la misma lógica. Necesariamente hay que apostar a eso. Nunca la inserción internacional ha sido más importante para el crecimiento del Uruguay que ahora. El problema más relevante que tenemos es que nuestra oferta exportable, con la que somos competitivos a escala global, tiene en los países industrializados los aranceles más altos y las condiciones más restrictivas de acceso. El objetivo de destrabar, derribar esas barreras, sea por la vía multilateral, sea por la negociación conjunta con el Mercosur o sea por otro tipo de negociación, para nosotros es fundamental. En el caso de algunos países, y en particular Estado
s Unidos, Uruguay no sólo tiene condiciones de acceso que no son muy buenas ­pagamos aranceles altos en muchos productos– sino que estamos en desventaja relativa con buena parte de los países de la región. Podemos decir que tenemos las peores condiciones de acceso a Estados Unidos en este momento. La lógica de mejorar el acceso al mercado norteamericano es absolutamente consistente con la lógica de crecimiento del país, y con las necesidades más inmediatas de la estrategia productiva.

 

–¿Qué pasa cuando se tienen las cosas tan claras y se necesita de respuestas rápidas? Porque la relación comercial con Estados Unidos se ha convertido en un asunto político, ha ido y venido, y podría pensarse que el equipo económico ha sentido cierta frustración.

Bergara: –Hoy Uruguay le vende a todo el mundo. Sólo que no vende en las mismas condiciones que otros que también le venden a todo el mundo. Uruguay puede entrar en la región ­aunque a veces, aunque parezca mentira, surgen algunas dificultades– pero también le vende a Europa, a Estados Unidos, en fin. Tiene una buena diversificación. Ahora ¿yo qué prefiero? Prefiero entrar en más lugares en mejores condiciones o con más productos que hoy no puedo colocar. O vendiendo lo mismo pero con menos aranceles de los que pago hoy. Si yo vendiera la misma cantidad que vendo hoy, con un 20% menos de aranceles, tendría una ganancia automática de 20%. Un beneficio directo para el país. Mejorar las condiciones de acceso a los mercados externos no es una definición del equipo económico; es una definición del gobierno, que dijo que había que trabajar en esa línea. Y esa línea adopta múltiples formas, múltiples equilibrios de negociación… El Uruguay, siendo un país pequeño aun en un marco de integración regional, ya tiene una matriz diversificada. No le vende el 100% de su producción a la región. Hay que manejarse con pragmatismo, manteniendo equilibrios de distinta naturaleza. Las formas finales que se adopten a veces dependerán de uno y a veces no. Lo ideal sería que no hubiera esas trabas comerciales, y el Presidente fue muy enfático el otro día sobre este reclamo. Eso sólo se puede resolver a nivel multilateral en las rondas de la OMC. Pero todos somos conscientes de que, en el caso de que esto avance en la dirección correcta, los plazos son limitados. Uno no le puede pedir a la sociedad uruguaya que espere a que la Ronda de Doha, o la que venga después, decida liberalizar el comercio mundial para que Uruguay coloque mejor sus carnes, sus servicios…

 

–Entonces hay que aprovechar las circunstancias antes…

Bergara: –Tenemos que tratar de aprovechar la mayor cantidad de nichos antes, sobre todo porque otros lo están haciendo. De lo contrario, no sólo no vamos a mejorar sino que iremos para atrás. Esto de adoptar formas de tratados de un tipo u otro, insisto, a veces depende de nosotros y a veces no. Lo importante es mejorar las condiciones de acceso a los mercados.

 

Lorenzo: –Hay un buen ejemplo que ayuda a entender la lógica con que nosotros nos aproximamos al tipo de acciones que serían convenientes para el país. Uno podría hacer esta caricatura: si en la órbita multilateral se desbaratara todo el sistema proteccionista, rápidamente y de manera consistente, no necesitaríamos ni hacer un esfuerzo conjunto con el Mercosur ni negociaciones bilaterales. Como esta posibilidad puede ser admitida pero dentro de un calendario muy lento, es que se abre la importancia de las otras opciones para negociar. Después: si el Mercosur, en sus negociaciones externas, tuviera la capacidad de acordar bilateralmente como bloque con todos los mercados, y mejorara sustancialmente nuestras condiciones de acceso, tampoco necesitaríamos apelar a ningún otro instrumento. Pero el Mercosur, hasta ahora, ha tenido pocos éxitos en esta materia, sobre todo en mercados que sean relevantes para nuestras exportaciones. Por tanto, la motivación de complementar los esfuerzos del Mercosur con acciones bilaterales de Uruguay se desprende de una lógica doble: la realidad de las negociaciones multilaterales y los resultados de las negociaciones encaradas a través del Mercosur. Es entonces que llegamos a la lógica bilateral, pero inspirados siempre por el mismo objetivo: mejorar las condiciones de acceso a los mercados que son importantes para nosotros. No es cualquier acceso y a cualquier mercado. Son aquellos donde lo que nosotros producimos tenga condiciones de demanda favorables. Ahora, ¿cómo se mejora el acceso a China, a Estados Unidos, a Rusia, a India? Cada mercado tiene condiciones diferentes y por tanto requiere estrategias diferentes.

 

Bergara: –Algo más. Entre los acuerdos bilaterales, incluso desde el Mercosur, ya existe, por ejemplo, el firmado por Uruguay con México. Y quedó muy claro que ese acuerdo no se hizo en oposición al Mercosur, sino que favoreció ulteriores negociaciones y acuerdos de los otros miembros del bloque, caso Brasil, con México. *

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