Si fracasa la reforma del Estado, se abrirá paso el neoliberalismo
Antecedentes gestuales de este tipo ya han existido. El 1º de marzo de 2005 Vázquez se comprometió a encabezar el tema de los derechos humamos, dejando afuera del asunto al Ministerio de Defensa, el día que asumió la Presidencia, y así lo hizo, teniendo como ejecutor de esa política al doctor Gonzalo Fernández.
Por eso ahora es lógico pensar con los resultados del diario del lunes, lo reconozco que el nuevo ejecutor de la política del Presidente en materia de reforma del Estado pasa a ser Rubio, un dirigente político lúcido, firme en sus ideas pero negociador, con capacidad de entender problemas nuevos, con una larga trayectoria en el análisis de las relaciones, muchas veces contradictorias, entre el Estado, la democracia y los ciudadanos. Un demócrata de nuevo tipo, se puede decir. Junto a Rubio estará un especialista en administración del Estado, que viene de las ciencias políticas, Conrado Ramos*, asesor de Vázquez en este complejo mundo de reformar al Estado. En este marco reaparece Gonzalo Fernández como el brazo ejecutor del Presidente.
Se está ante un desafío estratégico que preocupa a la gran mayoría de las naciones, pero que en Uruguay tiene la particularidad de que el Estado Benefactor (batllista), que es el tátara abuelo del actual, es tan nacional como el churrasco, donde no sólo es un tema de cómo se expresan los intereses contradictorios de la sociedad en la estructura de poder, sino que también es parte de la idiosincrasia y de la cultura oriental.
Tensiones
Conocidos los cambios en la OPP, se desató todo tipo de especulaciones, sobre todo por aquellos que añoran las crisis internas del gobierno progresista. Por eso el análisis de las primeras 24 horas fue sólo sobre si el ministro Danilo Astori ganaba o perdía influencia sobre el Presidente y la conducción económica.
Ante eso se puede asegurar que la correlación de fuerzas internas del gobierno se vio alterada en forma sustancial y sostener que Rubio pasa a ser la segunda pata de la política económica.
A la vez, Astori se ve relativamente debilitado por el hecho fortuito de que Eduardo Zaindensztat renunciara a la DGI, casi a la misma hora que se iba Viera y entraba Rubio, perdiendo a un funcionario público moderno, de nuevo tipo.
Muchos en la interna del FA explican los movimientos porque el gobierno «está impregnado de la cuestión electoral», donde el tema de la reelección y las posibles candidaturas de Astori y Mujica generan tensiones. Este último sufrió la pérdida de Ricardo Muttoni, coordinador del PIAI, quien era un serio aspirante a ocupar el sillón de Mariano Arana.
Estas tensiones se ven reforzadas porque muchos ministros se sienten «nominados», como en el «Gran Hermano», lo que les impide actuar con visión estratégica. A la vez se generan expectativas entre quienes creen que pueden ser los futuros jerarcas.
Vázquez también reaccionó sobre esta zona de tensiones, cuando en Anchorena dejó muy claro que la reforma del Estado no tenía nada que ver con una posible reelección, ni con el adelantamiento de las sensibilidades electorales.
El contenido
De inmediato todos pusimos el telescopio mirando hacia el contenido de la reforma, tema que está impregnado de un fuerte contenido ideológico porque el neoliberalismo, ante la crisis de las sociedades estatistas, hizo una fuerte apuesta al mercado. Como este gobierno no llegó para destruir al Estado Vázquez no es Lenin, si lo vemos desde la izquierda, ni Friedrich August von Hayek, si lo miramos por la derecha, su propuesta reformista pareció perder impacto al sostener que no va a levantar la inamovilidad de los funcionarios públicos, ni reducir el Estado a los hachazos.
El Presidente fue claro sobre sus intenciones: «El Estado no puede ser un fin en sí mismo» sino que debe ser «una herramienta que nos permita llevar adelante el proyecto de país, que es el Uruguay de producción, de generar puestos de trabajo genuinos y serios para los uruguayos, generar riquezas y distribuir con justicia social esa riqueza».
En la misma línea de pensamiento manifestó que el aparato estatal actual «no es funcional» al plan de país productivo que se propone el programa del Frente Amplio y el propio gobierno. En el documento base que maneja el gobierno se establece que los objetivos son el logro de «Un Estado activo, que interaccione con la sociedad, amigable y cercano, sensible a las necesidades de la ciudadanía. Comprometido con el logro de las metas del plan de gobierno, eficiente y orientado a la transparencia y participación de la ciudadanía». Rubio**, por su parte, agregó que «Hay que recuperar la visión del Estado como amigo del ciudadano, que le cobra impuestos pero se los cobra para devolvérselos como productos, servicios y obras».
«Lo nuevo de la política contemporánea de la izquierda es intentar mirar el Estado, los partidos y la política desde el ángulo del ciudadano (es) la política de ciudadanía. Esto es muy desafiante, si duda es un trabajo de largo plazo y no habrá respuestas de un día para otro pero hay que generar la ingeniería y el modo de vincular entre la ciudadanía y el Estado. Esa es la idea que desarrolló públicamente y de forma privada el Presidente de la República y que nosotros estamos dispuestos para que eso sea así».
Por su parte Conrado Ramos, asesor del Presidente en reformas del Estado, sostiene que la reforma se basará en cuatro aspectos que están recorridos por la necesaria formación y motivación del funcionariado.
Los cuatro pilares
Se propone, en primer lugar, la «reestructura de los ministerios junto a transformaciones en la estructura de los escalafones».
«Un segundo pilar de la transformación estatal es la redistribución de competencias a nivel horizontal de los ministerios, o sea ya no la estructura vertical sino horizontal, que es muy compleja. Es la constitución de grupos de trabajo a nivel interministerial, crear redes de trabajo. Es decir, cuáles son las áreas comunes de competencia», agrega. «Un tercer pilar es la desburocratización», que va a «afectar intereses». También «estamos pensando simplificar trámites y empezar a constituir ventanillas únicas, un Uruguay Productivo y Social», añade.
«El cuarto pilar es la evaluación de las políticas públicas», no solo pensando en «términos presupuestarios, porque hay políticas que no son presupuestadas y no implican recursos, pero es importante evaluarlas de manera conjunta». «No sólo se evaluará a los funcionarios sino a las jerarquías; también tienen que ser evaluadas: evaluación institucional y evaluaciones individuales», remarca. La intención del gobierno parece estar enfocada a lograr que el Estado deje de ser un cuerpo fofo para que pase a crear masa muscular. Este es el mayor desafío que tienen los dos responsables de la OPP y el Presidente en los próximos tres años, donde el cambio cultural del empleado público no será tarea sencilla.
Política que nadie puede imaginar que se concrete de un día para el otro y que sea asumida, al unísono, por todo el cuerpo del aparato estatal y por sus actores, entre ellos el movimiento sindical estatal. Si esta batalla la pierde el gobierno progresista no sólo será una derrota para la izquierda, sino que dará paso a la contrarreforma de la derecha una parte de los uruguayos ya no soporta más a este Estado y provocará que los fantasmas del neoliberalismo nos vuelvan a invadir, de forma mucho más agresiva que el dengue. Que Dios exista y los ayude.
* Las opiniones de Conrado Ramos fueron tomadas de una entrevista que Sonia Breccia le realizara en 1410 AM LIBRE, el 9 de marzo.
** Ver entrevista a Enrique Rubio, en este mismo número de LA REPUBLICA. *
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