El partido del gobierno progresista resignó su derecho a conducir y a orientar la movilización

El Frente Amplio se autodisolvió durante 48 horas por visita de Bush

De las fuerzas progresistas que están en el gobierno en América del Sur, es la más antigua. El presidente Tabaré Vázquez, quien fuera el presidente de esa coalición de las izquierdas, llegó a la jefatura del país en elecciones libres y en la primera vuelta, con el apoyo de más del 50% de los inscriptos en el padrón electoral.

Tiene en sus filas una gran martirologio, con militantes muertos en la tortura, decenas de desaparecidos, miles de presos políticos, muchos más exiliados, que fue el saldo de sangre y lágrimas que aportó en la lucha contra una dictadura que se extendió por once años, desde 1973 a 1984.

Posee, entonces, suficientes credenciales para enfrentar situaciones complejas del punto de vista político, como fue el caso de recibir al presidente de Estados Unidos, George W. Bush.

Tan complejas como lo fueron aquellos días en que el general Líber Seregni tuvo la valentía, a los pocos días de salir de la cárcel, de negociar con la cúpula militar dictatorial, para poder salir en paz del régimen de facto y así construir un camino democrático que llevó a la izquierda al gobierno.

Pero en estos últimos días, ante la visita de Bush, no pudo tomar una resolución clara y contundente que pusiera al Frente Amplio a la cabeza de la sociedad uruguaya, para que pudiera actuar a favor del fomento del comercio con Estados Unidos, y a la vez rechazar con énfasis la política imperialista y guerrerista de la Casa Blanca y del Pentágono.

En un acto históricamente casi suicida se autodisolvió por 48 horas y relegó su capacidad de convocatoria al PIT-CNT, por el solo hecho de que no pudo ponerle «pienso» y voluntad política a una circunstancia política por demás compleja, pero que convocaba a poner en actividad a la inteligencia colectiva.

El solo hecho de no haber resuelto nada fue de por sí grave, pero mucho más grave fue escuchar a algunos dirigentes explicando porqué su sector no había acompañado la convocatoria, pero que a la vez, personalmente, participarían de la marcha. Incluso un dirigente llegó a decir que ojalá se pudieran aumentar las exportaciones de nuestros productos textiles, pero que Bush se fuera lo más rápido posible para su casa. ¿Si se iba rápido, y además puteado, cómo iba a concretar acuerdos comerciales?, podría ser una pregunta, pero que por la brevedad del espacio no agregamos otras.

 

El FA resignó su derecho a ser

Lo ocurrido fue grave, en tanto el partido del gobierno progresista ­no una agrupación estudiantil de Secundaria­ resignó su derecho a conducir y a orientar la movilización.

El Frente Amplio tuvo que haber asumido una posición clara y contundente, porque no llegó a dar libertad de acción a sus seguidores, ya fuera sectores, bases o votantes. Aunque esa libertad de acción la asumieran de hecho dirigentes políticos o sectores como el MPP y la Vertiente.

Si hubiera llamado a la movilización se le habrían abierto dos posibilidades: a) rechazar a Bush y quedarse en eso, lo que podía lastimar la imagen de Tabaré Vázquez; b) rechazar lo que Bush significa, pero a la vez abrir puertas para que se acceda a los mercados de los grandes países capitalistas, entre ellos Estados Unidos.

Nada de eso se hizo. El Frente Amplio perdió la oportunidad de actuar como una gran fuerza política que es capaz de hablarle de frente a los uruguayos, rechazar a Bush y a la vez negociar y acordar con Washington.

Una vez más el PIT-CNT le sacó las castañas del fuego. Aunque lo hizo a su estilo, con su talante y se correlación de fuerzas internas, desde el rol que asumen los sindicatos y sus tendencias en el país del cambio, con una proclama reafirmatoria de principios, pero sin tomar como bandera revolucionaria y progresista la libertad de comercio y el fin o la reducción de los subsidios en los grandes centros de poder mundial.

 

Sacar experiencia

Si el PIT-CNT no hubiera convocado a los uruguayos a la calle, la ultranacional y la enfermiza internacional, se hubieran adueñado de una jornada de fuerte contenido antiimperialista, que es parte de la esencia de la izquierda, por más que aún haya sectores que no han aprendido que negociar y conversar son solo métodos de la lucha política y no cuestiones de principios. Ahora la derecha se prepara para cobrarle los vidrios rotos a la ministra del Interior Daisy Tourné, quien con buen tino se llamó a silencio por algunas horas para analizar la situación y actuar, pero teniendo la conciencia tranquila de que en Uruguay pasó el hombre más repudiado del mundo sin un solo herido. Y el que no crea esto, que espere para ver lo que va a pasar cuando Bush pise otras tierras del sur del Río Bravo.

El Frente Amplio, que vive de indefinición en indefinición, hablando a media lengua y con pulso alterado, debe sacar experiencia de esta jornada pasada y asumir que su obligación es conducir y orientar el proceso de cambio que el país está viviendo desde que el doctor Tabaré Vázquez asumió la Presidencia de la República.

Ya vendrán otras jornadas donde las definiciones serán tan trascendentes como las del pasado viernes, donde se pudo resolver no convocar a los uruguayos a la calle, como sí haberlo hecho (desde los primeros días del debate me definí a favor de la convocatoria, por entender que no había contradicción entre manifestar, negociar y comerciar, tal como lo hizo en LA REPUBLICA Federico Fasano).

Si se hubiera convocado, el discurso pudo haber sido otro, propio de una fuerza política que quiere trascender los años electorales y crear un nuevo Uruguay.

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