La seguridad de Estados Unidos revisó hasta los papeles tirados en el suelo y bolsas de residuos

Las primeras damas de Uruguay y EEUU pasearon por el barrio histórico de Colonia

En la recorrida, María Auxiliadora Delgado y Laura Bush estuvieron acompañadas por el jefe comunal de Colonia, doctor Walter Zimmer, y su esposa, la médica pediatra Mirna Vergara. Un enorme operativo de seguridad pautó cada tramo de la caminata por el casco antiguo de la ciudad.

Dos guías de Turismo locales, María del Carmen Domínguez ­quien además integra la Asociación de Artistas Plásticos de Colonia­ y Lourdes Murteza ­funcionaria del Ministerio del Interior­ tuvieron a su cargo las explicaciones de los principales hitos de la historia coloniense.

Antes del arribo de ambas primeras damas, desde muy tempranas horas, se intensificaron los controles e inspecciones de cada rincón del Barrio Histórico, aún de aquellos sitios que no serían visitados. Basta decir que los agentes de seguridad norteamericanos se ocuparon de investigar desde papeles que estaban tirados en la vía pública hasta bolsas de residuos domiciliarios.

El paseo incluyó la visita a «Santolina», un local de venta de artesanías ubicado a corta distancia de la Basílica del Santísimo Sacramento, donde Laura Bush adquirió algunas pequeñas piezas en cerámica.

En ese marco, tuvo lugar un hecho inesperado que, sin embargo, fue muy bien recibido por las autoridades norteamericanas.

La propietaria de «Oveja Negra» ­otro local comercial a pocos pasos del que habían ingresado las primeras damas­ se dirigió a donde se hallaban las autoridades uruguayas y norteamericanas y entregó, en calidad de obsequio, una ruana (prenda de lana) para Laura Bush.

«La vi pasar (a la esposa de Bush) y pensé que había que regalarle algo que fuera bien representativo del Uruguay», comentó a LA REPUBLICA la comerciante Silvia Sarti, muy conocida en el Este uruguayo por la organización de desfiles de moda, y a nivel local por su tarea como asistente de dirección del elenco teatral Comedia Municipal de Colonia.

«Les dije que era una prenda tejida por artesanas que viven en el campo uruguayo, con dibujos rupestres», contó Sarti. Un funcionario de la embajada norteamericana recibió el regalo y le manifestó que en los próximos días «recibirá una carta de agradecimiento» del embajador Frank Baxter.

 

Aplausos y enojos

Durante la recorrida por el Barrio Histórico hubo aplausos de parte de algunos turistas norteamericanos.

«Debe ser la primera vez que tenían tan cerca a su primera dama», opinaron algunos habitantes del lugar.

«A mi comercio no vino y qué quiere que le diga, estoy contenta que no lo hizo», comentó a viva voz una mujer, refiriéndose a la esposa de George Bush.

«Más allá de toda polémica política, a mí me parece bien que el presidente de Estados Unidos haya venido a Colonia, porque de nosotros por estas horas se está hablando en todo el mundo», consideró un joven funcionario municipal en la puerta del museo donde presta servicios.

La ausencia de alguna cuerda local de tambores tocando candombe para las destacadas visitantes ­como ha sucedido en muchas otras oportunidades cuando arriban diplomáticos o presidentes extranjeros­ tuvo fácil explicación para un tamborilero que a la distancia seguía el curso del paseo: «Yo para Bush no toco».

Ya para mediodía, el casco antiguo de Colonia volvió a recuperar su movimiento habitual, luego de concluida la visita protocolar.

Sentado en los escalones de acceso a la Basílica del Santísimo Sacramento, un niño de no más de 8 años, con el pantalón raído en una de las rodillas, le contó a este corresponsal: «Yo las vi pasar (a las esposas de los presidentes), pero no les pedí plata (como hace habitualmente a la salida de las misas)».

Y con firmeza agregó: «No sé para qué vino (Bush), si acá no lo quiere nadie». *

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