Nueva marcha anti-Bush con escaso eco
Algo menos de un centenar de personas marcharon ayer por la tarde, en forma pacífica, por la avenida 18 de Julio, para repudiar una vez más la presencia del presidente de Estados Unidos, George W. Bush.
La movilización fue convocada por las mismas organizaciones incluyendo a la Coordinadora Antiimperialista que el viernes protagonizaron hechos violentos.
En la manifestación de ayer hubo cánticos contrarios al primer mandatario del norte; algunas pintadas a bancos y a una dependencia militar, y la quema de una bandera estadounidense y de un muñeco del «Tío Sam» frente a la contención que la Guardia Metropolitana montó en la esquina de nuestra principal avenida con Acevedo Díaz. Vale destacar que no hubo enfrentamientos entre las fuerzas del orden y los manifestantes, ni rotura de vidrios o apedreas.
Desde las 17.00 horas, y muy lentamente, uno a uno, los manifestantes comenzaron a concentrarse frente a la sede central de la Universidad de la República (18 de Julio y Eduardo Acevedo).
Un punto a destacar es que las personas que se iban sumando demostraban una total tranquilidad, lo que distaba del viernes, cuando reinó durante la tarde y la noche una tensa calma, que luego tuvo el desenlace ya conocido. Los manifestantes comentaban entre sí lo sucedido el viernes y cómo no se pudo frenar a los más radicales.
Apenas pasadas las 18.00 horas y cuando se veía que el grupo no iba a sobrepasar el centenar de personas, se consideró la posibilidad de suspender la marcha. Sin embargo, finalmente decidieron tomar la avenida 18 de Julio sin lograr cortar el transito. Tan sólo contaban con un par de vehículos de gente de la organización, una pancarta que encabezaba y algunas banderas de facciones radicales pertenecientes a la izquierda. Con la tímida entonación de cánticos partieron a las 18.20 horas.
La escasa convocatoria se debió según informaron a LA REPUBLICA fuentes cercanas a la organización, que fue, en parte, la misma de la marcha antiimperialista del viernes a los desmanes que se sucedieron en la noche del viernes, cuando unos 200 manifestantes pertenecientes a grupos radicales como los Fogoneros, de Uruguay, y Quebracho, de Argentina, pintaron y destrozaron las vidrieras de varios comercios del centro montevideano, principalmente los locales de comida rápida McDonald’s.
Llegaron las pintadas
Las primeras dos cuadras era todo tranquilidad y no parecía que los jóvenes dejarían una marca de su pasaje, pero al llegar a la esquina de Arenal Grande el local del Banco Comercial allí ubicado fue blanco de los spray de algunos manifestantes. «Enfrentar al imperio» y «Fuera Bush» fueron las consignas, que además se repitieron tan sólo 100 metros después en la fachada del ABN Amro Bank.
Una nueva pintada fue hecha en la fachada del Círculo Militar General Artigas (ubicado en 18 y Juan Paullier): «Ejército del imperio». Además fue lanzado en el hall del edificio un par de bombas de estruendo.
Un punto a tener en cuenta y una diferencia con la marcha del viernes donde había unas 8mil personas fue que la gente que estaba en las paradas de ómnibus y en los balcones no se sumó a las protestas, mostrando indiferencia.
A las 18.40 horas la marcha llegó a la esquina de Acevedo Díaz. Allí la esperaba una valla humana conformada por unos 50 efectivos de la Guardia Metropolitana, que impedían el paso.
Al no poder seguir avanzando hacia la residencia del embajador de Estados Unidos, Frank Baxter, donde se llevaba a cabo un cóctel en homenaje a Bush de parte del diplomático, un grupo de jóvenes con el rostro tapado procedió a quemar un muñeco del «Tío Sam» envuelto en una bandera estadounidense.
Los manifestantes estuvieron allí unos cinco minutos más, entonando cánticos contrarios al visitante e insultos hacia los efectivos, y al ver que no existía reacción en los uniformados y que no iban a poder traspasar la barrera, dieron media vuelta y retornaron pacíficamente por la avenida 18 de Julio hacia el lugar de partida.
Los integrantes de la Guardia Metropolitana siguieron en el mismo sitio hasta las 19.00 horas, cuando partieron, quedándose en el lugar sólo una decena de ellos para impedir que los manifestantes volvieran a intentar llegar hasta la residencia del embajador de Estados Unidos. *
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