Rodolfo Caram (herrerista), elegido segundo vicepresidente de la Cámara

Otra sublime jornada social en Diputados

Bien por la democracia representativa, pero esto linda con el absurdo. ¿Por qué no se modifica el reglamento y ya?

En fin, volvió a ocurrir con la elección del herrerista Rodolfo Caram, segundo vicepresidente de la Cámara.

 

El gran agobio

De poco sirvió la compostura del presidente Enrique Pintado –otra vez de corbata formal, apropiada para un encuentro con Patiño Mayer en la embajada argentina–, quien de todos modos, al poco rato, dejó en su lugar a Tabaré Hackenbruch clavado como una tachuela.

Alegró el ojo una blusa amarilla sin mangas que lució una Daniela Payssé (Asamblea Uruguay) llena de juvenil espíritu, pero tampoco fue suficiente.

Ni siquiera salvó la sesión el imponente regreso de Jorge Orrico (Asamblea Uruguay), quien recorrió la sala con el paso y la pose de un fino turista suizo que ha disfrutado la Polinesia justo antes de un temporal.

Gustavo Borsari (Herrerismo), al fundamentar su voto, insistió con una de sus extensas verbosidades; eso sí, esta vez, además de seguir enzarzado con la retórica, tuvo un efecto terapéutico: debe haber disuelto todos los aneurismas que, quién sabe, pudieran estarse formando en los sufridos legisladores oyentes.

Eduardo Brenta (Vertiente Artiguista) tuvo un enternecedor momento de ensoñación y dijo, angelicalmente, «voto a Borsari». Hasta que admitió el error, flotó la duda de si habría participado de otro acuerdo político que el resto del cuerpo, incluido el propio Caram, desconocía por completo.

José Carlos Cardoso (Herrerismo), dijo que votaba a Caram «con alegría», sentimiento que no reflejó su pétreo rostro marrón oscuro, aunque nadie dudó de su sinceridad. Una cosa es la cara y otra lo que va por dentro.

Finalmente, Pablo Abdala (Herrerismo) improvisó una emotiva exposición que terminó por conmoverlo a él, al punto que, en cierto momento, usó el vocablo «sublime», en una acepción que sonó exagerada como los pechos de Mónica Farro, al reconocer en Caram la simultánea responsabilidad de legislador y hombre del interior.

Quedaron sin tratar varios asuntos. No lo ocultaré: me traumó la postergación de la Convención para la Protección y Conservación de las Tortugas Marinas. Esperaba que más de un diputado emergiese de inmediato para hablar de este tema.

 

La media hora previa

Luis Rosadilla (Espacio 609) homenajeó Humberto Franco, «El Negro», obrero, ex tupa y amigo recientemente fallecido. Recordó su nacimiento y peripecia vital en Young y su vida de los últimos años en Santa Catalina, Montevideo.

Darío Pérez (Liga Federal Frenteamplista), siempre serio, siempre sentado al fondo, siempre cerca de la puerta de salida, se refirió al conflicto laboral que afecta a trabajadores de una empresa de la recolección de residuos en Maldonado, contratada por la Intendencia. Al alabar a los obreros y su lucha, deslizó sutiles críticas a las autoridades municipales que a nadie sorprendieron. Ruben Martínez Huelmo (Espacio 609), alborotada la canosa cabellera, se puso como loco con el bromuro de potasio, sustancia prohibida pero que se sigue usando en algunos comercios de Montevideo para la elaboración del pan. Si bien elogió la preocupación de la Intendencia y del Ministerio de Salud Pública, exigió más controles y responsabilidad. Jorge Patrone (Asamblea Uruguay) recordó los fallecimientos de Nelly Goitiño y de Eduardo Darnauchans y de ahí saltó –en un complemento discursivo que impresionó por su contorsión– al problema aún no resuelto de la violencia en los espectáculos deportivos. Pablo Pérez (Alianza Progresista), con voz angustiada pero sin ninguna paleta al lado, advirtió acerca de la peligrosa cercanía del mosquito transmisor del dengue. Y Luis Alberto Lacalle Pou (Herrerismo), atronando la sala con un tono de tenor que debuta en el Solís, describió los daños que el último temporal causó en la zona urbana y sobre todo rural de Canelones, y exigió ayuda del Estado a través del Fondo Nacional de la Granja. Como le pareció poco, recordó, ladeando la boca en una suerte de sonrisa irónica, las ausencias de Mujica y Agazzi en las áreas afectadas. *

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