¿Espionaje político entre blancos?
Todo comenzó cuando otro representante blanco, también de Canelones pero de la Alianza Nacional, el diputado Daniel Peña ingresó al correo electrónico personal de Lacalle, copió sus archivos, se los reenvió a su propio correo electrónico y según los relatos que incluso ayer mismo llegaron al cuerpo de seguridad policial del ámbito Legislativo procedió a leerlos uno por uno.
Ayer, la sesión plenaria de la Cámara baja prometía poco interés político. Todo transcurría en la designación de los vicepresidentes del cuerpo y, salvo alguna intervención que otra, el trámite era votar por el representante previamente acordado entre todas las bancadas y eventualmente argumentar el porqué se apoyaba al designado (ver crónica página 9).
En medio de ese tedio, todos los legisladores suelen hacerse un tiempito para atender otros asuntos partidarios. Eso fue lo que hizo el diputado Lacalle Pou.
En determinado momento abandonó la sesión y se trasladó a la oficina donde funciona la bancada nacionalista para revisar su casilla de e-mails en una de las computadoras a la que todos los representantes blancos acceden libre e irrestrictamente.
Pasados unos minutos, las necesidades políticas lo distraen por un momento y Lacalle deja la computadora encendida, olvidándose de cerrar la sesión de su correo electrónico personal. Tras cartón, quien llega a utilizar la misma PC es el diputado Daniel Peña, quien se encontró con toda esa información ajena y personal a su entera disposición y al alcance de su mano.
Fue en ese momento fatal según los relatos que procedió a copiar los archivos y enviárselos a su propia casilla electrónica.
Lo que ignoró Peña es que esa acción de «copiado» y «reenviado» era fácilmente detectable por la eventual víctima, cosa que Lacalle Pou (la víctima) notó horas más tarde cuando volvió a abrir su e-mail y revisar sus mensajes pero esta vez en su despacho del cuarto piso del edificio anexo, ignorando que a esa altura ya habían dejado de ser privados.
En una mezcla rara de sorpresa, confusión y desazón, el diputado herrerista verificó que su correo electrónico había sido violado y sus archivos reenviados hacia la casilla de correo del diputado Daniel Peña. Más rápido que ligero fue hasta el despacho del legislador aliancista para reclamar más que una explicación y allí el escenario no pudo ser peor: encontró a Peña «in fraganti» notando que ya había leído, por lo menos, la mitad de todos los correos personales del damnificado herrerista. Lo que siguió en el despacho de Peña es irreproducible. Lo cierto es que ipso facto se derivó la denuncia a la seguridad policial del Poder Legislativo y, según se pudo saber, no se descarta que en estas horas se accione una demanda penal contra el diputado de Alianza Nacional por Canelones, Daniel Peña, ante, por lo menos, la violación de correspondencia. *
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