Escrito por: ANTONIO PIPPO - DESDE DIPUTADOS
Iniciada la sesión, recordé una frase del diputado Alvaro Vega sobre el corporativismo: “Hay corporativismo en todo. Usted nos ha visto pelear en los debates y tenga la seguridad de que si atacan a uno el cuerpo en pleno lo va a defender”.
¿Explica eso lo que ocurrió?
Ciertamente, había acuerdo para designar a Tabaré Hackenbruch (Foro Batllista) como primer vicepresidente de la Cámara. Esto se hace previamente, así que la unanimidad no debió sorprenderme.
Tampoco debió sorprenderme que Carlos Signorelli (Foro Batllista) le desease “toda la suerte del mundo, porque le sobran responsabilidad y capacidad”. Ni que Guido Machado (Foro Batllista), compuesto como un conde de Yorkshire extraviado en Rivera, dijera que “se ha elegido a uno de nuestros mejores valores, un hombre que es profundamente reconocido en todo el país luego de haber hecho su propio camino”. Ni que Daniel García Pintos (Lista 15) le llamara “Tabarecito”, como si lo untara con margarina, y le dedicase una apología capaz de inducir a una taquicardia.
Luego hubo comentarios menos conmovedores, o quizás me entreveré al ver ingresar a Daisy Tourné (Partido Socialista), para su último acto parlamentario: toda de negro, espléndida, y con un escote cuyo descenso la prudencia detuvo a tiempo.
Pero sí, fue menos conmovedor que Luis Alberto Lacalle (Herrerismo), pese a recordar diferencias que los separaron, reconociera que se fue dando el conocimiento mutuo, el respeto y la comprensión, hasta este reconocimiento final.
O que Daniel Peña (Alianza Nacional) se haya basado, para aprobar a Hackenbruch con entusiasmo, en la posibilidad de pelear, con tantos canarios en cargos relevantes, “por la descentralización de Canelones”.
O que Alberto Perdomo (Alianza Nacional), perpetrando una verbosidad enloquecedora, recordarse que dos calles de Santa Lucía llevan los apellidos del legislador colorado.
O que Jaime Trobo (Herrerista), con su habitual estilo desdeñoso y agrio, confesara que “lo voto con gusto porque es un hombre de apellido largo en la historia política”.
O que, finalmente, el retórico Gustavo Borsari (Herrerismo) pusiera, en su aprobación, inesperado ají picante: “No debe haber sido fácil pasar por el tsunami político que sufrió el Partido Colorado y seguir vivo”.
No me sorprendió Tourné, dama renacentista que tal vez ve a Hackenbruch como un sobrino grande, como un osito de peluche: “Tengo el altísimo agrado de votarlo. Estamos resolviendo un problema de la política: faltan jóvenes en las mayores responsabilidades. Hay un libro no escrito que habla de códigos de respeto y tolerancia. Tabaré los aprendió y los respeta”.
Me pareció simpática la alusión de Pablo Alvarez: “Es de los pocos que comparten el mate y traen yerba cuando falta”. Me pareció seria la reflexión de Roberto Conde (Partido Socialista): “Es un adversario, no un enemigo, porque hay reglas y las acepta. Si da su palabra, cumple”. Me pareció conmovedora la alusión de Luis José Gallo (Asamblea Uruguay): “Lo felicito porque es un gran trabajador, y también a su padre, porque a pesar de haber estado enfrentados nos hemos tenido afecto y respeto”. Y me llenó de estupor Juan Carlos Souza (Espacio 609): “Si hace cuatro años alguien me decía que yo iba a votarlo, decía que estaba loco. Pero, sorpresas te da la vida… Hoy lo he aprendido a conocer y lo voto con gusto”.
Pero quien me llevó al éxtasis luciendo, ¡al fin!, una corbata negra con pequeños arabescos amarillos- fue el presidente Pintado, que sobresalía como un cuadro de El Greco. Recordó su vecindad con los Hackenbruch en Canelones, dio por sentado que Tabaré le daría una gran mano e introdujo una anécdota que sacudió a los presentes: “Cuando el golpe de 1973 yo tenía quince años y estaba en un comité de la 1001, preparando la huelga.
En eso entra Tabaré Hackenbruch y se hace un silencio espantoso. ¡Un hombre de la 15 en un comité comunista! Pero tomó la palabra, ofreció su colaboración y nos instó a seguir en la lucha. Esas cosas marcan”.
Al cierre, Tabarecito agradeció y se comprometió a trabajar con responsabilidad. Lo abrazaron todos, destacándose la intensidad de Tourné, Souza, Pintado y, claro, sus correligionarios.
No sé. Reflexionaré para desentrañar qué pasó. ¿Mi confusión proviene de dificultades neuronales que nunca negué? Bien, ¿pero qué hago con este impulso irrefrenable de votar a Tabarecito yo también?
Ah, lo de Borsari como segundo vicepresidente marchó. No hubo acuerdo previo. Pavada de diferencia. *
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