El Frente Amplio sufrió síntomas propios del ensayo de la ceguera
Corea del Norte vendió el rico patrimonio de los orientales al vil precio de la necesidad (permítaseme una ironía de carnaval). Por 400 millones de dólares y 50 toneladas de combustible pesado Pyongyang aceptó suspender la operación de su principal reactor nuclear, que tenía en vilo a toda Asia.
De inmediato, en Uruguay, la izquierda ortodoxa y fundamentalista salió corriendo a borrar a Corea del Norte del mapa de los países liberados, soberanos y socialistas. Mientras, en nuestro país, llaman a manifestar contra George W. Bush y Tabaré Vázquez, porque resolvieron pescar algunas tarariras en las costas del Río Negro y hablar de negocios.
Este debate, sobre cómo pararse ante la visita de Bush, se dio en medio de un ataque de nervios de la izquierda, donde todos se miraban de reojo. A Leonardo Nicolini lo «renunciaron» mientras que el tema de los casinos municipales, que por cierto hay que investigar y a fondo, mostró que la interna del FA se resuelve a cuchillazos, sin posibilidad de argumentar y con denuncias previas en la prensa. Primero investigo (está bien), después se lo doy a la prensa (está mal) y mucho después (demasiado tarde) te doy el derecho de hacer tus descargos, parece ser la nueva forma de actuar.
El senador Enrique Rubio, recién llegado de su licencia, sintió que el precipicio estaba cerca y resolvió no dar un paso adelante. Por el contrario, puso el grito en el cielo y le explicó a sus compañeros de adentro y de afuera de la Vertiente Artiguista cuál es «La única manera de perder». «Cuando los documentos trascienden antes de que estén terminados y las discusiones se filtran distorsionadas ¡por favor no le echemos la culpa al periodismo, compañeros!», escribió desde la contratapa de LA REPUBLICA, detectando que tanto en el tema casinos como en el de Nicolini se utilizó a la prensa, en los dos casos de derecha, para apoyar determinados procesos internos en el FA, algunas veces justificados.
Debate a distancia
El suplemento del diario El País, » ¿Qué pasa?», realizó el pasado 10 de febrero un buen informe sobre la historia del MLN, pero a la vez una mejor entrevista al dirigente tupamaro Julio Marenales.
«Tenemos un gobierno de clase media. El compañero Tabaré, el compañero Astori son de clase media alta. La clase media alta tiene un pensamiento diferente a los que estamos abajo. No es cuestión de bondad ni maldad. Yo quedé huérfano a los 10 años. Comía fideos con pesto. Si uno vive así, sabe cosas que los demás no», explicó así Marenales las causas de por qué discrepa con la actual política económica del gobierno.
Siguiendo este análisis sobre los componentes de clase que determinan conductas políticas, el viejo guerrillero también apuntó a su interna, diciendo que José Mujica «nunca estuvo bajo el mando de un patrón y que por eso puede hacer una amplia política de alianzas».
«Yo siempre digo que él (José Mujica) acerque gente, que yo les pudro el mate. El Pepe no está ahí porque tiramos una moneda. Hay compañeros que vienen a decirnos que el Pepe se nos volvió burgués. ´No importa, dejálo`, les digo», comentó.
Estas palabras de Marenales tuvieron su respuesta cinco días después, por parte de su compañero del MLN y del MPP, el senador Eleuterio Fernández Huidobro, desde la contratapa de LA REPUBLICA.
El «Ñato», así le dicen al legislador y también viejo guerrillero, con un estilo contenido buscó una respuesta por elevación a aquel análisis de clase, propio de los debates de otra época. Luego de recordar que hay países «donde la cuestión nacional no está resuelta y por ende la alianza de distintas clases resulta estratégicamente imprescindible», encaró el tema de los revolucionarios que no nacieron en cunas obreras.
Recordó que Carlos Marx «jamás fue obrero» y que Federico Engels «era patrón textil como Soloducho pero con una cabeza distinta». Incluso se fue más lejos y habló de destacados anarquistas que fueron «miembros de la aristocrática nobleza» o de Lenin «quien hasta la fecha no se le conoce ningún trabajo».
No dejó afuera al Che «que era médico, de una familia acomodada» y le faltó recordar que Fidel Castro es hijo de terratenientes y que a pesar de ello hizo la reforma agraria. Sobre Tabaré Vázquez, a quien calificó de «nuestro líder», dijo que «es hijo de un obrero industrial y fue asalariado antes y después de ser médico y presidente…».
Para Fernández Huidobro el análisis clasista de Marenales «lleva a que la lucha de clases, además de permanente, debe ser despiadada y sin cuartel, para lo que se debe cultivar muy amorosamente el odio de clase».
«Esta equivocada ideología es la que nos lleva a confundir estrepitosamente la batalla de Stalingrado con un plenario del Frente Amplio o una asamblea de jubilados bancarios con la final de Maracaná». «Por eso andamos siempre de canilleras», alertó, para agregar que esa ideología lleva a «descubrir ideas, que ´por ser de otra clase` deben ser fusiladas al amanecer».
La desconfianza
Estas escaramuzas muestran que hay elementos contradictorios muy fuertes que se procesan nada civilizadamente en la interna del FA, que seguramente responden a concepciones ideológicas muy contrapuestas, que sólo pueden superarse si hay intercambio de ideas y no una guerra de operativos mediáticos con patadas sobre la línea del corner, que las ve todo el estadio.
La fuerza política presenta, a la vez, síntomas de desconfianza que generan intransigencia, por lo menos entre los sectores más militantes y que opacan la transparencia ética de la fuerza política. Un buen ejemplo es el de Pluna, donde primero se puso el grito en el cielo porque para algunos era un negocio por lo menos confuso, después se aceptó y hasta ahora nadie ha dicho nada sobre la habilidad y la inteligencia que tuvieron los ministros Danilo Astori y Víctor Rossi para salvar a la compañía aérea, sin agacharse perdón la nueva ironía al mejor estilo de Corea del Norte.
En las últimas horas, parece ser que muchos recuperaron la capacidad de ver y la tranquilidad ha retomado su lugar en la interna. Pero nadie sabe, como en la novela de Saramago, «El ensayo de la ceguera», cuáles fueron las causas de la epidemia que casi produce la generalizada pérdida de la visión. *
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