Kirchner también tuvo roces con Washington
Por lo pronto, ayer anticipó la postura oficial el jefe de gabinete, Alberto Fernández, subrayando los excelentes vínculos económicos entre los dos países, sentido que ratifica un viaje a Caracas del influyente ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, para abrochar nuevos acuerdos. Venezuela adquirió otra vez bonos argentinos en un momento oportuno: cotizan a la baja por los embrollos sobre el manejo del índice de precios.
Ayer Kirchner reaccionó con dureza ante la noticia de que el embajador norteamericano, Earl Wayne, un meterete al mejor estilo de otros tiempos, planteó inquietud por supuestas interferencias en la venta a un grupo estadounidense de la empresa Transener (redes de tensión). Ocurre que esa compra la pretendía un grupo de inversión cuyo capital se desconoce.
Kirchner señaló que en el Ejecutivo no se va a «aceptar apuro de ninguna naturaleza» y que la decisión que se tome será «con la soberanía que corresponde». «Me parece una falta de respeto. Argentina no es una republiqueta. A nosotros no nos van a correr para tomar una decisión nacional. Este gobierno tomará una decisión con la soberanía que le corresponde. No vamos a aceptar apuro de ninguna naturaleza», afirmó Kirchner ayer. Según trascendidos, el gobierno no aprobaría la operación de venta, lo que abre las puertas a la transferencia de esa empresa a la estatal Enarsa y un grupo privado local.
Hace pocas horas pasó el secretario de Justicia norteamericano, Alberto González, considerado el ideólogo de las torturas a los prisioneros en Guantánamo. Kirchner no lo recibió pero sí los funcionarios del área judicial. La orden fue «esconderlo», cuentan en el oficialismo. No lo entendieron así las entidades judías que trasladaron sus deseos para que Interpol acelere el pedido de extradición de ex funcionarios iraníes acusados por un fiscal argentino de planificar y perpetrar el atentado contra la mutual judeo-argentina AMIA.
Organizaciones defensoras de derechos humanos repudiaron la visita de González, que para ellos es el responsable de las vejaciones contra prisioneros, partidario de la política de desapariciones. González es el inventor de la figura del «combatiente enemigo», para quien no corren las disposiciones de la Convención de Ginebra. Pedirle justicia a quien las viola es mentar la soga en casa del ahorcado. Ya se sabe que en las prisiones de Guantánamo y Abu Ghraib hubo vía libre para las golpizas, las humillaciones sexuales, amedrentar con perros rabiosos y demás lindezas consideradas «crueles e inhumanas» por la Cruz Roja Internacional.
Chávez, en la mira
Los funcionarios norteamericanos nombrados serán recibidos por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y en entrevistas separadas por el canciller Jorge Taiana y por el ministro de Planificación, Julio De Vido. Si Kirchner lo verá o no es materia de especulaciones. Depende de cómo haya sido la charla con Fernández, con despacho al lado de su jefe.
No es un dato menor que esta visita se produce en medio de la noticia de que George W. Bush visitará Uruguay el mes próximo para firmar convenios comerciales bilaterales y no vendrá a la Argentina. Para sectores opositores es un «gesto de castigo», sobre todo por la relación con Chávez. Sin embargo, en el oficialismo creen que es un alivio para Kirchner que el habitante de la Casa Blanca deje de lado Buenos Aires en su gira.
¿A qué vienen Burns y Shannon? Según «La Nación» a 1) «escuchar qué dice el gobierno sobre el régimen del presidente de Venezuela y su proyecto de «socialismo del siglo XXI» : nacionalización de empresas, superpoderes, mala relación con la comunidad judía y alianza nuclear con Irán. 2) Demostrar interés en que la Argentina no se embarque en el proyecto ideológico de Chávez, más allá de los negocios con la energía.
3) Evaluar si Kirchner los recibe.
No es un secreto, y Caracas conoce, que el gobierno argentino no comparte aspectos del rumbo del gobierno de Chávez, sobre todo no saben por qué, con mayoría absoluta en el Congreso, ha reclamado poderes especiales. Cayó mal además la rememoración del golpe de Estado que desbrozó el camino al coronel.
Pero del mismo modo, dicen voces que saben, no modificarán los buenos negocios bilaterales ni aislarán a Venezuela del Mercosur, un creciente reclamo de países europeos. Es por ello que hace dos días se confirmó que Kirchner visitará Venezuela el 21 del mes actual para asistir en Puerto Ordaz junto a Chávez a la perforación del primer pozo entre Enarsa y Pdvsa, petrolera venezolana, como parte del acuerdo de exploración conjunta en la cuenca del Orinoco.
Si allí se habla de otros asuntos, se verá.
En la Rosada se espera que los funcionarios norteamericanos expresen sus visiones sobre el «populismo», sayo que le caería a Venezuela, Bolivia y Ecuador (y en ciertos círculos del norte a Kirchner), por la seguridad para las inversiones; y la siempre fijación sobre la Triple Frontera. *
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