Antonio Vadell, director del PUR: una apuesta a lo colectivo

­Ustedes han definido como uno de sus objetivos revertir la distribución de ingresos hacia la interna de las cadenas productivas, sobre todo ayudando a los productores a agruparse para defender sus intereses. ¿Cómo lo están haciendo y cuáles son los pasos a seguir?

­En primer lugar, fomentamos la agrupación porque las experiencias de proyectos de ayuda para el desarrollo rural anteriores nos llevaron a la siguiente conclusión: los gastos realizados en los pequeños emprendimientos individuales terminan en el fracaso y no así, los colectivos. Esto es así porque hay una especie de jerarquización de la fuerza al ser un colectivo organizado. Por ello, nosotros intentamos generar un ambiente que facilite la agrupación de los productores pobres, como paso inicial en un proceso más ambicioso que va a tender a mejorar la renta de los mismos.

Es importante aclarar que las agrupaciones las logra la gente, nosotros sólo facilitamos las herramientas para que eso se de. En algunos casos, lo hacemos pagando un técnico social que sirva de vínculo para hacer una síntesis de lo que precisa ese grupo. A partir de esos diagnósticos desarrollamos planes productivos agropecuarios que tendrán objetivos distintos según lo que se planifique.

De todas formas, el fin último de todos los planes es combatir la tendencia del mercado capitalista que daña al más pequeño y concentra la riqueza en los más grandes. La combatimos uniendo a los productores, logrando que no sean sólo tomadores de precios de materia prima, al generar su participación integral en las cadenas de producción.

 

­¿Cómo se logra esa participación integral?

­Hay varios tipos de cadenas, que normalmente se diferencian entre cortas y largas. Las cortas casi no tienen valor agregado, sin embargo, hay otros productos que necesariamente implican procesos que agregan valor. Estos son los que más nos interesan porque son generadores de fuentes de trabajo.

Uno de ellos es el tomate industria, con el cual ya hicimos una experiencia en Canelones. Antes los productores vendían las planchas de tomate en las porteras de sus predios; nosotros les propusimos que se organizaran para las ventas y lo hicieron, obteniendo buenos precios al negociar directamente con la industria. En una segunda etapa del proyecto, se les propuso que en vez de venderle tomate a la industria le pagaran a la misma por elaborarlo, de forma que el producto final siguiera estando en manos de ellos. Así lo hicieron, con un préstamo que nosotros les facilitamos y que ya han devuelto.

Lo que pretendemos es seguir implementando programas como éste, que permitan a los distintos eslabones de la cadena organizarse, defenderse y respetarse mutuamente. Queremos dejar clara la idea de que el enemigo no es un eslabón contra otro de la cadena, sino que el enemigo real, en el caso del tomate, es el que viene subsidiado del exterior, a precios con los cuales no podemos competir.

Es por eso que estamos tratando de asociar a los pequeños productores a la cadena para que luego la ganancia sea repartida justamente entre todos los protagonistas.

 

­Me imagino que esto implica trabajar también con el resto de los eslabones de la cadena. ¿Es así?

­Sí. De hecho, en esta experiencia que te comentaba estuvimos hablando y negociando con una empresa de tomates. Y ahora estamos conversando con dos empresas de la industria chacinera, una en Minas y otra en Melo, para llevar adelante el Plan Porcino.

 

­¿Qué pasa con las personas pobres del medio rural que no son actualmente productores ni trabajadores? Seguramente deben de encontrarse con gente que está en la ruina y ya ha bajado los brazos, ¿no?

­Sí, de hecho son muy comunes esos casos. Hay un deterioro cultural importante en muchas familias del campo que las lleva a bajar los brazos. Ante esto lo primero importante de resaltar es que estas situaciones requieren profesionales del área social, de ahí la incorporación.

Lo que nosotros hacemos frente a estas situaciones es, primero, generar un nivel de confianza entre las familias y los técnicos, para luego, una vez que avance ese proceso intentar buscar juntos los caminos de salida a esa situación que pueden ser muy variados. Puede ser, por ejemplo, facilitar el acceso a un médico o ayudarlos a mejorar su hábitat.

A partir de allí y con la ayuda de otros agentes del medio rural intentamos integrarlos para que encuentren salidas junto a otras personas en similares condiciones. Es así que en pocos días vamos a estar reabriendo una escuela rural que estaba cerrada, como centro social en manos de una comunidad organizada de Rocha, porque los pequeños productores de esa zona así lo solicitaron.

 

­¿Se puede decir entonces que la salida a la pobreza rural extrema también está en la integración?

­Absolutamente. *

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