"Esto es sólo un comienzo"

LA REPUBLICA viajó a San Jacinto, Canelones, a conversar con los beneficiarios del programa Uruguay Rural, que en la zona opera por intermedio de Coprone (Cooperativa de Productores del Noreste de Canelones) cuya sede es la Sociedad de Fomento Rural local

El primer contacto con la realidad del lugar fue a través del presidente de Coprone, Daniel Ponce de León, quien recibió a LA REPUBLICA en la Sociedad de Fomento Rural de San Jacinto. Daniel tiene 62 años y hace unos 8 años que se mudó al campo con su mujer «por una cuestión de calidad de vida». Desde entonces, se ha convertido en una especie de referente local, muy querido y admirado por los pobladores de la zona, según pudo comprobar LA REPUBLICA luego de una recorrida por el lugar.

Daniel contó que hasta 2005 las sociedades de fomento de la zona estaban cerradas hasta que un grupo de gente empezó a movilizarse «para tratar de reflotar algo». Para ello se iniciaron conversaciones con distintas entidades hasta que se logró instaurar un plan de tomate perita con el apoyo de Uruguay Rural y la Intendencia de Canelones. En los inicios eran 52 productores que plantaron 35 hás de tomate y luego lo llevaron a una fábrica para que lo procesaran. Se obtuvieron 820.000 kg de tomate de los cuales 640.000 se hizo extracto y el resto se vendió. Este año se hicieron diversos convenios con industrias, participaron 88 productores y se plantaron 70 hás de las que se espera obtener aproximadamente 1.400.000 kg «mientras que la seca no apriete».

Según dijo Ponce De León, a mitad de año también se hizo un plan cebolla, por el cual se plantaron más de 20 hás y se obtuvieron entre 400 y 500 mil kg de producto. Actualmente se está estudiando los mercados para la colocación.

El presidente señaló que las diversas instituciones de la zona (agrupadas en la mesa de desarrollo rural) están intentando coordinarse para generar un programa de desarrollo para el norte de Canelones que incluiría nuevos planes vinculados a los cerdos, el sorgo dulce y la remolacha azucarera.

El apoyo que tuvieron de Uruguay Rural fue financiero y consistió en un fondo rotatorio y microcapitalizaciones que se reintegraron (pero que quedaron como donación a la cooperativa) por un monto total de aproximadamente 45.000 dólares. Ponce De León dijo que este dinero permitió financiar parte de la inversión inicial del plan tomate, lo que es de suma importancia, ya que los productores no podían haber accedido a un préstamo de tal magnitud por ningún otro medio.

 

Los productores

Posteriormente LA REPUBLICA dialogó en sus predios con tres de los productores que ingresaron a estos planes.

La primera casa visitada fue la de Juan Pittamiglio, un hombre canoso de 54 años que se mostró muy hospitalario aunque estaba un tanto nervioso por la visita de la prensa. Juan vive con su familia (su señora, su hijo menor y su mamá) en una casa bastante precaria, con partes de la construcción hechas de chapa. Contó que desde siempre vivió en el campo y le encanta la vida allí a pesar del enorme sacrificio que requiere. En su campo de 5 hás cosecha, con ayuda de su señora, boniato, cebolla y tomate. Está muy contento con el plan «porque da muchas facilidades para trabajar»: da pequeños créditos a pagar con tomate y ha mejorado las condiciones de los caminos. Resaltó el transparente manejo de los fondos de la cooperativa y los beneficios de trabajar en equipo: «Al ser cantidad se pueden ir a discutir los precios», dijo. A su criterio el plan está generando mejores condiciones para los productores: «para el que tenga ganas de trabajar está lindo», concluyó.

Bruno Falero, de 54 años, un productor vecino de Juan (ubicado más de un km aproximadamente) también contó su visión del plan. Para él, lo principal son los créditos que se pueden pagar con cosecha, gracias a lo que pudo implemantar un sistema de riego (lo cual es muy importante para la zona dado que no hay agua corriente). Por otro lado, se manifestó bastante desconforme con los precios obtenidos, ya que para él «siguen siendo muy bajos», lo que obliga a sus hijos a tener que salir a hacer «changas» por la zona porque sino el dinero no da. Parecía estar cansado por el sacrificio que involucra la vida allí, aunque dispuesto a seguir luchándola sumándose a nuevos emprendimientos como éste. Por último, LA REPUBLICA conversó con Oscar Hernández, de 48 años, que vive en su predio de 6,5 hás junto a su señora y sus dos hijos. Allí planta cebolla, tomate y boniatos y cuida de los animales que tiene (un chancho, una vaca y gallinas). Comercializa el tomate y la cebolla por el plan y el boniato lo vende en el Mercado Modelo. El resto lo usa para el consumo interno. Según dijo, casi el 60% de lo que consume su familia lo generan ellos mismos, lo cual los ha salvado del hambre en los períodos malos «cuando no hay ni un peso».

En cuanto al plan, señaló que lo más importante es tener asegurada la colocación de la mercadería. Asimismo, destacó lo bueno de los préstamos, en los que no entró este año porque se enteró tarde.

Oscar contó de las dificultades de la vida en el campo pero resaltó que lo que más le preocupa es la imposibilidad de que sus hijos continúen estudiando. Su hija mayor terminó 6º año en el liceo de San Jacinto y ahora no sabe qué va a hacer: está viendo todas las aternativas pero «está difícil». Esta preocupación fue también mencionada por otro de los productores. Lo cierto es que los nuevos planes empezaron a dar ayudas, pero como dijo Daniel De León durante la conversación: «Esto es sólo un comienzo». *

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